9 de noviembre de 2023 5:02 hs

Los países emergentes han salido debilitados de las crisis sucesivas que han sacudido la economía mundial desde el comienzo de la pandemia y en términos más específicos seis de cada diez presentan en la actualidad un déficit fiscal superior al 4% del Producto Interno Bruto (PIB), el doble del que registraban en 2019, antes de la irrupción de la pandemia.

Así lo revela un extenso informe del Centro para el Desarrollo Global (CGD), institución con sede en Washington que ha liderado programas de alivio a la deuda externa de varios países, entre ellos Nigeria y Liberia. “Lo que es peor: casi un tercio de los países estudiados se enfrenta a una necesidad de financiación externa cercana al 100%, mientras que en 2019 sólo la necesitaban cuatro países”, señala el estudio.

Luego de la reseñar los “apuros económicos agudos” en los que se encuentran las economías de Argentina, Pakistán, Túnez y Sri Lanka, los analistas del CGD precisan que la situación de los países pobres y en desarrollo se ha deteriorado en menos de cinco años como cabía esperar de la evolución del Indicador de Resiliencia (IR), que tiene en cuenta las necesidades de financiación externa, el endeudamiento externo, los saldos fiscales, el endeudamiento público, la inflación y la calidad institucional.

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"Los mercados emergentes son más vulnerables en su conjunto de lo que eran. Debemos prestar atención a las señales de alerta y es fundamental identificar cuáles son los más vulnerables", afirma la creadora del Indicador y directora de la Iniciativa América Latina del CGD, Liliana Rojas Suárez, quien recordó que Argentina, Pakistán y Sri Lanka se encuentran hoy bajo programas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y que Túnez suspendió las negociaciones con el organismo, negándose a aplicar las reformas recomendadas para obtener un préstamo.

“Algunos países ya presentaban un perfil preocupante antes de las múltiples crisis de los últimos años; otros, por el contrario, parecían protegidos, e incluso así su situación se ha complicado”, dice el informe. Es el caso de China, que lleva más de tres años sumida en una crisis en su sector inmobiliario, uno de los principales motores de su crecimiento, y que ahora podría desestabilizar al sistema financiero en un contexto en el que las autoridades públicas, sobre todo las locales, están muy endeudadas.

Colombia es otro ejemplo. Cayó siete puestos en el ranking  elaborado en base al IR hasta el 23, dinámica que se explica sobre todo por un aumento de 20% en su ratio de deuda/PIB, un nivel de inflación más alto que en otros países de la región y un crecimiento débil, lo que llevó al FMI a prever una inflación anual del 11,4% y un crecimiento económico del 1,4% durante este año.

Por el contrario, la economía se mantuvo sólida en varios países emergentes, como Indonesia, Perú, Tailandia, Bulgaria, Guatemala y Chile. “La posición de Ecuador en el ranking también ha mejorado al subir 11 puestos desde la quinta peor posición en 2019, país que sin embargo "refleja una trayectoria errática que hay que vigilar con cuidado", señala el texto, que llama la atención sobre los problemas fiscales de la economía dolarizada del país y "el debilitamiento de la calidad institucional".

En su reunión anual del mes pasado, el FMI alertó de importantes obstáculos para los mercados emergentes y las economías en desarrollo por la persistencia de las altas tasas de interés y la incertidumbre provocada por sucesos geopolíticos y la reciente crisis en Oriente Medio, riesgos podrían desembocar, por ejemplo, en una suba de los precios internacionales del petróleo.

“El trabajo demuestra cómo un indicador simple, construido a partir de un pequeño conjunto de variables económicas e institucionales, pudo identificar en 2019, antes de la pandemia y las posteriores crisis globales, aquellas economías que se verían más afectadas si se materializara un shock externo. Los países que este indicador identificó como los menos resilientes en 2019 ya habían entrado en default o estaban cerca de hacerlo en 2022”, señalan los autores.

Buena parte de los datos utilizados para calcular el IR provienen del informe Perspectivas de la Economía Mundial del FMI, además de datos recientes del Banco Mundial (BM) y algunas fuentes nacionales. ¿Cómo se ven entonces los países en 2023 en comparación con 2019?

