5 de febrero 2021 - 5:02hs

A qué ritmo se dará la recuperación de la economía y en qué magnitud sigue siendo una pregunta rodeada de incertidumbre, más allá que el comienzo de la vacunación contra el covid-19 en los próximos meses es una señal alentadora.

El conjunto de analistas que participa de la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central (BCU), estimó en enero que en 2020 el PIB habría caído un 5,5%. Al mismo tiempo proyectaron un rebote de alrededor de 3% para 2021 en mediana, con lo que la economía y el empleo podrían tener una leve mejora, pero se mantendrían en niveles inferiores a los de 2019.

Dado el contexto actual de la economía, vale preguntarse si el gobierno debería aumentar el gasto o seguir la línea de austeridad dada la compleja situación de las cuentas públicas. Sobre este tema El Observador consultó al analista para Uruguay de la agencia Fitch Ratings, Todd Martínez.

-¿Cómo se observa la idea de que haya cierta expansión del gasto público en Uruguay, y que también se promuevan nuevas obras de infraestructura como acciones para acelerar la reactivación de la actividad en 2021?

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-En nuestra última afirmación de la calificación BBB-  (mínimo escalón dentro del grado inversor) de Uruguay y su perspectiva negativa en octubre, proyectamos una consolidación fiscal bastante más lenta de lo pautado en el Presupuesto, más que todo por una recuperación económica más débil. Por eso el anuncio del gobierno de que la proyección fiscal de 2021 podría no cumplirse no cambia nuestra visión en gran medida.  Además, pensamos que la calificación sí tiene algo de margen para un déficit aún mayor en 2021, sea por un mayor efecto en los ingresos y gasto social asociado a la pandemia, o por algún gasto adicional en obras públicas para impulsar una recuperación. Pero este margen para Uruguay no es ilimitado, ya que su deuda y déficit ya son bastantes altos. Este margen no quita la importancia de esfuerzos de consolidación estructural para mejorar la situación subyacente de las finanzas públicas. De lo que hemos escuchado del gobierno, su pensamiento está muy en línea con esta visión.

-¿Entonces puede ser una opción a considerar por parte de Uruguay o se debería mantener la austeridad?

-Uruguay, como otros países con problemas fiscales preexistentes, tiene la tarea difícil de balancear austeridad necesaria para mejorar la situación fiscal subyacente con medidas de estímulo para ayudar la recuperación económica. Es posible balancear austeridad en ciertas áreas con estímulo en otros. El equilibrio que escoja el gobierno será importante para la calificación, y pensamos que Uruguay tiene algo de margen para un estímulo fiscal transitorio, pero poco margen para aflojamiento en la austeridad necesaria para sanear el problema fiscal subyacente.

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-¿Cómo podría incidir en la credibilidad fiscal?

-En esta coyuntura de tanta incertidumbre por la pandemia y sus efectos colaterales, nuestra evaluación de la credibilidad fiscal dependerá más de la situación subyacente de las finanzas públicas que el déficit efectivo, lo cual está en línea con el espíritu de la nueva regla fiscal. Para dar un ejemplo más concreto, nuestra evaluación de la credibilidad fiscal será más sensible al avance de la reforma previsional y la caída en gastos operativos contemplado en el Presupuesto que a algún esfuerzo de estímulo fiscal que sea temporario, bien enfocado, y no desmedido.  

Un tema en agenda

Este jueves, el semanario Búsqueda informó que el gobierno de la coalición multicolor empezó a considerar un eventual incremento del gasto público y otras medidas, como la realización de nuevas obras de infraestructura, para acelerar la reactivación del conjunto de la economía y de sectores en particular.

Hasta ahora desde el gobierno se marcó como prioridad volcar recursos para cubrir seguros de desempleo y subsidios para personas mayores de 65 años que deben quedarse en la casa, así como el reforzamiento de las asignaciones familiares del Plan de Equidad del Mides y la tarjeta Uruguay Social.  Aunque las autoridades se han mostrado proclives a estudiar nuevas medidas.

