“Tuvimos una avalancha brutal de infecciones respiratorias”, había descrito la neumóloga Mónica Kierszenbaum, profesora agregada de la Clínica Neumológica con sede en el hospital Maciel. Esa “avalancha” incluyó la circulación más alta y por tiempo más extendido de los virus con VRS e influenza, la bacteria que causa la tuberculosis y la complicación de quienes padecieron covid-19 y quedaron con el sistema respiratorio debilitado.
“Hay muertes que pueden tener relación indirecta con covid-19 y que difícilmente se comprueben: hemos visto a pacientes que meses antes fueron hospitalizados por covid, se les da el alta y tiempo después reingresan con una neumonía grave que la causó un neumococo —bacteria— o influenza —virus de la gripe—”, había explicado el intensivista Julio Pontet, jefe del CTI del hospital Pasteur, quien sospecha que el debilitamiento inmune hace que una infección “común” se agrave.
Si bien las enfermedades que afectan al sistema respiratorio siguen siendo más elevadas en el invierno, durante los meses de mayor frío, hubo niveles comparativamente altos en casi todo el año.
2. Suicidios
Vienen en subida año a año. A diferencia de las enfermedades infecciosas, cuyos cambios son más bruscos, la epidemiología de las lesiones autoinfringidas intencionalmente —como le dicen los técnicos— lleva un proceso al alza desde hace al menos tres décadas y los “picos” —como la crisis económica de 2002— acaban dibujando un leve acentuación en una ladera que sigue cuesta arriba.
Con 823 suicidios consumados en un año, es decir 23,15 fallecidos por esta causa cada 100.000 habitantes, el 2022 acabó ubicando a Uruguay entre los 20 países con más mortalidad por suicidios.
Si bien hubo aumentos de la tasa de suicidio en casi todas las edades, y si bien los más viejos continúan siendo el eslabón más olvidado y que más se suicidan, el récord de este fenómeno también se muestra en los menores de 35 años.
Según Pablo Hein, sociólogo especializado en suicidios, el aumento de los casos en el país “interpela” a quienes trabajan en el tema y ponen en aprietos al conjunto de la sociedad. Porque, dice, “seguimos psiquiatrizando y medicando a la población. Este problema no necesariamente se arregla con salud mental. Le decimos a la gente que tiene que ser feliz, pero tenemos que apostar por un igualitarismo. Tener una vida digna, no preocuparse por la felicidad".
Lento, como los suicidios, también aumentan en el país las muertes por enfermedades de la piel (incluyendo los melanomas). La tasa de mortalidad se duplicó en menos de un lustro. Y los cánceres más frecuentes que afectan al órgano más extenso del cuerpo humano se duplican cada década, cuenta el catedrático de Dermatología Carlos Bazzano.
3. Enfermedades de la piel
Las afectaciones de la piel son el resultado de “los cambios en los hábitos de la población respecto a la exposición solar: más tiempo de exposición y menos protección”. Esa exposición “demora años en causar el daño, puede que se haga visible 20 o 30 años después”, señala el profesor, con lo que ejemplifica que los muertos por enfermedades de la piel hoy son, en su mayoría, el resultado de una “cultura” instalada hace al menos una generación.
Por eso, si mañana fuera “el mundo ideal” y la actitud humana fuera al pie de la letra siguiendo los consejos médicos, “la baja de la incidencia de enfermedades de la piel recién se vería en 20 años”.
La mortalidad, en cambio, podría bajar antes “si se le pone cabeza y pienso: no es un tema de plata, sino de organizarse”, aclara Bazzano. Porque a diferencia de otros cánceres, los de piel son casi en su mayoría prevenibles y de detección precoz. Una simple revisión periódica con un dermatólogo podría reducir las chances de diagnosticar un cáncer en una etapa avanzada.
La piel, como un órgano que está expuesto, suele ser un termómetro del paso del tiempo. Unas arrugas por un lado, unas manchas por otro, la incapacidad de absorber nutrientes, nuevos olores que se desprenden. De ahí que, en una sociedad cada vez más envejecida como la uruguaya, sea más frecuente observar esos impactos a simple vista.
