Peñarol perdió más que tres puntos de local contra Liverpool en partido correspondiente a la octava fecha del Torneo Clausura. El equipo cedió el liderazgo de la clasificación, vio reducida significativamente su ventaja en la Tabla Anual y a una semana de visitar a Nacional en el Gran Parque Central dio una exhibición futbolística enclenque y a la vez proyectó sobre el campo de juego una imagen anímica de ser un equipo plagado de nervios e inseguridades.
Luego de hilvanar cinco triunfos consecutivos, Peñarol jugó mal porque se encontró contra un señor equipo. Porque Liverpool es junto con Defensor Sporting el cuadro con mejor línea de juego en el medio local, pero se diferencia de los violetas por el hecho de que es un conjunto que se crece ante los panoramas de adversidad o ante los retos futbolísticos más severos.
El equipo de Jorge Bava ganó en el Campeón del Siglo con un master class defensivo que redujo a Peñarol a una mínima expresión.
Federico Gutiérrez
Jorge Bava le dio una paliza táctica a Darío Rodríguez
El aurinegro fue incapaz de generar una sola opción de gol en los 104 minutos que duró el juego. ¡Ni una!
Y eso se debió a que Liverpool defendió como los dioses después de encontrarse con un gol llovido en un centro largo -en jugada iniciada por una mala entrega de Valentín Rodríguez- y un descuido defensivo de Léo Coelho al que Thiago Vecino le ganó la espaldas para cabecear con destino de red.
Después de esa conquista, el equipo redobló sus esfuerzos por limitar a Peñarol.
Le cerró el camino por las bandas. Lo obligó a ir por el centro. Y lo hizo estrellarse con un murallón conformado por centrales férreos y volantes aguerridos.
Cuando Peñarol apostó a sumar otro centrodelantero (José Neris), Bava reaccionó inmediatamente y pasó a defender con tres centrales cerrando a Federico Pereira para sumar a Facundo Perdomo al lateral.
El equipo esperó pacientemente en un bloque defensivo bajo hasta que los espacios se abrieron a partir de la salida de Maximiliano Olivera -otra vez de flojo partido- y el ingreso de Carlos Sánchez.
Ahí llegó un segundo gol anulado por intervención del VAR por un reingreso sin autorización de Marcelo Meli -eso sancionó Andrés Matonte tras chequear la jugada en el VAR- y un par de chances claras desperdiciadas por Ruben Bentancourt.
Se jugaron 11 minutos de tiempo agregado que solo sirvieron para saber si Liverpool ganaba 1-0 o 2-0 porque Peñarol se estrelló no solo contra la pétrea defensa negriazul sino contra sus propias limitaciones.
Con la presencia en ataque Matías Arezo, la capacidad de generación de Sebastián Rodríguez y el ritmo que propone Franco "Cepillo" González, cuesta creer cómo este equipo de Peñarol fue capaz de jugar en tan pésima forma.
Y no solo fue por lo bien que se le plantó el rival. Sino también porque a este equipo le faltan horas de vuelo en explorar y explotar las riquezas de sus jugadores.
Y también porque a pesar de la racha positiva en la que venía, curiosamente, Peñarol fue un saco de nervios.
Federico Gutiérrez
Varias veces los jugadores se enredaron en discusciones
Ansioso a la hora de jugar. Tenso a la hora de posicionarse en campo rival, y por ende, impreciso. Y nervioso para llevar el pulso del juego.
Todo eso hizo que a partir del último cambio de Darío (Sánchez por Olivera que de lateral había pasado a marcador central) estallara el caos.
Arezo terminó de cinco lanzando pelotazos de 50 metros que favorecieron a los Pereira, Izquierdo e Ignacio Rodríguez.
Coelho -el mejor defensa hasta que Bentancoourt lo superara claramente en el uno contra uno en el cierre- terminó jugando de 9.
Rodríguez y el Cepillo terminaron mendigando segundas pelotas porque el equipo decidió saltearse el medio para jugar directo. Y Peñarol terminó siendo un pescador sin carnada.
Liverpool lo tuvo a su merced. No lo liquidó (porque Guillermo De Amores fue el mejor de Peñarol), pero le ganó y le arrebató el liderazgo.
Y le regaló un espejo en el que mirarse a Nacional que ahora sabe que aquellas fortalezas de Peñarol estaban construidas sobre triunfos a equipos débiles, y que el aurinegro no se sabe ganador de antemano porque detrás de su fachada de tipo exitoso y ganador hay un manojo de inseguridades.
A Peñarol solo le queda demostrar ahora que Nacional no está a la altura de Liverpool y que -por su línea de juego y no por su grandeza histórica, componente esencial de todo clásico- es clasificable como otro equipo débil y ganable en este torneo.
Federico Gutiérrez
El festejo de Liverpool por un segundo gol que fue anulado