8 de julio 2014 - 22:24hs

"¡No lo puedo creer!” decía por celular en un español con indisimulable acento alemán el hombre mientras la gente se paraba para gritar. Caía el cuarto gol, el segundo de Toni Kroos. Iban apenas 26’ del primer tiempo y la nota del evento ya no eran los goles o la sorpresa del embajador, sino la única niña que se había animado a llevar una banderita de Brasil. Seguramente sus padres, con nacionalidad compartida, aprovecharon para ir a ver el partido en pantalla grande de la sala de actos de la embajada. El llanto de la niña tras el quinto gol, el de Khedira, no impedía que soltara la bandera de “Ordem e progresso”.

A los pocos minutos, la nena ya jugaba y correteaba con otros chicos, muchos de ellos con camisetas de la selección alemana y de Borussia Dortmund. No había algarabía desmedida: los alemanes parecen no especialmente confiados en ganar pero sí seguros y sobre todo acostumbrados a que todo puede pasar, sobre todo y muy especialmente en su caso, ganar por destrozo. Acá nada es casualidad.

Ya en partidos anteriores, la embajada espera a quienes se acerquen a ver el partido con banderitas, inflables, cerveza alemana y también uruguaya, snacks y mesas con pizza o alguna otra cosa para comer. Ahí se encontraban los que jugaban de local, la niña que hinchaba por Brasil, uruguayos amigos o simpatizantes con la causa de Joachim Löw y su plantel, mexicanos y de otras nacionalidades, seguramente también cercanos de algún u otro modo a Alemania. Hubo alguna queja o risa cuando el relator de TV decía que la pelota la tenía “Shentaiguer” o que “Moler” era una de las figuras del mundial, y compadecimiento por los hinchas brasileños en el estadio aunque con carcajadas incrédulas de por medio: el partido ya iba 6-0.

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Hecha la media docena y con la Mannschaft de contra, más y más voces pidieron el séptimo. “¿Cómo se dice “baile” en alemán?”, preguntó el periodista. “Lo más cerca es “tanz” pero a nivel semántico no tiene nada que ver con el término que estás buscando”, respondió el uruguayo-alemán. Tampoco hubo cómo saber cómo se decía “paliza” porque justo ahí llegó el séptimo y los presentes volvieron a gritar y a pararse, mientras sonaba una trompeta de esas que se llevan a los estadios. Cayó el gol (golazo) de Schürrle y ya no había mucho más para pedir. Ni goles, ni palabras en alemán. Y a diferencia del golero Neuer, nadie se quejó del gol de descuento.

El partido terminaba. Llegó la televisión y el embajador tuvo la oportunidad de hablar a las cámaras tras el partido con la media hora más espectacular de la historia de los mundiales. Las cervezas alemanas se habían acabado hacía rato, pero quedaba Pilsen y varios de los aún presentes se tomaban un vaso más y comentaban mientras la gente se iba de la embajada. Frente al portón de la calle Cumparsita, un uruguayo simpatizante (¿o anti Brasil?) tocó varios bocinazos a dos chicos que salían gritando el “¡Deutschland! ¡Deutschland!” y agitando sus tubos inflables de color negro, rojo y amarillo. El domingo habrá más hinchas, más cámaras y hasta quizá –solo quizá– algún que otro nervio.

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