25 de abril de 2020 5:00 hs

Rafael Radi estaba abocado al mundo académico cuando el 3 de abril el presidente Luis Lacalle Pou lo convocó junto a un grupo de expertos para analizar la emergencia sanitaria por el coronavirus. El presidente de la Academia Nacional de Ciencias se sorprendió cuando Lacalle Pou le propuso coordinar el Grupo Científico Asesor Honorario, también integrado por el matemático Fernando Paganini y el gastroenterólogo Henry Cohen.

Radi, doctor en Medicina y Ciencias Biológicas, se tomó 72 horas para meditar la propuesta y consultar con la Universidad de la República. Finalmente, el primer uruguayo en ser aceptado para integrar la Academia de Ciencias de Estados Unidos aceptó la propuesta. 

Hoy, Radi enfrenta el desafío de continuar con sus horas de docencia e investigación, al tiempo que asesora al Poder Ejecutivo sobre la transición hacia una “nueva realidad” posterior a la emergencia sanitaria, que advierte llevará tiempo.

En diálogo con El Observador el científico explicó cómo funcionara el grupo asesor,  qué tipo de recomendaciones hará al gobierno y qué margen de acción tendrán las autoridades una vez que se dispare una alerta. Respecto al reintegro de más actividades (además de la construcción y las clases voluntarias en escuelas rurales), señaló que antes de dar cualquier otro paso es necesario evaluar los anteriores, siempre con el respaldo de la evidencia científica. 

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¿Cómo es el funcionamiento en el día a día de ese grupo asesor científico? 

Recién estamos definiendo la forma de trabajo. La idea es generar subgrupos que puedan reportar con una frecuencia semanal. Se van a ir identificando problemas que se suscitaron a partir de la nueva realidad de la emergencia, que tienen que ver con la infección y otros que no, pero que de alguna forma surgieron a partir del redireccionamiento de las capacidades. Cada subgrupo generará una serie de sugerencias y/o recomendaciones basadas en evidencia a nivel del gobierno nacional.

La idea es también aportar a la población casi en tiempo real cómo está el tema del movimiento y la densidad, que nos sirvan como predictores de zonas de riesgo. Por ejemplo, si hay una zona de la rambla que a determinada hora de la semana se llena mucho —más que el cuento anecdótico sobre si ví poca gente o mucha—, que la gente pueda tener datos concretos y que haya una alerta a la población para que sepa que ahí hay mucha gente. Y de pronto que pueda hacer un uso más racional de los espacios de la ciudad. Acá la clave no es que la gente se quede encerrada para siempre, sino evitar el hacinamiento, que es el fenómeno más indeseable. Todo lo que se haga tiene que mantener este concepto de distanciamiento físico sostenido. 

"Yo diría que estamos caminando por un pretil: si te apurás mucho, te caés"

Otra parte del trabajo, tal como lo presentó el gobierno es testear y monitorear las áreas que ya se fueron abriendo. ¿Cómo será esa tarea?

Ahí hay asuntos estadísticos y muestrales porque no hay tests para hacerle al 100% de la población. Hay que hacer un diseño muestral correcto, que después el propio Ministerio de Salud Pública (MSP) llevará adelante. Como grupo asesor no vamos a decirle que vayan a tal obra a testear o a tal escuela. Proveemos de marcos generales de trabajo. Luego el nivel de detalle operativo no es nuestro. Hasta ahora se testeó principalmente al sospechoso y su primer círculo de contactos, pero la idea es expandir esas capacidades y hacer estudios más poblacionales. Quizás al inicio no a la población general, porque todavía la circulación viral parece ser muy baja, pero sí a aquellos colectivos que se empiezan a integrar a la actividad. Esas son recomendaciones que se han dado. 

Lacalle Pou habló de 8.700 contagios para colmar la capacidad de los CTI. ¿Eso está medido?

Estamos afinando los modelos, trabajando exactamente en ese tipo de asuntos, que si uno quiere hacer con un grado de predicción un poco más fuerte tiene un nivel de complejidad. La idea es poder identificar cómo la velocidad de contagiados podría, en un marco temporal, llegar a saturar los CTI. Eso sería una alerta que hay que dar. Antes de que ocurra hay que sugerir la posibilidad de disminuir el nivel de contagiosidad. Eso podría implicar el enlentecimiento de la apertura o inclusive cierto nivel de restricción para retomar una senda que evite el colapso.

Hoy hay mucha capacidad porque el número de pacientes que hay en el CTI es bajo. Pero hay que tener en cuenta que se nos viene la gripe estacional y las patologías respiratorias del invierno. Ese valor de camas disponible tiene que ver con que disminuyeron mucho las cirugías coordinadas, los accidentes de tránsito y todavía no entramos en la fase estacional de los fenómenos de la gripe y respiratorios del invierno. Esto es, como (Angela) Merkel ha dicho, caminar sobre hielo fino. Yo diría que estamos caminando por un pretil: si te apurás mucho, te caés. 

¿Qué margen de acción hay para alertar al gobierno? 

