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Que la crisis no sea alimentaria

"Ser responsables a la hora de consumir, de producir, de gobernar”

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19 de junio de 2020 a las 20:43

Por Rubén Flores Agreda (*), especial para El Observador

Los gestos y acciones de cada uno repercuten en los demás, eso es válido en el barrio, en la sociedad, en el país, en la región y en el mundo.

China volvió a tomar medidas que afectan el ingreso de mercaderías al país, ante un rebrote de la pandemia de covid-19. La situación en cuanto a intercambios de alimentos y seguridad alimentaria en varios países de la región es delicada, en Perú, Brasil, Venezuela y Chile.

En este escenario, Uruguay, como país que se destaca desde principios del siglo XX por estar a la vanguardia de la región, hoy es un caso de éxito en la respuesta al coronavirus en cuanto a lo sanitario y ojalá continúe siéndolo. En lo económico, aún con su reducción de 3,7 de PBI para 2021, Uruguay también está entre los países mejor parados de la región. Más aún sabiendo que es exportador neto de alimentos y que es casi totalmente autosustentable en ese sentido. Pero esto no le quita importancia al desafío planteado por el covid-19. No es nada fácil mantenerse en cabeza de fila, eso también implica responsabilidades.

El martes pasado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó un informe realizado en conjunto con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), titulado Evitar que la crisis del covid-19 se transforme en una catástrofe alimentaria. Incluye 10 recomendaciones de las cuales la mayoría ya están siendo implementadas, por lo menos parcialmente en Uruguay.

Una de ellas es un bono contra el hambre destinado a que las personas más vulnerables puedan acceder a alimentos suficientes y adecuados. Es un bono que se suma a otra recomendación previa de la FAO y la Cepal: la de establecer un ingreso mínimo universal.

De cierto modo, esto se hizo en los últimos meses en Uruguay a través de la tarjeta Uruguay Social, de la tarjeta del Instituto Nacional de Alimentación, del refuerzo de las asignaciones familiares del plan de equidad para hogares no abarcados por las anteriores tarjetas y un “cupón” para que personas que no entraban en las anteriores disposiciones y no estaban registradas en el Banco de Previsión Social compraran alimentos. Esto significó una inversión total de US$ 24,2 millones en abril y mayo, repartida entre 866.093 personas, según el gobierno. Es decir, una inversión promedio un poco inferior a US$ 14 por persona apoyada.

No hace falta ser economista –aunque lo soy– para imaginar que con el fuerte impacto del desempleo y del paro de muchas actividades económicas la pobreza en Uruguay va a crecer y que, de no mantener y profundizar las medidas que ya se están tomando, el país va a sufrir un retroceso al igual que el resto de la región, aunque sea en menor medida

Este retroceso va a significar, indudablemente, muchas más personas con menos recursos para alimentarse bien en un país donde ya el 65% de los adultos y por lo menos el 10% de los niños sufren sobrepeso y hay problemas de hipertensión infantil.

En épocas de crisis, las personas se mueven hacia dietas más baratas y, por lo tanto, menos nutritivas: más grasas, más azúcares, más sodio, menos frutas, menos verduras, menos lácteos, menos proteínas. Eso tendrá incidencias en la salud, pero también en las ventas de los productores familiares, sobre todo del sector de la granja.

A esto hay que sumarle el fenómeno del aumento de precios en el mercado interno, que también señala el informe conjunto con Cepal y que es otro motivo de preocupación, en particular porque tuvo especial impacto en los alimentos y bienes de primera necesidad.

Por último, Uruguay enfrenta un desafío en cuanto a la preservación de sus recursos y a su adaptación al cambio climático, para asegurar la sostenibilidad de una producción que genera el 80% de sus exportaciones.

Por todo esto, por su valor de ejemplo y porque la situación no es tan mala pero no deja de ser preocupante, es que la FAO llama a todos los uruguayos a ser responsables, responsables a la hora de consumir, de producir, de gobernar.

Los uruguayos y las uruguayas tienen todas las chances de salir ganando si prestan sus manos para, con corresponsabilidad, ayuda mutua, buscando una suerte común, consolidan la posibilidad de una economía distinta, una economía diferente; la economía social.

(*) Representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ad ínterim en Uruguay

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