"¡No lo puedo creer!” decía por celular en un español con indisimulable acento alemán el hombre mientras la gente se paraba para gritar. Caía el cuarto gol, el segundo de Toni Kroos. Iban apenas 26’ del primer tiempo y la nota del evento ya no eran los goles o la sorpresa del embajador, sino la única niña que se había animado a llevar una banderita de Brasil. Seguramente sus padres, con nacionalidad compartida, aprovecharon para ir a ver el partido en pantalla grande de la sala de actos de la embajada. El llanto de la niña tras el quinto gol, el de Khedira, no impedía que soltara la bandera de “Ordem e progresso”.
Paseo alemán en Montevideo
Los seguidores de los germanos festejaron con moderación la conquista histórica