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Acusaciones hacen que se consolide la candidatura presidencial de Cristina Kirchner

Más por necesidad de defensa que por convicción, la expresidenta empieza a dar señales de su postulación, mientras las encuestas le dan una leve mejora en medio de la crisis económica

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20 de septiembre de 2018 a las 05:01

Si a Cristina Kirchner le quedaba alguna duda respecto de si debería o no postularse como candidata a la presidencia en 2019, los acontecimientos judiciales de los últimos días le terminaron de dar los argumentos para convencerse.

Por lo pronto, parece confirmarse que el Senado mantendrá la postura de no conceder el desafuero mientras no haya una condena firma de la propia Corte Suprema de Justicia. Aunque también es cierto que cada vez es mayor la presión sobre el bloque peronista que conduce Miguel Angel Pichetto.

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En las últimas horas se empezó a hablar sobre la eventualidad de que apareciera una “prueba concluyente” que pudiera hacer cambiar la opinión del Senado.

Y, como ha ocurrido cada vez que la expresidenta ha tenido que responder ante la Justicia, se produce un fenómeno extraño por el cual su base militante refuerza los lazos de lealtad y la empuja nuevamente a asumir el protagonismo de la escena política.

Como graficó Gregorio Dalbón, el pintoresco abogado de Cristina, el kirchnerismo salió fortalecido de cada revés judicial de Cristina. “Bonadio le da suerte”, afirmó en una entrevista televisiva, y auguró que, así como después de su última citación Cristina consolidó su candidatura al Senado, ahora esta situación traerá como consecuencia su candidatura a la presidencia en 2019.

 
La “doctrina Lula”

En el escrito presentado el martes, al ser convocada por el juez Sebastián Casanello para declarar en la causa conocida como “ruta del dinero K”, la ex presidenta fue más allá en su clásica defensa –que el gobierno la utiliza como forma de distraer a la opinión pública sobre los problemas de la economía- y empezó a insinuar un intento de proscripción.

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En el tramo final de su argumentación, establece un paralelismo entre el “hostigamiento” que recibe a nivel judicial y la situación en que se encuentra el exmandatario brasileño, Lula Da Silva, que desde la prisión acaba de dar de baja forzadamente a su candidatura, en una campaña en la que venía liderando en la intención de voto.

“Lamentablemente, el fenómeno que vivimos tiene un carácter regional en Latinoamérica y ha sido calificado por el profesor Luigi Ferrajoli, uno de los máximos exponentes a nivel mundial del iuspositivismo crítico, como ‘una agresión judicial a la democracia’”, indica Cristina en su extensa autodefensa.

Según la expresidenta, la argumentación del profesor Ferrajoli podría, si se cambiaran los nombres, aplicar a la situación argentina. Allí se describe una estrategia consistente en la violación a las seguridades jurídicas, mediante la aplicación de un “sistema inquisitorial” en el cual el juez es, al mismo tiempo, el acusador, y sólo se dedica a acomodar pruebas que puedan sustentar su tesis previa y desecha las que no sirvan para ese objetivo.

La analogía con la situación de Lula resulta sugestiva en el actual contexto político argentino, porque lo que insinúa la exmandataria es que la escalada judicial tiene por objetivo impedir su regreso al poder. Un regreso que, desde su punto de vista, es inexorable a la luz de los reveses que sufre el plan económico de Cambiemos.

 

Un cambio de clima político

Los antecedentes muestran que ante cada embate proveniente desde los juzgados, su reacción fue la de contraatacar en términos políticos, como cuando definió su candidatura al Senado en medio de un nuevo procesamiento y embargo.

Y, a juzgar por las encuestas, esa actitud parece tener cierta lógica política. No solamente los ataques la obligan a la búsqueda de fueros como una defensa personal, sino que además la victimización parece rendir en términos de imagen.

Sin ir más lejos, cuando en agosto estalló el escándalo de los cuadernos en los cuales el exchofer Oscar Centeno anotaba prolijamente lo detalles de “la recaudación” en empresas contratistas de obra pública, la aprobación de Cristina tuvo una mejora.

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Claro, al mismo tiempo la economía ingresaba en una zona de incertidumbre, al constatarse que el acuerdo stand by con el Fondo Monetario Internacional no era suficiente para terminar la volatilidad y volver a la senda del crecimiento.

Un sondeo realizado por la Universidad de San Andrés en ese momento marcaba que, mientras todos los políticos sin excepción habían sufrido una caída en los niveles de aprobación popular, Cristina había subido del 23% al 27%.

En contraste, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal vienen en caída, aunque todavía ubicándose por encima de Cristina (38% y 47% de aprobación, respectivamente).

Pero el dato que más se analizó entre los estrategas peronistas es que un 30% de los encuestados dicen no tener definido su voto, lo cual deja a la coalición Cambiemos sólo con la seguridad de un “núcleo duro” de 27%. Al mismo tiempo, un contundente 46% afirma que su expectativa es que la economía esté peor dentro de un año, un guarismo que triplica el grado de pesimismo de fines de 2017.

Otra encuesta actualizada a agosto, la de Kantar TNS, marca también el punto más bajo en el humor de los consumidores, ya no sólo en lo que va de la gestión Macri sino de una década.

Son datos que Cristina Kirchner ha decidido explotar al máximo en su estrategia político-judicial, como quedó en claro en su alegato de que “no es cierto que seamos todos lo mismo, con algunos gobiernos la gente puede vivir y con otros no puede”.

Macristas vs Cristinistas

En cuanto a las chances electorales de Cristina, los analistas siguen manteniendo cierto escepticismo, porque los números indican que no podría vencer a ningún candidato en un balotaje, dado el alto índice de rechazo -en torno del 70%- que le profesa la opinión pública.

Sin embargo, señalan un cambio cualitativo importante a partir de que se agudizó la crisis económica.

“Hoy, Macri en un escenario de segunda vuelta está perdiendo contra cualquier candidato del peronismo no kirchnerista, porque los votos kirchneristas van en masa al rival del oficialismo. En cambio, si la segunda vuelta es entre Macri y Cristina, no está tan claro que los votos peronistas vayan en bloque para Macri, más bien se repartirían entre los dos”, afirma el politólogo Rosendo Fraga.

Es decir, aquella premisa que todo el ámbito político daba por cierta, según la cual Macri tenía una victoria asegurada si disputaba un “mano a mano” con el kirchnerismo, hoy ya no aparece tan segura.

Lo que sí aparece como una situación ya casi fuera de duda es que Cristina se postulará.

El más explícito al respecto fue nada menos que Pichetto, el hombre que más que cualquier juez tiene en sus manos el poder de decidir la detención o libertad de la ex presidenta. El senador no sólo ratificó la tesitura sobre el desafuero ante pedidos de prisión preventiva, sino que además anticipó lo que él cree que va a ocurrir en 2019.

Cuando tuvo su entredicho con Cristina, por el visto bueno que dio el Senado a los allanamientos judiciales, Pichetto le dio garantías que no debía temer por ninguna conspiración interna.

“Hay un fallo que hay que recordar, he defendido el derecho de Carlos Menem a ser candidato a senador; las garantías, las libertades y los derechos son de todas las personas, lo hice con él cuando nadie lo defendía, cuando era objeto de repudio", recordó.

Y agregó esta frase premonitoria: "Quédese tranquila, que seguramente usted va a poder ser candidata en el 2019, no se haga problema".

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