Salud > EFECTO CANNABIS

Desde que se aprobó ley, se multiplicó por siete cantidad de embarazadas que dijeron fumar marihuana

Estudio realizado en el Centro Hospitalario Pereira Rossell comparó datos de 2013 y 2016 y la cantidad de mujeres que declaran fumar durante el embarazo se multiplicó por siete

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25 de mayo de 2019 a las 05:04

Por Daniela Hirschfeld

La cantidad de mujeres que declaró consumir marihuana durante el embarazo aumentó siete veces entre 2013 y 2016, según un estudio realizado por especialistas del Centro Hospitalario Pereira Rossell (CHPR) de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.

Mientras en 2013, antes de la ley que reglamentó el consumo recreativo de cannabis, solo 1,57% de las mujeres encuestadas en ese hospital dijeron fumar marihuana durante el embarazo, en 2016, la cifra subió a 10,87%. Asimismo, mientras en 2013, casi 13% de las embarazadas declararon fumar marihuana hasta saber del embarazo, en 2016 fue 30%.

Estos incrementos no se relacionan directamente con un mayor consumo de la sustancia, destaca Mario Moraes Castro, profesor agregado del Departamento de Neonatología del CHPR, sino que indica que más mujeres decidieron declararlo. Según el especialista, este aumento puede deberse a que luego de la legalización, y con la aprobación del uso medicinal de la marihuana existe una baja percepción de riesgo que supone su consumo tanto para la mujer como para el bebé.

Publicado recientemente en la revista científica española “Adicciones”, el estudio incluyó 577 mujeres y también consultó por el consumo de alcohol, tabaco y derivados de la cocaína como pasta base. Sobre la cocaína y sus derivados, los autores no identificaron cambios significativos en los tres años analizados, pues la autodeclaración de consumo pasó de 2,5% en 2013 a 3,1% en 2016.

Respecto al alcohol, en tanto, la cantidad de mujeres que dijeron consumir estas bebidas durante el embarazo aumentó 50% entre 2013 (23,82%) y 2016 (35,3%). “El alcohol sigue siendo la droga lícita más consumida en todas las clases sociales, y la que tiene más efectos negativos en el período embrionario-fetal, generando problemas futuros en el niño a nivel de su desarrollo neuropsicológico. Pueden ser de mayor o menor gravedad como microcefalia y retardo mental, o dificultades aprendizaje con trastorno atencional e hiperactividad”, afirmó Gabriel González, director de la Cátedra de Neuropediatría del CHPR y otro de los autores del estudio.

González destacó que el alcohol es la principal causa de retardo mental no heredable incluso cuando es 100% evitable, y subrayó que no existe una cantidad mínima de alcohol que pueda ser segura y libre de riesgos durante el embarazo porque depende de muchos factores orgánicos.

En cuanto al tabaco, el estudio halló que mientras en 2013 cuatro de cada 10 mujeres (43%) dejaron de fumar al enterarse del embarazo, en 2016 la proporción fue de seis cada 10 (60%).

Todos estos resultados se enmarcan en un trabajo que viene desarrollando el grupo de expertos del CHPR y Facultad de Medicina desde poco después de la crisis de 2002, cuando comenzaron a estudiar el efecto del consumo de sustancias psicoactivas en las embarazadas. El interés de esta línea de investigación, señalaron Moraes y González, surgió con la introducción en Uruguay de la pasta base de cocaína, y desde entonces desarrollaron un método de evaluación sistemática para comparar los resultados y que sean representativos de la población estudiada.  

Entre otros estudios realizados hasta ahora, los expertos también compararon los resultados obtenidos mediante la autodeclaración de la embarazada encuestada con muestras de meconio del bebé de esas madres.

El meconio comienza a formarse en el tubo digestivo del bebé luego del primer trimestre del embarazo y se va acumulando en capas que después del nacimiento pueden ser analizadas para identificar diferentes compuestos vinculados al consumo de drogas a las que el feto estuvo expuesto.

En estudios de años anteriores, los expertos detectaron que mientras un cuarto de las embarazadas encuestadas declaraba consumir alcohol, al analizar del meconio se detectó que en realidad la mitad de las mujeres había tomado, y 13% lo había hecho en cantidades importantes. Con la cocaína, la brecha fue más amplia aún, pues mientras que menos de 1% declaraba consumir, en el meconio la detección fue de 9%, describió González.

Luego de 2016, el trabajo del equipo de expertos ha continuado pero aún resta procesar la nueva la información. Asimismo, si bien los resultados obtenidos entre mujeres embarazadas que se atienden en el Pereira Rossell no pueden extrapolarse a todos los sectores de la sociedad, Moraes y González señalaron que existen investigaciones que analizaron otras poblaciones y que coinciden con el aumento de declaración de consumo. Los datos recabados no publicados aún muestran que la realidad del consumo de alcohol durante el embarazo es similar en el sistema de salud público y privado.

Efecto de políticas públicas

Para Moraes y González, a diferencia de lo que ocurre con el tabaco, en Uruguay no existe una campaña de salud pública que limite el consumo de marihuana y alcohol y comunique claramente los riesgos. “Es necesario trabajar fuertemente como con el tabaco para disminuir el consumo de sustancias con potencial efecto negativo en la población de riesgo”, agregaron.

“Nuestro estudio coincide con el descenso del tabaquismo en la población de mujeres embarazadas de bajos recursos en Uruguay luego del inicio de una firme política nacional. Un esfuerzo coordinado a nivel de salud pública, estrategias comerciales y de difusión por los medios de comunicación demostró ser efectivo”, afirmaron los investigadores. 

Según los especialistas, estudios internacionales han mostrado que el consumo de marihuana en mujeres embarazadas puede reducir el crecimiento fetal, el perímetro cefálico y el peso del recién nacido, especialmente a mayor porcentaje de cannabinoides psicoactivos y con el consumo asociado de otras drogas.  Asimismo, puede tener impacto en el desarrollo del cerebro y afectar la capacidad atencional, funciones ejecutivas, memoria y el rendimiento académico durante el resto de la vida. 

“A este hecho se lo conoce como reprogramación genética. Quedamos programados genéticamente para ser más susceptibles a padecer hipertensión, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares”, ejemplificó Moraes.

El tabaco durante la gestación, en tanto, aumenta la prevalencia de bajo peso al nacer y muerte súbita del lactante. El consumo de cocaína y sus derivados provoca hipertensión materna y disminución del flujo uterino, determinando un menor aporte de oxígeno y nutrientes al feto. Además, aumenta el riesgo de prematurez y muerte intrauterina.

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