13 de agosto de 2022 5:02 hs

Fue un hondazo. Como si en el medio de la fiesta se apagara la música y se prendieran las luces. Tras 10 intensos días de euforia, ruido mediático, redes explotadas, con la camiseta de Nacional recorriendo los medios del mundo y vendiéndose de a miles, la aventura internacional de los tricolores y Luis Suárez se cortó de forma abrupta el martes, cuando Atlético Goianiense se impuso 3-0 en el partido de vuelta (4-0 en el global) para eliminarlo en los cuartos de final de la Copa Sudamericana. Con eso, apenas de movida, se tachó uno de los objetivos que el 9 había propuesto durante la multitudinaria recepción en el Parque Central: Clausura, Uruguayo, Copa Uruguay y Sudamericana.

En la eliminación Nacional tiene mucho que reprocharse. No solo desde lo futbolístico, en una serie en la que fue muy superior en el partido de ida (pero se fue abajo 1-0) y en la que no estuvo a la altura en el partido de vuelta, cuando no supo cómo aprovechar mejor a Suárez: el DT Pablo Repetto lo puso en el segundo tiempo (algo negociado entre ambos), pero a esta altura perdían 0-2 y la suerte de la serie estaba casi echada. Seguramente donde se puede reprochar más al club es desde la planificación, y desde lo mental, ya que el primer partido lo disputó en un estado de excitación que dejó al rival en un completo segundo plano. Y así, el rudimentario Goianiense, que marcha en las últimas posiciones del Brasileirao y encima cuidó jugadores porque su objetivo era salvarse del descenso, lo terminó superando con llamativa facilidad.

Suárez se enfrenta ahora al desafío de proseguir su preparación al Mundial sin actividad internacional, un verdadero dolor de cabeza teniendo en cuenta que es su última gran oportunidad con la selección. El objetivo es que el cariño local y la alegría de la familia por estar en el país sirvan como combustible emocional que disimule la competencia de calidad que le va a faltar.

Por su parte, Nacional se enfrenta ahora al desafío de ver cómo mantiene la euforia por Suárez ya sin la zanahoria internacional. Lo decía el presidente José Fuentes antes del partido con Goianiense: “Espero que el efecto Suárez no sea solo ‘me hice socio y después me borro’”. Seguro habrá un porcentaje de esos hinchas que ya no seguirá con la misma intensidad cada movimiento del 9 y del club, pero el desafío es mantener a la mayor parte, porque además de amor al club esto es un negocio en el que ambos son socios.

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Es una bajada a tierra brusca, además, a la propia idea de traer a Suárez como forma de pensar más allá y plantearse objetivos más grandes que los pobres y mediocres a los que está acostumbrado el fútbol uruguayo. No creo que ese objetivo sea imposible: pero no alcanza con Suárez, sobre todo con el de este tramo final de su carrera, y que, al menos en esta etapa, recién salido de la pretemporada hecha de forma individual, no está para jugar 90 minutos. 

Para que los equipos uruguayos puedan triunfar afuera se necesita esa actitud, pero también bastante más que un Suárez. O por lo menos, que lo de Suárez sea una patriada aislada. Se necesita, primero, una forma diferente de pensar de los equipos grandes, a los que les obsesione más lograr una copa internacional que impedir un tricampeonato del rival, como ha sido la realidad en los últimos años. Se necesitan gestiones menos pensadas en el cortoplacismo y más centradas en acumular poderío para intentar los objetivos en una ventana de oportunidad clara en la que puedan abrir la billetera y gastar. Porque como no existen las billeteras de los grandes de Argentina o Brasil, no se puede gastar ilimitadamente, pero sí se puede elegir bien cuándo hacerlo.

Se necesita, también, un modelo de negocio que saque al fútbol uruguayo del fondo de la tabla de las ligas más pobres de la región. Lo cual tiene su correlato casi directo, salvo alguna honrosa excepción como Paraguay, con la de la tabla de entradas a semifinales o finales de copas internacionales en los últimos años. Por ejemplo, mientras Paraguay metió 12 semifinalistas en Copa Libertadores desde 1990 hasta el presente, Uruguay apenas metió tres. Es cierto que es el mercado más chico, pero también uno de los que genera más estrellas mundiales. 

Todo eso está hoy en plena discusión, cuando la AUF se plantea que el nuevo contrato de televisión le asegure más dinero a los clubes. Más allá del discurso, el Ejecutivo de la Asociación aún debe demostrar que efectivamente, sea por la forma de repartir el dinero que genera la televisación local, sea generando más ingresos por la televisación internacional o nuevos ingresos comerciales, esa meta es posible. Es imprescindible, pero si no viene acompañada del cambio cultural de los grandes, los equipos uruguayos seguirán navegando en la mediocridad. Aun con Luis Suárez.

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