14 de marzo de 2013 19:13 hs

Rincón de Darwin, de Diego Fernández Pujol, presenta el viaje que tres personajes disímiles –interpretados por Carlos Frasca, Jorge Temponi y Jorge Esmoris– emprenden hasta el lugar del título de la película para la tasación de una propiedad. Como en la mejor tradición de las road movies será un camino plagado de problemas y conflictos. El Observador charló con su director y guionista (Fernández Pujol) y uno de sus protagonistas (Temponi), acerca del filme y las particularidades de filmar en la ruta en Uruguay.

¿Cuánta es la importancia de Charles Darwin en la película?

Jorge Temponi: Más allá de la referencia geográfica, donde realmente estuvo Darwin, tiene un valor muy importante a nivel metafórico para la historia. En el sentido del camino o de la evolución de los personajes en el correr de la película.

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Diego Fernández Pujol: Tenía la historia: tres personajes que tenían que viajar juntos; a la vez conocí ese lugar y cayó en mis manos un libro de Darwin; fue ahí que uní todo. Era un riesgo caer en una redundancia o en una obviedad que una road movie que implica una evolución de los personajes estuviera asociada a la teoría de la evolución. Pero sumarle lo de Darwin me encantaba para generar un paralelismo entre momentos históricos distintos y, más allá de la referencia obvia, poner en perspectiva la importancia de cada uno en un mundo en el que somos unas hormiguitas. La teoría de que el ser humano es el centro del universo científicamente quedó demostrada, pero humanamente cuesta.

La evolución parte de tres personajes arquetípicamente diferentes ¿Cómo escaparon al estereotipo?

JT: La construcción del personaje fue muy fácil porque no estaba el cliché en el guion. Había algunos rasgos marcados de cada uno de los tres, pero evidentemente las cosas que les van sucediendo y la manera en que se van relacionando tiene los dobleces y los matices de una historia con personajes muy vivos.

DFP: Era uno de los riesgos y pensé mucho en ellos. Quería personajes que fueran fácilmente identificables, que fueran “conozco a alguien parecido a este tipo”. Pero estos se van definiendo en su relación frente a los otros, y tienen momentos donde te caen bien y otros donde no, como sucede con la mayoría de los seres humanos.

Tampoco está entendiendo al estereotipo como algo negativo…

DFP: No, claro que no. De hecho, el punto de partida fue Gastón (Temponi en la ficción), que es un tipo al que ves en La Ronda. Todos nos plantamos en cierta forma frente al resto, por omisión o por voluntad, en cómo queremos que nos vean.

JT: Incluso un día fui a La Ronda a sacar notas (risas). Había ido varias veces, pero nunca con esa cabeza. Fui a investigar gestos, poses, formas de estar. Peinados, incluso. El paquete de tipos. Y fue fructífero.

En el cine uruguayo las road movies no son la norma. Quizá el único antecedente claro es El viaje hacia el mar. ¿Qué peculiaridades tuvo el rodaje en estas condiciones?

DFP: Las complejidades que tiene técnicamente, en un punto, las tiene a favor para la parte artística. Por ejemplo, que no todas las locaciones estén definidas de antemano.

¿Fueron improvisando?

DFP: No improvisando, pero cuando estás en la ruta tenés más libertad que en el living de una casa. Las posibilidades de movimientos de los actores, de cómo ponés la cámara. Es más exigente porque también hay cosas que tenés que ir resolviendo sobre la marcha, la puesta en escena sobre todo. Después está la otra parte técnica, que es que estás más regalado con el clima. Además esta forma nos dio la posibilidad de ir filmando más o menos en orden cronológico, que si lo estás haciendo en Montevideo todo lo que te define son las variables de producción. Pero como íbamos más o menos avanzando con el viaje, al igual que en la película, nos permitía ir filmando en orden. La salida de Montevideo, la parada en el parador, el hotel en Nueva Helvecia, Carmelo. Y eso creo que se nota en la película y también en ellos, en el avance de la relación.

JT: Aunque siempre en un protagónico de un largometraje entrás como en una burbuja espacio temporal, al salir de Montevideo y al hacer un viaje con todo el equipo te sumergís más en eso. Estás mañana, tarde y noche con las mismas personas. Y, en este caso, en un clima de trabajo perfecto. Entonces se acentúa ese gusto de
suspender tu vida cotidiana por completo para dedicarte al proyecto.

DFP: Fueron casi cinco semanas de rodaje, donde luego de 12 horas de trabajo no tenías que volver a tu vida a hacerte cargo de cocinar y de que la canilla esté rota. En donde nos quedábamos en Carmelo teníamos una mesa de ping pong.

JT: El campeón, acá (se señala). (Risas).

DFP: Te permite otra concentración, porque durante los días de rodaje en Montevideo yo volvía a casa, pero mi cabeza seguía en la siguiente escena. El plano que iba a filmar mañana, que si la cámara iba ahí o allá. Lo del viaje te mete en un estado de concentración plena

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