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Rada: "Me retiré una vez, pero me toqué el bolsillo y me di cuenta de que no podía parar"

El músico repasa su obra junto a Tótem, El Kinto y Opa en el show Parte de la historia

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28 de septiembre de 2019 a las 05:00

Rubén Rada no piensa parar. No quiere parar. No puede. Parafraseando una de sus canciones infantiles: “Rubenrá, Rubenrá, saca discos sin parar”. Y hace shows, y compone. Lo hace en tal volumen que hasta parece increíble. Su método de composición es bastante sencillo: camina por la calle, se le ocurre una melodía de repente y la repite hasta que llega al estudio. Ahí la toca en el piano, determina el tono y mientras su colaborador habitual Gustavo Montemurro va dando forma a los arreglos con el bajo y los teclados, él escribe una letra.

Montemurro pregunta: "¿Qué hacemos? Porque este disco ya está terminado". "Y bueno, empezamos otro", responde Rada.

A muchos de esos discos de estos últimos años, Rada los califica de “raros”. Allí agrupa a los álbumes Amoroso pop y Tango, milonga y candombe. "Ya no te aguanto más pintándote los ojos y la boca, ¿por qué no cantás lo que sabés?”, le dijo su esposa, Patricia Jodara, en un momento en el que el cantante estaba probando alternativas en sus shows. Entonces hizo este disco y su posterior registro en vivo, que coincidió con el nombramiento de esos géneros como Patrimonio Mundial de la Humanidad, y con los que ganó premios Gardel en Argentina y Graffitis en Uruguay. También agrega los dos discos con el proyecto Confidence y Allegro.

Aún tiene inédito su disco junto a sus tres hijos, Lucila, Matías (“estoy peleando para que cante, para que grabe un disco suyo, es el más tímido de los tres en eso”) y Julieta, que se llama Lujuma Band; un homenaje a su madre en el que canta en portugués y para el que se juntó a componer con el brasileño Ronaldo Bastos, colaborador de Milton Nascimento, con el que ya llevan siete canciones y un disco de funk junto a su hijo Matías.

Después de todo eso le dieron ganas de volver al rock y al pasado. A su pasado. “Me dije, ¿después de todas estas locuras, que hago?, y fui a fijarme que podía cantar del pasado, de los repertorios de Tótem, El Kinto, Opa y de mi repertorio solista. Y me salió una cosa divina, con la ayuda de mis hijos, que me decían qué canciones les gustaban, y de los músicos. A muchas les saqué el cuerpo porque no las pude cantar”, explicó.

Así nació Parte de la historia, un espectáculo que ya hizo en el Teatro Solís, y que ahora presentará nuevamente en el Auditorio Adela Reta el próximo 8 de octubre. A los 76 años, Rada mira para atrás, y nota el paso del tiempo. “Guantanamera, por ejemplo, no la puedo cantar más. Y el único trauma del show para mí es Montevideo. Yo siempre conté la verdad, no soy bueno cantando, y hacer esa melodía es terrible para mí, porque ya no tengo aquella potencia en la voz. Y se me ha acatarrado, a veces canto como un pajarito, a veces como un pajarón. Pero la hacemos porque no podemos sacarla del repertorio, y cantar Opa sin Montevideo. Te bajan del escenario. Pero me cuesta muchísimo cantar esa canción. Es difícil para mí y para los músicos. No es fácil de tocar”.

Rada y el rock
Su próximo disco, Negro rock, del que ya publicó como adelanto la canción que le da nombre al álbum, es un homenaje a un género que nació de la mano de músicos negros. La canción dice que el rock “se hizo inglés, no está tan negro, si es blanco lo que querés".
Al respecto, Rada dijo que “Los Beatles arrancaron cantando Long Tall Sally, de Little Richard, y después pasaron a Love me do. Mirás a Queen, con Bicycle race, y está lejísimo de Tutti Frutti. El rock era una música negra para bailar, y despreciada porque era de negros. Cuando los blancos empiezan a tocarlo, como Elvis o Bill Haley y los Cometas, se lo acepta. Pasó lo mismo con el tango, lo trajeron los negros pero lo tocaban en quilombos. Cuando lo empiezan a cantar Gardel, Magaldi y otros, se populariza. Este disco habla de eso, la canción dice ‘no pongas letras que se alejen de mis pies’, porque es rock para bailar. El rock inglés, para mí, es pop, salvo los Rolling Stones, que sí hacen rock. No es una crítica, es algo que pienso”.