A finales de enero, el senador de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, solicitó al presidente Luis Lacalle Pou medidas de apoyo para micro, pequeñas y medianas empresas en tres áreas: fiscal, laboral, y de financiamiento. “Los números macro son importantes,  pero más importante es que no queden por el camino centenares o miles de empresas”, señaló el senador en la oportunidad.

Y desde el Frente Amplio, el PIT-CNT y distintas organizaciones sociales identificadas con la izquierda, se ha insistido con la implementación de una renta básica focalizada y transitoria, dirigida a los sectores más golpeados por la crisis con el objetivo de mitigar el impacto económico. Se argumenta que Uruguay tiene la capacidad financiera para hacerlo, y que en las crisis los gobiernos deben dar soluciones a los que más lo necesitan porque luego el costo puede ser mayor.

Incentivos a la inversión y cooperación con privados

En diálogo con El Observador, el economista de Equipos Consultores, Alejandro Cavallo, explicó que las políticas contracíclicas por parte del Estado están indicadas en momentos como este, en los cuales un shock fuerte afecta la actividad económica.

Sin embargo, recordó que el punto de partida de la situación fiscal no permite ser todo lo contracíclicos que sería necesario o conveniente en el actual contexto excepcional. Por tanto, si bien no es algo sencillo, consideró que se deberían buscar alternativas que permitan conciliar el objetivo de dinamizar la actividad económica sin deteriorar aún más la situación fiscal.

Así, los esfuerzos para lograr una mayor actividad no necesariamente deberían estar limitados a aumentar el gasto sino, por ejemplo, podrían incluir modificar o actuar sobre ciertos incentivos que redunden en mayor actividad, como por ejemplo en la normativa de inversiones, explicó. Y en relación con infraestructura, mencionó el camino de asociaciones o esquemas de cooperación entre el sector público y privado que no generen mayor gasto público y que, al mismo tiempo, induzcan a una dinamización de la actividad de dicho sector.

Para Cavallo una eventual expansión del gasto público debería ser reservada para aquellos rubros o políticas en las cuales el rol del Estado es difícil de sustituir, algo similar a lo que hizo el gobierno el año pasado con las extensiones y flexibilizaciones en asistencia social. “Creo que es el lugar donde se podría justificar cierto aumento medido y transitorio del gasto”, afirmó el economista.

“Podríamos aprovechar el contexto de bajas tasas y mayor laxitud de las calificadoras para gastar algo más, siempre que sea gasto de impacto y calidad pero, al mismo tiempo, acelerar el paso del ajuste de las cuentas fiscales para el año que viene o el siguiente. Yo me mantendría en la línea de austeridad, pero al mismo tiempo buscando mejorar los incentivos a la inversión y proyectos conjuntos con el sector privado, y siendo muy selectivo y cuidadoso en el destino de un eventual mayor gasto, cuyo diseño e implementación debería ser claramente transitorio”, añadió.

Camilo dos Santos

Hay "espacio" para baja de tasas

El economista Pablo Rosselli de la consultora Exante, afirmó que más allá del tema calificación de riesgo, a la hora de discutir sobre la conveniencia de incrementar el gasto público hay otros aspectos “muy relevantes”.
Según dijo,  lo primero a discutir es para qué se quiere aumentar el gasto público. “Si la preocupación radica en alentar la recuperación económica, en Uruguay todavía tendríamos espacio para hacerlo a través de la política monetaria (con menos tasas de interés). Lógicamente, una política monetaria más expansiva vendría de la mano de una disminución más lenta de la inflación. Pero sería posible apelar a una política monetaria más expansiva; más aún, en una economía pequeña   y abierta a los flujos de capitales internacionales, es mucho más eficaz la política monetaria que la política fiscal”, afirmó al programa En Perspectiva.
Por otro lado, dijo que la expansión del gasto público resultaría adecuada si se desea aumentar los apoyos a los sectores más afectados por la pandemia. “Pero si se fuese por el camino de un mayor gasto público, otro aspecto fundamental tiene que ver con la credibilidad de la estrategia fiscal del gobierno. (...) Cualquier expansión del gasto público por la pandemia tiene que ser visualizada por los mercados y por las agencias de un modo inequívocamente transitorio”, afirmó Rosselli.

 

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