En una muestra de 37 países, los mercados emergentes son ahora más vulnerables que en 2019 en términos generales. “Las cicatrices de los shocks de 2020-2022, que comenzaron con la pandemia y los múltiples shocks posteriores, como la guerra entre Rusia y Ucrania y los aumentos de las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos, son profundas y han debilitado las condiciones económicas y financieras de los mercados emergentes”, enfatiza el informe.

En 2019, apenas cuatro países -Túnez, Pakistán, Argentina y Sri Lanka- tenían ratios de necesidades de financiamiento externo superiores al 100%. Ahora, 12 de los 37 países examinados, es decir alrededor de un tercio, se encuentran en esa posición. El documento puntualiza que “la proporción de países que superan el umbral supuestamente peligroso de una relación deuda pública/PIB del 60% aumentó drásticamente del 30% en 2019 al 54% en 2023, en consonancia con mayores déficits fiscales”.

En línea con el problema de la inflación global que comenzó en 2021, apenas seis países exhiben tasas de inflación dentro del rango de las metas anunciadas por sus bancos centrales: Brasil, Bolivia, República Dominicana, Indonesia, Malasia y Paraguay. En 2019, 20 países, o más de la mitad de los incluidos en el indicador, tenían tasas dentro de las metas.

Los economistas del CGD afirman que el IR, al señalar la fortaleza macroeconómica de un país en relación con otros, constituye un dato de especial relevancia. La razón es sencilla. La evidencia muestra que los inversores diferencian fuertemente entre los mercados emergentes, y que estas diferenciaciones se basan en el comportamiento de las variables fundamentales. “Los países con los fundamentos más débiles en el momento en que se produzca un shock adverso serían los que más sufrirían. En otras palabras, las condiciones iniciales son muy importantes”, abunda el texto.

Con relación a las situaciones de Argentina, Pakistán, Sri Lanka y Túnez, el centro de estudios agrega que “es difícil imaginar un retorno a la prosperidad sin una importante relajación de la carga de la deuda”. Además, señala que si hubiera que nombrar “el país más debilitado”, sería China, que estuvo entre los diez primeros del ranking en 2019 y cayó al puesto 18 en 2023. Indonesia, Bulgaria y Perú, que hoy se encuentran entre los países más comprometidos, se encontraban entre las economías relativamente más fuertes en 2019.

En este contexto de mayores necesidades de financiamiento externo, el FMI anunció esta semana que su directorio respaldó la propuesta de aumentar un 50% las cuotas que los países miembros aportan al organismo, que dependen del tamaño de la economía de un país y determinan cuánto financiamiento debe proporcionar una nación al FMI, el poder de voto y la cantidad máxima de préstamos que puede obtener.

El aumento propuesto, que debería ser validado a mediados de diciembre próximo, "mejoraría los recursos permanentes del FMI en un momento complejo para la economía global y los miembros del FMI", dijo días atrás la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva. "Un FMI con recursos adecuados es esencial para salvaguardar la estabilidad financiera global y responder a las necesidades potenciales de sus miembros en un mundo incierto y propenso a las crisis", evaluó.

Los analistas destacan que el aumento de las cuotas es un asunto polémico porque implica poder de voto para cada miembro, de tal manera que las economías avanzadas tienen más que los países emergentes o en desarrollo, y además pueden disponer de más fondos a pesar de necesitarlos menos. Mecanismo lo que llevó a varios países emergentes y en desarrollo a reclamar por una redistribución de las cuotas para disponer de más capacidad de financiamiento.

Como lo destaca el informe del CGD, muchos estados ya se enfrentan a una crisis de deuda o es probable que la afronten en el futuro inmediato. Además, se espera que las necesidades de financiación por la lucha contra el calentamiento global vayan en aumento. Un escenario en el que la posibilidad de acceder a financiamiento a tasas menores que las del mercado es crucial para muchos países.

(Con información de AFP y del CGD)

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