Con una demandad tranquila, la oferta en general es abundante. La temperatura mundial fue récord por escándalo, pero no hubo grandes impactos en las zonas agrícolas principales. La economía de China en particular, atravesó dificultades que hace mucho tiempo no se veían y cerró el año con deflación.
Blasina y Asociados El resultado fue la mayor baja anual de precios para los alimentos desde 2015 y esa fuerte caída de 2023, que ocurre por segundo año consecutivo, no muestra muchos signos de recuperación en un 2024 que promete generar una oferta de granos que supere a la demanda y haga engrosar las reservas mundiales, al menos en soja y maíz.
El precio promedio de los alimentos que mide la FAO cayó el año pasado 10,1% y eso ocurrió principalmente por una baja en el precio de los aceites y de la carne, que superó a las modestas subas que tuvieron los cereales (por una disparada exclusiva del arroz) y los lácteos, que bajaron durante buena parte del año pero repuntaron en el final.
Blasina y Asociados Los temores por la food inflation retrocederán, las tasas de interés bajarán y tal vez eso traiga otro ciclo de subas en el mediano plazo.
Pero antes de eso se espera una gran cosecha agrícola en el Mercosur, que mantendrá los precios de soja y maíz bajo presión bajista.
Esos temores se desataron a comienzos de 2022 con la invasión rusa a Ucrania, pero se van disipando.
No es que los actuales precios sean ruinosos, se mantienen por encima de los de mediados de la década pasada, que en las estadísticas de FAO son la base 100, pero la tendencia tan regular y la estabilización de la población mundial con un crecimiento económico más lento encienden luces amarillas en la perspectiva de estas materias primas.
Guerra, pero no tanto
Por el lado de la demanda, el mundo sigue a la defensiva. Entró ya en esa fase en 2020 con el covid y para la economía mundial este es el peor quinquenio en mucho tiempo.
La guerra en Ucrania, que se supuso dispararía los precios al punto de llevar a The Economist a publicar una tapa advirtiendo sobre la hambruna que se venía, resultó en una situación curiosa donde vale casi todo pero se respeta el comercio y los granos y el aceite sale sin mayores inconvenientes, restableciendo una corriente comercial clave que solo se interrumpió unas semanas al comienzo de la guerra.
Desde comienzos de 2023 los precios agrícolas van en un consistente declive, con la excepción del arroz donde el principal exportador, India, está restringiendo sus exportaciones.
En los granos importantes, excluido el arroz, tal como pasa con el petróleo, el precio va en un persistente declive, del que Uruguay eventualmente escapa en trigo por una producción mediana en Argentina y con muchos problemas de calidad en Brasil.
En el caso del maíz y la soja la lógica de descenso va para largo, porque finalmente la cosecha de Brasil volverá a ser abundante y la del resto del Mercosur también, de modo que en una nueva era en que las importaciones de China se han estabilizado en 100 millones de toneladas, las más de 200 millones de toneladas que producirá el Mercosur traerán calma a los mercados a lo largo de este año.
En la cancha uruguaya
Por otro lado, las diferencias entre el precio en Chicago y en Nueva Palmira se han estirado de los US$ 25 que eran habituales hasta un año atrás a US$ 60 este año, otro factor que si se establece estructuralmente pasa a ser un riesgo.
A cada lluvia que llega la soja baja un escalón y así productores que tuvieron disponibles US$ 460 sobre el final de esta semana cerraron por primera vez por debajo de US$ 400 por tonelada.
En el promedio global que lleva la FAO, el índice de precios de los aceites vegetales de la FAO se situó en 126,3 puntos tomando como base 100 el promedio 2014-16 en dólares corrientes, lo cual supone un acusado descenso (de 61,5 puntos o un 32,7 %) respecto de 2022 y el nivel más bajo de los últimos tres años, gracias al aumento de los suministros mundiales.
Blasina y Asociados En Brasil la producción prevista por la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) es de 155 millones de toneladas, casi 10 millones de toneladas menos de lo que se proyectaba inicialmente, pero aun así la mayor de la historia, levemente por encima del récord del año pasado por una mayor área sembrada.
Argentina va rumbo a una gran cosecha tanto de soja como de maíz.
Con ese panorama de una economía lenta y una oferta que no tuvo grandes alteraciones, la presión en el precio de los alimentos puede mantenerse en 2024.
Hubo sí un exceso de lluvias en China, que causó graves pérdidas en el trigo y sostuvo su precio, algunas pérdidas en el trigo australiano por sequía y perdidas en la soja y el maíz de Brasil.
El clima cada año pasa su factura, pero el aumento del área y de la productividad, con una economía lenta han podido más.
Estados Unidos logró una cosecha récord de maíz, una buena zafra en soja y Rusia viene logrando récords de producción en trigo ya por varios años consecutivos.
En las proteínas animales se observa un repunte. Los precios ganaderos en Uruguay han corregido al alza y también los precios internacionales de los lácteos, pero con un precio internacional de granos bajo es difícil pensar que los precios vayan a ir muy arriba.
En realidad en la ganadería lo que está sucediendo es una corrección de precios relativos, por lo que se está trasladando mejor un precio estable de exportación al productor.
Blasina y Asociados ¿Un freno?
Luego de un período en el que China tuvo una expansión brutal del consumo y los precios de las materias primas se dispararon ha empezado una nueva etapa: la baja de precios puede interrumpirse, en principio principalmente por dos razones.
- Un factor es el clima, que puede generar grandes disrupciones en la oferta a lo largo de este año. Ese es un jugador que siempre ha estado en la agricultura y gradualmente estará más presente a medida que la temperatura planetaria de modo que el quiebre de una zafra relevante, por ejemplo la estadounidense en la próxima zafra podría devolver los precios a niveles más altos.
- Por otro lado juega el factor geopolítico, que tiene a Medio Oriente en medio de una guerra que puede durar todo este año y cuyo alcance es por ahora creciente. Los bombardeos de Estados Unidos y Gran Bretaña a Yemen esta semana pueden dar inicio a una etapa mucho más grave, que dispare el precio del petróleo y genere un renovado interés por el biodiesel, el etanol y lo que sea que genere una aprovisionamiento previsible de energía.
Piqsels Carnes de vacuno. La persistencia en la baja de precios de persistir en este año dejará una situación muy estrecha a los sistemas productivos uruguayos que, con una moneda muy fuerte, dependerán de productividad excepcionales para sostener los márgenes.
Los altos rendimientos de trigo y cebada ayudan, así como un verano muy favorable en lo climático que da un buen momento para ganadería y lechería, pero en un mundo cuya población crece cada vez menos y en el que la conflictividad sigue aumentando, la persistencia de la tendencia bajista de los precios debe ser vista con preocupación.