No es la melancolía la razón para revisitar su pasaje por tres bandas que cada una a su manera fueron claves e influyentes en la historia de la música uruguaya. De hecho, Rada dice que odia eventos como la Noche de la Nostalgia. Tampoco siente que tenga una deuda pendiente con esas canciones. Simplemente tenía ganas de repasarlas, y de mostrárselas a nuevas generaciones, que, dice, se sienten más atraídas por Tótem.

Jugador de equipo

Rada quiere que vean que los uruguayos musicalmente siempre estuvimos a la vanguardia. "Siempre. Me encontré con músicos estadounidenses, españoles, que me decían ‘¿ustedes hacían eso en esa época?’".

Lo que hizo con socios como Eduardo Mateo (“los Beatles tendrían que haber sido cinco, y él uno de ellos”), Urbano Moraes y Antonio Lagarde –en El Kinto–, con Chichito Cabral y Eduardo Useta –en Tótem– y con los hermanos Fattoruso y Ringo Thielmann –en Opa–, donde era un cantante invitado, lo ubica entre los puntos altos de una carrera tan variada como extensa.

Si bien la mayor parte de su recorrido lo hizo con su propio nombre, no duda en afirmar que ser miembro de una banda es lo que más le gusta. Y que ya sea con los proyectos mencionados como con La Banda, el grupo que lideró en Argentina cuando se estableció en Buenos Aires a fines de la década de 1970; S.O.S, banda liderada por el saxofonista Héctor “Finito” Bingert en Argentina en la que Rada fue vocalista, e incluso Confidence, ha hecho trabajos superiores a su labor solista.

“En una banda te comunicás con los músicos, te ayuda a ceñirte a un repertorio, y a no salirte del lugar”. En contraposición, consideró, sus discos “empiezan con un rocanrol y terminan en una balada o en un candombe”.

Desde hace un tiempo, Rada ha abrazado la etiqueta de world music, porque considera que es lo que más se ajusta a su repertorio, al que no quiere encasillar en ningún género puntual. “Cuando dicen ‘Rada, el mejor candombero’, digo ¡no!, candomberos son Eduardo Da Luz, Lágrima Ríos, Pedro Ferreira, Alberto Castillo. Yo canto candombe pero no soy ni rey del candombe, ni rey del tambor, ni del rocanrol, ni de la balada, soy un tipo que hace música, que arrancó cantando en hoteles de acá, de América y de Europa, cantando That's the way, Kung Fu Fighting, a los Bee Gees, a Barry White, lo que había que hacer. Entonces tengo esa ductilidad. Cuando canto un chachachá es porque ya lo hice, ya lo toqué en un hotel, lo viví, estuve en Colombia, en Venezuela. Siempre como crooner. He viajado más como cantante de una banda que como Rada”. Y plantea como ejemplo sus viajes a la Antártida y las islas Malvinas junto a S.O.S.

Mejor me voy

Hablar con Rada es prepararse para ir del presente al pasado, para escuchar anécdotas de una carrera prolífica, para escucharlo cantar un par de versos cada vez que se refiere a una canción en lugar de decir su nombre. Y para escucharlo hablar con honestidad de su música y de las decisiones que ha tomado.

Por ejemplo, no se arrepiente tanto de haberse ido de El Kinto como de Tótem. “Ahora la gente habla del Kinto como si hubiera sido algo increíble, como un grupo. Y en realidad nos juntamos con Mateo a hacer música, y no ganábamos un mango. Creo que la vez que nos vio más público fue cuando le abrimos un concierto a Roberto Carlos en el Palacio Peñarol”.

Para ilustrar la situación, explicó que en ese show utilizó como atril para su única conga un taburete alto dado vuelta del bar de un amigo, porque no tenía uno de verdad. “No era un grupo del que pudiéramos vivir. Y cuando me llama Mike Dogliotti, que tenía una gira por Perú, durante un mes, y ganaba US$ 2.000, me fui. Porque tenía que ayudar a mi vieja, a mi familia, éramos realmente pobres”.

A la vuelta, El Kinto estaba embarcado en el espectáculo Musicación 4 ½. “Y ahí es que (Horacio) Buscaglia me dice, ‘Radita, esta noche hacemos esto, ¿por qué no te cantás una?’, y yo le decía, ‘no, ¿qué voy a cantar, lo mismo de siempre?' ‘Componete una’, dijo, y me fui a la rambla y volví con Las manzanas, el éxito más grande de mi vida”, recordó.

