17 de septiembre de 2011 19:34 hs

Las autoridades de gobierno confían en que los motores de la economía uruguaya se alternen en lo que resta del año para mantener un clima de bonanza, como para cerrar 2011 con un crecimiento fuerte y comenzar el verano con una temporada turística exitosa. No siempre se trata de los mismos motores y la alternancia de unos y otros permite seguir avanzando, responden confiados en la sede del Ministerio del área y también en la Casa de Gobierno.

Admiten que hay alteraciones en las exportaciones aunque relativizan la preocupación de empresarios por el estancamiento o la retracción de volumen vendido, y lo adjudican principalmente a un fenómeno específico del sector ganadero y frigorífico.

Y confían en que el motor del consumo privado siga determinando el movimiento económico firme, que la inversión estatal comience a empujar más de lo que estaba haciendo –a la espera de la ejecución de nuevos planes fijados en el presupuesto quinquenal– y que la inversión privada se mantenga con fuerza.

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El dato del Producto Bruto Interno de abril-junio cayó como un balde de agua fría en las consultoras privadas que proyectaban un crecimiento más cercano a 7% que a 6%, pero el gobierno destaca que su estimación era de 6%, más realista que la de los economistas que asesoran empresas, y que no hay motivo alguno para revisar esa tasa a la baja.

El PBI creció 0,48% en el segundo trimestre respecto al período anterior (enero-marzo),
según la medición de volumen físico y desestacionalizado para evitar distorsiones por época del año. Esa tasa fue la menor desde inicios de 2009 cuando la economía uruguaya sufrió el impacto de la crisis estadounidense que había estallado en meses anteriores y golpeó sobre el final de 2008.

La desaceleración fue entonces más fuerte y más temprano de lo esperado. Para abril-junio se aguardaba una tasa de crecimiento menor a la de enero-marzo pero sin tanto freno.

Mientras que 2010 había cerrado con un crecimiento del PBI de 8,5%, el verano pasado, comparado con un año atrás, había arrojado un ritmo de crecimiento anual de 6,6%, pero esa tasa se redujo a 4,8% en el otoño.

La producción local es resultado de la demanda existente, la que a su vez depende de varios factores. La demanda externa está determinada por la situación de los países destinos de los productos uruguayos y de los flujos de servicios, mientras que la interna depende del empuje del sector privado, por consumo de familias y de empresas y por inversión (tanto en máquinas como en acumulación de stocks y construcción), y del Estado (tanto en gasto del gobierno como en inversión pública).

Y esos factores de demanda, o visto de otra forma, motores de la producción, se alternan en determinar la velocidad del vehículo que simboliza la economía uruguaya.

En el gobierno aseguran que los proyectos de inversión privada que están en carpeta no presentan obstáculos para que se ejecuten y así lo harán en lo que resta del año, como también en los primeros meses del próximo año. Dicen que son planes que no están sujetos a los vaivenes de los mercados porque apuntan al largo plazo y eso es generador de empleos y demanda muchos productos locales.
Sobre el factor “gasto público” dicen que no tendrá un dinamismo fundamental porque hay instrucciones de cautela fiscal para no generar exposición preocupante, pero que tampoco habrá retracción por recortes.

Acerca de la inversión estatal, en el gobierno sostienen que la demora no ha sido por especulación sobre el momento de ejecutar planes, sino por dificultades internas en algunas áreas, lo que ha comenzado a ser solucionado y eso se notará en la demanda doméstica. Como ejemplo indican el acuerdo entre las autoridades de la enseñanza y la Corporación Nacional para el Desarrollo.

El consumo privado sigue fuerte y eso lo demuestran con datos de la recaudación tributaria y los indicadores de ingreso familiar. El salario real se incrementó 2,4% en enero-marzo y 2,7% en abril-junio; mientras que para los privados hubo un nuevo aumento en julio. El ingreso familiar había crecido 6,7% en términos reales en el primer semestre, contra igual período del año anterior, y al inicio de la segunda mitad de 2011 creció más de 3%. El dato de julio muestra continuidad del crecimiento de poder de compra de las familias, lo que sumado a un acceso al crédito favorecido por una amplia oferta, determina un consumo firme para esta primavera.

Las exportaciones habían tenido algunos datos inquietantes en mayo y junio, pero julio y agosto dieron aumento de ventas al interior. Claro que eso fue en dólares y no en volumen físico, porque es ahí donde se percibe una retracción.

En el gobierno admiten que eso es fruto de más de una causa. Por un lado, problemas de oferta disponible para colocar algún producto, como la carne; por otro lado, retracción en los mercados extranjeros afectados por la crisis internacional y, además, el efecto de las trabas de Argentina para el ingreso a su plaza.

Aunque el presidente José Mujica reconoció esta semana que hay problemas en el Mercosur (fundamentalmente con Argentina) y que se debe buscar una vía para superar trabas (le costó admitir que existían obstáculos al libre comercio acordado), en el propio gobierno admiten que ante las trampas del gobierno de Cristina Fernández, hay muy poco para hacer.

El tercer trimestre está jugado, prácticamente terminando. Las perspectivas para el último trimestre del año aparecen jaqueadas en parte por un contexto externo que no es tan favorable. Ahora se asume un tiempo de desaceleración, que no terminó ni en junio ni en este setiembre, sino que sigue. Por eso el gobierno dice que la economía crecerá 4% o poco más el año que viene.

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