En el comité de campaña oficialista contrataron a un “gurú” internacional, el catalán Antoni Gutiérrez Rubí, que aconsejó abandonar el tono confrontativo y hacer un giro a una campaña de estilo propositiva. Fue así que se puso en marcha en los medios de comunicación la llamada “campaña del sí”, en la que se pone el foco en la recuperación de la economía y las medidas que se pretende tomar para los próximos dos años.
La fundamentación de esa campaña es que la apelación continúa a la “maldita herencia” que dejó el gobierno de Mauricio Macri no hizo mella en los electores y que cuanto más se habla del pasado, más irritación se provoca entre quienes perdieron su nivel de ingresos. El diagnóstico del gobierno es que, en realidad, el macrismo no ganó votos sino que mantuvo los que ya tenía, y que la derrota del gobierno se debe a que quienes los habían votado en 2019 no concurrieron a las urnas o eligieron alguna tercer opción de partidos menores. Es por eso que, remedando la frase futbolera de las eliminatorias, se repite en el gobierno que “para la recuperación dependemos de nosotros mismos”.
Pero no siempre les resulta fácil a los políticos oficialistas evitar la tentación de culpar a Macri por los problemas de la economía. Y, de hecho, tanto el presidente Alberto Fernández como la vice Cristina Kirchner suelen caer en esa actitud, así sea para referirse a la deuda externa, a las tensiones con el dólar o a la imparable inflación.
De hecho, entre los temas preferidos por los medios oficialistas ranquea al tope la acusación judicial contra Macri por presunto espionaje estatal a los familiares de los marinos muertos en el submarino ARA San Juan hundido en 2017.
La apuesta a recuperar los “desencantados”
Aunque el clima general es de escepticismo, en el gobierno se permiten ilusionarse con una mejor performance que en las PASO de septiembre. Esto incluye un recorte de la diferencia con la oposición a nivel general y, sobre todo, la posibilidad de dar vuelta la elección en provincias que renuevan senadores y donde el peronismo, contra todo pronóstico, perdió en las primarias, como es el caso de La Pampa.
Hay encuestas que marcan que en la provincia de Buenos Aires –donde vota casi el 40% del padrón- el oficialismo estaría achicando la diferencia de cuatro puntos registrada en las PASO a sólo dos, lo cual técnicamente ya está dentro del margen de error estadístico.
Para apoyar esa recuperación, el gobierno está apostando a un cambio de estrategia, que le da todo el protagonismo a los intendentes, conocedores del terreno. Se les delegó la administración del reparto de la ayuda social en sus respectivos distritos y se espera que tomen a su cargo la movilización masiva de votantes, de manera de recuperar a aquellos que son considerados como “peronistas desencantados” que en septiembre se quedaron en su casa.
La economía vota en contra
Pero, para desgracia de los intereses gubernamentales, los datos de la economía siguen jugando fuertemente en contra de una recuperación.
Y, tal como demuestran las encuestas, de ello dependerá la suerte electoral. Cuando se les pregunta a los argentinos cuáles son sus principales preocupaciones, las menciones siguen apuntando masivamente a la inflación, a la delincuencia, a la incertidumbre económica y al otorgamiento de subsidios para gente que no los necesita.
A pesar de los anuncios económicos de las últimas semanas, es casi imposible revertir esa percepción en un período de apenas dos meses. De hecho, hasta hay evidencia de que los salarios llegarán a noviembre en peor situación que la que tenían en las elecciones primarias.
Por caso, la recaudación tributaria muestra una fuerte recuperación, pero se explica casi exclusivamente por el aporte de la exportación agrícola. En cambio, cuando se pone la lupa sobre el IVA, el impuesto por excelencia vinculado al consumo, se constata que hay una caída de 2,5% en términos reales respecto del 2020, que ya de por sí había sido un año crítico por el efecto de la pandemia.
Por otra parte, se está viviendo un auge de protestas callejeras protagonizadas por partidos de izquierda y movimientos piqueteros, muchos de ellos aliados del propio gobierno. En un acto de alto impacto mediático, un grupo piquetero invadió la sede del ministerio de desarrollo social (el del histórico edificio donde está la gigantografía de Evita Perón) y escribieron en el piso la frase “basta de polenta”, usando, precisamente, granos de polenta.
Este tipo de hechos ponen en duda que la ayuda social otorgada en las últimas semanas haya realmente tenido impacto en las franjas de menores recursos. Sobre todo, si se tiene en cuenta que la inflación, lejos de haberse atenuado, está mostrando un agravamiento, con un registro de 3,5% en septiembre y otro para octubre –que se dará a conocer tres días antes de la elección- que se estima en un registro similar.
En tanto, la clase media sufre con los vaivenes del dólar, que parece no tener techo. Y asume las clásicas conductas defensivas ante los rumores de que luego de la elección habrá una corrección cambiaria.
Estos hechos han provocado que haya poco clima de campaña, con el público más pendiente del dólar paralelo, que ya rompió la barrera psicológica de $200 –es decir, casi un 100% de brecha respecto del tipo de cambio oficial- que por los debates entre candidatos, que casi no tienen rating en los canales de televisión.
Palpitando los cambios del “día después”
En todo caso, lo que se descuenta en el ámbito político y empresarial es que habrá cambios en el gobierno, sea cual sea el resultado electoral. Lo que no está tan claro es cuál será el tono de los cambios: si habrá una radicalización de la gestión, piloteada por Cristina Kirchner, o si habrá un giro al pragmatismo, ante la necesidad urgente de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Pero se están barajando cambios de nombres, que incluyen la salida de algunos de los ministros que ingresaron luego de la derrota en las PASO.
“A medida que pasan los días queda más patente el poco aporte de volumen político que han generado los cambios en el gabinete”, observa el analista y encuestador Carlos Fara, para quien el gobierno ha perdido la capacidad de generar novedad suficiente como para impactar en el electorado.
En ese contexto se habla, por ejemplo, del regreso de Daniel Scioli, el derrotado candidato peronista de 2015 –actual embajador en Brasil- para hacerse cargo de la cartera de desarrollo productivo. Se trataría de una señal “market friendly” porque Scioli se ha caracterizado por tender puentes de diálogo con el mundo empresarial.
Claro, habrá que ver cómo se condice ese cambio con la instauración de congelamientos de precios y de las duras acusaciones a los empresarios por ser los promotores de la inflación.
Pero, en realidad, esa contradicción ha sido la marca de fábrica del kirchnerismo: cuando más inevitable se hace un ajuste económico, más radical se vuelve el discurso para el consumo interno de la militancia.