4. Insuficiencia renal
La vejez también podría estar detrás del récord de muertes por insuficiencia renal. El Fondo Nacional de Recursos había advertido hace una década que los episodios agudos de insuficiencia renal ya eran un “problema de salud pública”, que a diferencia de lo que se creía tenía especial prevalencia en los adultos mayores con comorbilidades, que venía en crecimiento, y que la padecerían unos 17.000 uruguayos por año, y que entre el 10% y 60% podría acabar en una mortalidad inmediata.
La mitad de las 720 personas que murieron el último año por insuficiencia superaba los 84 años. Y si bien las defunciones tan añosas suelen ser más entre las mujeres —por la simple razón de que ellas viven más años que los varones—, se registraron más muertes de varones que de mujeres.
Los problemas renales, más allá de la edad, tienen también un correlato asociado a los problemas de hipertensión y su alta prevalencia en la sociedad, la mala alimentación y la capacidad humana de sobrevivir a otras enfermedades que hace se registren muertes de aquellas que antes eran marginales.
Sin embargo, el profesor agregado de Nefrología, Ricardo Silvariño, aclaró que "es muy extraño que alguien se muera de un problema de riñón y aún más extraño que haya un incremento en las muertes". En este sentido, los especialistas sospechan que detrás de este récord puede haber un problema de registros y que se esté clasificando como motivo de defunción una comorbilidad.
5. Enfermedades cardiovasculares
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en Uruguay. Casi la cuarta parte de las defunciones del último año (9.239 entre 39.322) fue debido al sistema circulatorio. En este sentido, el 2022 no implicó un cambio significativo de la tendencia. Sin embargo, "otras enfermedades del corazón" (taquicardias, pericarditis y otras patologías) sí tuvieron un récord.
Cada 100.000 habitantes, se registraron 94,35 muertes por esas "otras enfermedades del corazón". Un año antes la cifra era cinco puntos más baja, y antes de la pandemia unos 20 puntos inferior.
La Comisión de Salud Cardiovascular todavía no procesó los microdatos del Ministerio de Salud como para obtener conclusiones. Pero es probable que esta suba sea analizada en sus clásicos informes de mortalidad.
6. Muertes inclasificables
Sobre las dudas, aquella que despierta más curiosidad es el crecimiento récord de las muertes inclasificables. El Observador ya había dado cuenta en abril, basado en datos preliminares, que el 13% de los fallecidos en el último año ingresan en un enorme bolsón de muertes dudosas.
Ahora, con los números finales de Estadísticas Vitales, se confirma este vacío de información. Un nuevo cruce de variables que realizó El Observador demuestra que tres cuartas partes de las muertes inclasificables ocurrieron en el domicilio de la persona. Es decir: podría tratarse de adultos muy mayores que mueren en su hogar y que los médicos comenten errores de registro o que, por temor, envían el cuerpo a la morgue judicial para su reconocimiento.
7. Accidentes que obstruyen la respiración
Hay otro conjunto de muertes llamativas que también batieron récord: los accidentes que obstruyen la respiración. Porque si bien la razón que dio lugar a la defunción es conocida, se da en un contexto externo a una enfermedad.
En el último año hubo 187 fallecidos por “sofocación accidental en la cama”, o “ahorcamientos accidentales” sin la intención de matar o matarse, o dejar de inhalar por hundimiento o caída de una sustancia, o inhalación del vómito, o ingestión de alimento que obstruye las vías, o inhalación de un objeto que queda trancado, o estar en un lugar con poco oxígeno, o similar.
Por qué hubo un incremento de estos casos es difícil saberlo. Sí se conoce que hay dos casos de bebés menores de un año y que los adultos muy mayores también suelen tener este tipo de accidentes. La mediana fue de 81 años.
8 y 9: enfermedades genitourinarias y digestivas
Por último, hay otros dos conjuntos de enfermedades que batieron récord y del que tampoco existe una explicación clara, sobre todo porque son pocos casos: enfermedades genitourinarias y otras enfermedades digestivas (celiaquía, hemorragias digestivas sin especificar, por ejemplo).
10. Hernias
Más curioso aún es el récord de muerte por hernias. Al menos 31 mujeres y 18 hombres, todos mayores de 55 años, murieron por esta causa. Y la distribución territorial muestra que hubo casos en casi todos los departamentos de residencia.
Todo este escenario “récord” se da en el segundo año consecutivo en que Uruguay registró más muertos que nacidos vivos en un año.