Depende mucho de cuán exigente te pongas. Una vez que tomás las medidas, por la propia naturaleza de los tiempos de la enfermedad, empezar a ver esos resultados te va a llevar muchas semanas. Cuando vos cortás hoy, ya hay una cantidad de infectados que tienen un ciclo de casi un mes. Una alerta tendría que preverse como mínimo más de un mes antes de que empiece el colapso. No se puede decir de un día para el otro, porque esa ola no la parás aunque pidas cuarentenar. Recién esos efectos de una eventual restricción se empiezan a  ver pasadas 3 o 4 semanas. 

¿Cómo puede ser entonces que a pocos días de que se retomara la construcción y las escuelas rurales se piense en otras áreas de apertura? 

Nosotros hemos reiteradamente expresado que es altamente recomendable tener medidas de monitoreo objetivas que permitan identificar cómo nos ha ido para dar los próximos pasos. Ahí hay una tensión natural entre la necesidad de muchos sectores económicos que, por razones obvias, empujan para retomar y las precauciones que hay que tener. Estas decisiones son del gobierno.

Lo que puedo decir es que desde el punto de vista científico insistimos permanentemente en que toda nueva apertura tiene que tener el mayor número de datos objetivos que indiquen que la apertura previa no haya disparado los contagios. Porque recién la semana que viene nos enteraremos o nos empezaremos a enterar si el número de personas contagiadas aumentó.

"Una alerta tendría que preverse como mínimo más de un mes antes de que empiece el colapso"

En otras entrevistas ponía el ejemplo alemán, estudiado a nivel mundial. Pero ese ejemplo tiene algunas características que lo han llevado al éxito como el testeo masivo, una red de laboratorios sólida y la dispersión en el territorio de la enfermedad

El modelo alemán es un muy buen ejemplo a seguir. Acá lo que se ganó en estos 40 días es tiempo para preparar el sistema de salud y los tests. Tanto virales como los inmunológicos que van a estar, si tenemos suerte, en un par de meses... 

¿No es tarde un par de meses? 

Hay muy poca circulación viral y la mayoría de los testeos poblaciones es probable que den negativo. Pero el tema es que no podés ir más rápido. Gran Bretaña le compró a China 3,5 millones de tests inmunológicos y fue un fiasco. No podés apurarte a comprar cosas que no sabés qué valor tienen. Si tuviéramos estos tests inmunológicos prontos para poder empezar a usar en el mes de junio, por ejemplo, sería un timing razonable.

Si me preguntás, ¿es muy tarde dentro de un mes y medio o dos? Diría que no, que todavía estaríamos a tiempo. Y me importa mucho más la calidad de los tests a que salgan 15 o 20 días antes y sean malos. Indudablemente estamos mirando el ejemplo alemán y estamos tratando de aproximarnos, pero también es verdad que Alemania desde 2012 se está preparando para una pandemia. Generó un conjunto de herramientas en todo el territorio para alguna pandemia que apareciera. Obviamente, no somos Alemania. Y tampoco lo somos desde el punto de vista cultural. Es un buen ejemplo a seguir pero hay debilidades nacionales que tienen que ver con la infraestructura y lo económico que no nos van a permitir calcar el modelo alemán. La ventaja que tenemos es que la enfermedad llegó más tarde y que podemos aprovechar las experiencias del resto. 

"Estas pandemias podrían evitarse. No para siempre, pero sí en cuanto a la frecuencia creciente que están teniendo"

Usted decía que este tipo de enfermedades no sólo se veían venir desde hace años sino que serán cada vez más frecuentes

Excepto que cambien cosas muy grandes, como que los mercados húmedos chinos cambien totalmente. El mundo va a tener que hacer algo con eso. Porque estas situaciones cuando el movimiento global era más bajo, no eran tan graves. Pero ahora en esas tres semanas en las que China demoró en reportar hubo miles, cientos de miles y quizás millones de pasajeros que se fueron moviendo por el planeta y el virus en tres meses cubrió todo el territorio.

Estas pandemias podrían evitarse. No para siempre, pero sí en cuanto a la frecuencia creciente que están teniendo. Para eso hay que cambiar notoriamente fenómenos que tienen que ver con el hacinamiento humano, animal y con la interfase humano-animal que es la que facilita que estos virus ARN mutan todo el tiempo. 

¿Hoy se puede decir que la curva de contagios está meseteada? 

(Piensa varios segundos)  Estoy tratando de pensar, pero no quiero tomar palabras del gobierno

Más allá de las palabras del gobierno, ¿a nivel científico se puede hacer esa afirmación?

Diría que el fenómeno no está en crecimiento y está relativamente estabilizado. Pero eso depende de todas las medidas de distanciamiento físico sostenido. No hay hoy una evidencia de que en las actuales condiciones la curva de activos siga creciendo. Pero eventualmente podrá crecer con el retorno de la actividad. Esta curva puede modificarse en cuestión de 15 días. Por eso es muy importante que los colectivos que han sido incorporados sean testeados.

En la gente de la construcción pueden haber asintomáticos y en los niños también. En el otro extremo está el planteo de las casas de salud, porque ahí sí hay una población a la que realmente le va muy mal con la infección y es un grupo de riesgo particular. Se planteó comenzar a hacer testeos. Si se contagia una casa de salud, como lo que pasó en el hospital Vilardebó, pueden haber focos muy explosivos de contagio y ahí hay que hacer un aislamiento muy potente. Hay que tener mucha precaución al decir que la situación actual es de mucha estabilidad, porque está dada en un contexto de muchas restricciones y necesitamos más datos de monitoreo.

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