Dos años después, en 1971, se integró a Tótem, en la que también estaba el ex Kinto Mario “Chichito” Cabral. Con ellos grabó dos discos y en 1973 se fue, de nuevo, por razones monetarias. “Salíamos en todos los diarios, sonábamos en todas las radios, estábamos en todos lados, pero en un momento decidimos cobrar US$ 1.000 por show, que no era nada, porque había que pagar el sonido, las luces, el flete, los plomos, y nos quedábamos con US$ 20 o US$ 30, era todo bulla, y ni un mango. Y en un momento me abrí, siempre para ayudar a mi familia”, aseguró.

Rada no tiene problemas en afirmar que se fue en busca de más dinero. “Nunca me fui peleado. Siempre por necesidad. Divino todo, pero no pasaba nada y el almacenero no fía”. Lo compara con la grabación de su disco Quién va a cantar, que incluyó canciones como Cha cha muchacha. “Lo veo al productor, el argentino Cachorro López y le digo ‘todo muy lindo con el Negro Rada, me admiran y me quieren todos, pero no tengo un mango, me tengo que ir de Uruguay de nuevo y no quiero, no quiero mover la familia'. Mis hijos no conocían Uruguay, no habían vivido nunca acá", recuerda.

La respuesta de López fue que le mandara las canciones, pero que no fuera al estudio, porque si iba le metía "todas las locuras" y no lo haría comercial. "Y él se fue a Miami con Cha Cha Muchacha, la masterizó y la mezcló, y a través de esa canción hicimos todo el disco, que fue un éxito tremendo, y nos decíamos ‘Quechorro López’ y ‘Ruben Roba’".

Pero ahora es turno del rock. De volver a canciones que tenía la necesidad de tocar. Rada sigue haciendo cosas. No puede parar. No quiere parar. Y no se le ocurre jubilarse. “Ya me retiré una vez, pero me toqué el bolsillo y me di cuenta de que no podía parar”.

 

Las bandas de Parte de la historia
El Kinto
Aunque se formó oficialmente a mediados de 1967, Rada ya colaboraba como cantante invitado con The Knights, la encarnación anterior del proyecto, cuando tocaban en la discoteca Orfeo Negro. Con la partida del cantante Ernesto Soca, Rada se sumó oficialmente como cantante –tarea que alternaba con Eduardo Mateo– y como percusionista. El Kinto fue la gran referencia del candombe beat, y se convertiría en una banda de culto en la historia de la música uruguaya por su  propuesta vanguardista, en una época donde el pop se repartía entre los covers de los grupos anglosajones y la propuesta argentina de El Club del Clan. A pesar de que nunca grabó un disco, en 1971 se editó el registro de Musicación 4 ½, mientras que en 1977 se publicó, a partir de grabaciones realizadas para ser publicadas como simples y para usar como playback en programas de televisión, el disco Circa 1968.
Tótem
Potencia, energía, y la fusión del rock más crudo con el candombe beat era la propuesta de Tótem, que duró tres años y lanzó tres discos: Tótem, Descarga y Corrupción, este último ya sin Rada. Más popular y convocante que El Kinto, y descendiente directo de ese grupo, aunque sin perder la influencia de lo que sonaba en el mundo del rock en ese momento, como el sonido de Carlos Santana,  tuvo como ejemplo de su popularidad su show en el Teatro Solís en 1972, la primera vez que una banda de rock tocaba en ese escenario y que dejó a centenares de personas en la puerta, sin entrada. Con canciones como Dedos, Negro, Biafra y Orejas, el sexteto desarrolló una de las propuestas más originales, poderosas e influyentes de la música uruguaya.
Opa
Durante una buena parte de la década de 1970, los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso y el bajista Ringo Thielmann vivieron, tocaron y grabaron en Estados Unidos. Radicados primero en Nueva York y luego en California, el trío uruguayo venía de colaborar con el brasileño Airto Moreira, hasta que en 1976 grabó su primer disco, Goldenwings, en el que presentaban oficialmente su fusión de jazz, rock y música latina, con acento uruguayo. Rada, en ese momento en Europa, se carteaba con Hugo Fattoruso, que lo invitó a participar. Fue así que en 1977 Rada se sumó oficialmente al grupo y grabó con ellos el disco Magic Time, que incluye la canción Montevideo –uno de los temas más recordados en el que demuestra su talento–, una versión de Malísimo y Mind Projects.  El grupo siguió activo hasta fines de esa década, luego Rada se radicó en Argentina y se metió en la movida del rock de ese país.
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