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23 de junio de 2011 1:27 hs

"El martes a las cuatro de la tarde compramos el pasaje y nos vinimos. No tenemos entrada, no tenemos pasaje de regreso ni hotel, pero estamos acá acompañando a Peñarol”, dice uno de los hinchas menos radicales que espera en las afuera del hotel Tívoli, donde Peñarol permaneció durante su estadía en San Pablo para jugar la final de la Copa Santander Libertadores. Al costado, un hombre uruguayo entrado en los 50 años y su hija de 16 nacida en Estados Unidos, ella con la camiseta de Peñarol, confiesan con orgullo que llegaron especialmente desde Estados Unidos para ver al aurinegro. Y los estudiantes de Ciencias Económicas que abandonaron su viaje en Dubai para asistir a la final. También anda ahí dando vueltas Edgardo Kogan, el técnico de básquetbol, que viene con una barra de seis que cuentan con orgullo que acompañaron a Peñarol en todos los partidos que jugó por la Copa 2011. Quieren empezar a contar anécdotas y se suma otra barra de amigos. Y ahí va Marcel Novick, el volante de Rampla Juniors, que llegó con su padre para disfrutar la finalísima de los aurinegros en un acontecimiento histórico.

Con ese espíritu aventurero, alimentado por la irracionalidad de la pasión, los hinchas de Peñarol volvieron a mostrar su costado más fiel. Como en la noche que debutaron con Liga de Quito en el Estadio Centenario, o cuando inauguraron la bandera gigante ante Independiente. Igual que ante Godoy Cruz, Inter, Universidad Católica, Vélez Sarsfield y este miércoles en el Pacaembú en la finalísima del torneo continental.

Peñarol construyó a lo largo de la Copa esa mística, la misma que los futbolistas desplegaron en la cancha, y que le permitieron ganarse el respeto de toda América. Por fútbol y por el peso de la tribuna.

No es casualidad que siete de las mejores concurrencias en la Copa fueron protagonizadas por los hinchas de Peñarol. De local o de visitante, porque cuando los aurinegros jugaron en Porto Alegre ante el campeón de América llevaron más de 5.000 personas. Y en Argentina coparon el Obelisco las dos veces y, especialmente en la revancha con Vélez, llevaron 10 mil personas que hicieron sentir al equipo de Diego Aguirre local en el Amalfitani.

Ese cóctel de pasión llevó a los hinchas a protagonizar las patriadas más increíbles. “No sé cómo voy a entrar, voy a dejar mi vida por los colores de Peñarol. Peñarooooooool”, gritó un fanático, que llegó sin entrada, a la cámara del fotógrafo de El Observador que registraba las imágenes de la locura desenfrenada de un hincha que dijo haber llegado desde Montevideo en ómnibus.

Las expresiones más puras de pasión y las demostraciones más cristalinas de fidelidad hicieron que Peñarol brindara la imagen más auténtica de amor por una camiseta, y la tribuna tuvo su recompensa.

60.000
Personas. Fueron las que vieron a Peñarol en casi todos sus partidos jugados como local en esta Copa Libertadores.

2.450
Entradas. El acuerdo al que llegaron ambos clubes para las finales fue el intercambio de 2.450 boletos para sus hinchas.

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