Ya queda menos. No deja de ser un alivio. En términos de calidad del debate público vamos de mal en peor. La campaña ha ido perdiendo en brillo, argumentos y respeto mutuo y ganando (es un decir) en ruido, chicanas y calumnias. Por suerte el domingo próximo la ciudadanía podrá expresar con toda libertad su voluntad. Llegará, así, a su fin el segundo tramo de la elección presidencial, que tuvo en la primaria su primera estación. Se sabe que ningún partido obtendrá la mayoría exigida para investir al nuevo presidente y que, por tanto, será necesario estirar la campaña electoral un mes más. La información de opinión pública sugiere que Daniel Martínez (Frente Amplio) y Luis Lacalle Pou (Partido Nacional) disputarán el balotaje en noviembre. Hay que hacer un enorme esfuerzo para imaginar otra posibilidad. El pronunciamiento soberano permitirá despejar otras incógnitas muy relevantes. Veamos algunas.
Me parece evidente que el Frente Amplio terminará perdiendo terreno respecto a 2014.Ya no hay el clima de optimismo económico de la primera década de la Era Progresista. Además, ni el presidente Vázquez ni su gobierno están bien evaluados. A lo largo de cinco años hemos escuchado hablar más de problemas que de realizaciones. Inseguridad, impuestos, educación, pérdida de empleos, denuncias de corrupción, entre otras frustraciones, no ayudan a volver creíble la promesa de “hacerlo mejor”. El balance de 15 años, sin embargo, es claramente positivo: desde el Plan Ceibal al crecimiento del salario real, pasando por los avances de relieve histórico en el plano de los derechos humanos (la columna del “activo” podría ser muy larga). Pero la gestión de este quinquenio no ayuda. La fórmula oficialista, pese a su dedicación a la causa, tampoco. Es más difícil, en cambio, anticipar el monto de la pérdida. Obtuvo casi 48% de los votos emitidos en octubre de 2014. ¿Qué porcentaje alcanzará una vez que se abran las urnas? De acuerdo a las encuestas que se han venido divulgando la votación del FA rondaría el 40% de los votos emitidos. Es posible que supere un poco esa barrera (¿41%? ¿42%?...). De todos modos, con algo más del 42% de los votos emitidos, el FA podría conservar el número de senadores electos en 2014. Pero hay que descartar que pueda retener los 50 diputados.
Otra pregunta muy importante es qué votación terminará teniendo el Partido Nacional. Las encuestas sugieren que, pese a cinco años de trabajo político intenso y constante, y al despliegue de una excelente campaña electoral, su caudal podría disminuir respecto a la elección anterior. En 2014 conquistó cerca de 31 % de los votos emitidos. Le correspondieron 10 senadores y 32 diputados. Es difícil que obtenga menos del 25%. Pero es altamente probable que su bancada pierda peso. El principal desafiante del PN no parece ser, hoy por hoy, el Partido Colorado. Es público y notorio que el despegue de Ernesto Talvi, que llegó a parecer imparable, se detuvo. Ya tendremos tiempo de estudiar más a fondo qué fue lo no funcionó. A cuenta de esas reflexiones podría decir que el nuevo líder colorado tomó muchas decisiones tanto en materia de candidaturas como en el terreno discursivo que han sido demasiado difíciles de comprender por sus posibles electores. No proclamó la fórmula presidencial obvia (con Julio María Sanguinetti), excluyó a Pedro Bordaberry, osciló entre elogiar a Gustavo Leal y cuestionar a Bonomi, entre evocar el papel del Estado y confrontar con los funcionarios públicos… Para colmo de males, explotó Chile, dejando en evidencia la desigualdad que campea y la enorme desconfianza de la ciudadanía hacia una elite dirigente que se empecina en llevar a los ciudadanos de la nariz.
No son los colorados los que están captando votos nacionalistas. Es Cabildo Abierto. Guido Manini Ríos es la principal novedad de esta elección. Resta saber si logra obtener más votos que Talvi. Vivo diciendo, repitiendo enseñanzas de algunos de mis mejores maestros (Gerardo Caetano, Romeo Pérez y José Rilla) que los partidos son los principales protagonistas de la política uruguaya. Si esto sigue siendo así, entonces el viejo partido de la Defensa tendría que lograr tener más apoyo electoral que el novísimo Cabildo Abierto. No se trata de quién es mejor candidato, si el economista o el general. No es (nunca lo fue) una cuestión de individuos, sino de instituciones. Desde luego, hace rato que sabemos que la partidocracia cruje. Lo demostró “Un solo Uruguay”, en pleno verano del 2018. Lo ratificó la sorpresiva votación de Cabildo Abierto en la elección primaria hace menos de tres meses. Hace un año o dos parecía que Edgardo Novick podía captar esos votantes de derecha desencantados de la política. Nunca imaginé que sería un General del Ejército el que le terminaría cerrando la puerta del Senado.
Para saber cómo termina la película, es decir, quién terminará ganando el balotaje, habrá que prestar especial atención a los diálogos entre los líderes llamados a construir la tan mentada como demorada coalición alternativa. Si se entienden rápidamente será un escenario. Si no lo hacen será otro. Lacalle Pou sorprendió en junio. Contra el pronóstico de muchos de nosotros, logró proclamar la fórmula presidencial la noche de la elección primaria. Habrá que ver si nos logra sorprender nuevamente poniendo en marcha un acuerdo político que dista de ser sencillo de articular.
Adolfo Garcé es doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR
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