9 de agosto de 2015 5:00 hs
Especial desde Buenos Aires

Aunque en público se mostró complacido por el traspié electoral de Mauricio Macri hace tres semanas –que estuvo a escasos tres puntos de perder en su "cancha" de Buenos Aires–, el candidato peronista Daniel Scioli fue, en realidad, el más preocupado por ese resultado.

La gran lección que le dejó ese balotaje porteño fue que en Argentina es perfectamente factible que un candidato gane por amplia diferencia en la primera vuelta y que, después, sea derrotado en la segunda.
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Más aun, la otra enseñanza fue que las encuestadoras pueden hacer su trabajo razonablemente bien cuando se trata de medir la intención de voto en la primera vuelta, pero que todavía les cuesta predecir el comportamiento del electorado cuando la pelea queda librada a solo dos candidatos.

Scioli tomó nota de cómo el efecto del "voto castigo" puede transformarse en la peor amenaza contra un candidato oficialista. Y, sobre todo, de cómo los votantes pueden fluctuar, de manera tal elegir en segunda vuelta a alguien a quien habían denostado en la primera.

En definitiva, ese domingo fue la confirmación de que, para el Frente para la Victoria (FPV), un escenario de balotaje puede ser una experiencia desagradable.

El problema para Scioli es que, según las encuestas, le resultará muy difícil evitar que eso ocurra. Para que gane en primera vuelta en octubre próximo, tienen que darse una combinación de resultados en las PASO y una estrategia inteligente para lograr que, entre agosto y octubre, haya votantes que migren desde las candidaturas menores hacia la suya.

Haciendo números

En estas horas, Scioli está dándole un uso intensivo a la "calculadora" para tratar de anticiparse a los hechos.

Desde ya, es impensable emular las PASO triunfales de Cristina Fernández en 2011, cuando con un contundente 50% de los votos y 38 puntos de diferencia sobre el segundo, quedó la sensación de que las elecciones presidenciales de octubre serían apenas un trámite.

Está claro que aquella circunstancia es irrepetible: se vivía un boom consumista bien diferente al contexto de estancamiento actual. Pero, además, Cristina captaba una adhesión emocional por parte de la población por solidaridad con su reciente viudez.

La situación de Scioli es bien distinta, y por eso en su búnker de campaña, en vez de mirar los datos de 2011, prefieren compararse con la primera elección, de Cristina, la de 2007, cuando se consagró en primera vuelta, con un 46%, exactamente el doble que Elisa Carrió, que se ubicó en la segunda posición.

Ese resultado es el que en el comité sciolista se toma como objetivo a repetir. No es imposible, pero lo cierto es que hoy parece una meta bastante lejana.

Con un liderazgo mucho más modesto, Scioli maneja encuestas que le dan entre 35% y 38% de la intención de voto para el domingo. Suficiente para seguir en carrera, pero lejos de garantizar la presidencia.

"Los números siempre deben analizarse en relación a cómo les fue a los demás. ¿Es mucho o es poco un 36% para Scioli? Depende, si Macri sacó un 30%, entonces es poco, pero si saca 22% es mucho", grafica el politólogo Sergio Berensztein.

De acuerdo con ese análisis, Scioli debería preocuparse, porque los sondeos marcan que Macri, junto con sus socios de la coalición Cambiemos, oscila alrededor del 30%.

Para Berensztein, lo que ocurrirá luego de las PASO será una serie de movimientos estratégicos que hasta podrían incluir definiciones sobre medidas específicas de política económica o nombres de futuros ministros.

"La campaña desde las primarias hasta octubre va a ser muy compleja, sobre todo para Scioli, porque el contexto económico será muy diferente al que él esperaba. Deberá hacer frente a una economía parada y con tensión sobre el tipo de cambio", observa el analista.

Massa y De la Sota

El objetivo del candidato del FPV es que se produzca ese efecto que los politólogos han denominado como "polarización pos PASO". Es decir, que se produzca esa sensación de que las primarias fueron una primera vuelta de hecho y que los electores cambien su decisión en octubre, como si ya se tratara de un balotaje.

Esto le permitiría sumar votos de aquellos candidatos que sean derrotados en sus respectivas internas o que ya se vean con chances mínimas.

Sin embargo, no cualquier polarización le sirve a Scioli. De hecho, la gran clave en su estrategia es ganar votantes del espacio peronista que une a Sergio Massa y José Manuel de la Sota –suponiendo que esa coalición terminará tercera detrás de Macri y sus aliados–. Pero debe darse un resultado de tal forma que haya una fuga de votos hacia el FPV pero no hacia Macri.

Las encuestas apuntan a que los votantes de Massa tienen un sentimiento opositor, de manera que una debacle del tigrense podría, según el análisis de politólogos, llevarle más votos a Macri que a Scioli.

En cambio, los votantes de De la Sota, son vistos como peronistas clásicos, que puestos en una situación de polarización, se trasladarían hacia FPV.

La prueba del interés de Scioli por "seducir" a ese espacio fue la explícita felicitación que le hizo llegar al gobernador electo de Córdoba, Juan Schiaretti, en la noche triunfal para el "pollo" de De la Sota.
No contento con el saludo, Scioli filmó un spot televisivo exclusivo para la provincia mediterránea, en la cual afirma: "Me comprometo a mantener un diálogo con el próximo gobernador Juan Schiaretti para resolver todos los temas pendientes con Córdoba".

En la frase hay un guiño: el solo hecho de mencionar "temas pendientes" implica el reconocimiento de que, durante la gestión de Cristina Fernández, esa provincia sufrió discriminación. Un tema del que, por cierto, el gobernador bonaerense también puede dar testimonio en su propio territorio.

¿Qué dice entonces la calculadora de Scioli? Que lo más conveniente es que a Massa le vaya relativamente bien, pero que le gane por poca diferencia a De la Sota.

De esa manera, un Massa que se sienta lo suficientemente fuerte como para seguir en carrera, podrá hacer una campaña intensa hasta octubre, con escasa fuga de votantes hacia Macri. Y, al mismo tiempo, el "delasotismo" derrotado le haría un aporte que, para Scioli, puede ser la gran diferencia.
Hablando en números, las encuestas marcan que el cordobés podría llegar hasta un 6,3%, una cifra atractiva que le permitiría a Scioli llegar a la primera vuelta de octubre con una expectativa de votos de 44%, solamente buscando votos peronistas.

Esas son las cuentas que saca Scioli, todavía poco convencido de que pueda evitar el temido balotaje.

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