11 de abril de 2011 19:01 hs

Susana Madera, EFEUna explosión de música, amor, humor, picardía y una guerra al ego y a la competencia a punta de bromas, dejaron en Quito los españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina en su concierto "Dos pájaros de un tiro", al que asistieron 15.000 fanáticos, que no les dejaban ir del escenario.

Con sonido impecable, las voces de los españoles y dos coristas, más los instrumentos de sus ocho músicos retumbaron en un coliseo lleno -como se dice- hasta la bandera, y en el que hubo lágrimas, besos, abrazos, gritos y de cuyo público también salió un sujetador que fue a parar a manos de Serrat.

Tras bromas entre los cantantes e ironías de ida y vuelta, "Porque te quiero a ti" arrancó aplausos y gritos entre los aficionados en los que había de todo: niños, jóvenes y no tan jóvenes que vibraban, saltaban, gritaban, sufrían, amaban...

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Los que aman, y los que ya no, recordaron cuando las casas se convierten en emboscada sin la presencia del ser amado, hecho retratado, y desgarrado, en "..Y sin embargo".

Con el humor como ingrediente básico, escucharon carcajadas cuando Sabina dijo que los catalanes "son muy inteligentes porque se inventaron el amor para no tener que pagar por tirar", a lo que Serrat sumó que también inventaron "el consolador para que tus mujeres (de Sabina) noten algo entre las piernas".

Cómodos, como en casa propia con miles de invitados pendientes de ellos, los españoles se burlaron de su respectiva virilidad y Sabina comenzó a buscar quién le "ha robado el mes de abril", canción que una emocionada fotógrafa compartió con su hijo de cinco años con quien, gracias al celular, coreó la canción.

Hábiles, Sabina y Serrat hicieron del público sus cómplices y jugaron a ser fotógrafo y traductor, respectivamente: Con una cámara antigua en una esquina del escenario simularon retratar a sus fanáticos, antes de cantar "Aquellas pequeñas cosas" y "Ruido".

Con "Penélope", "El bulevar de los sueños rotos", "Noches de boda", "Mediterráneo", "19 días y 500 noches" una marea humana se mecía de un lado a otro, con los brazos en alto y el corazón en las gargantas, que se estremeció más con "locos bajitos" y "Más de cien motivos".

Volvieron vestidos de piratas, con un Serrat que equilibró un bastón en su nariz y, paseando "Por la calle de la melancolía", esos "dos pájaros" españoles se llevaron "de un solo tiro" lo que faltaba del corazón de sus fanáticos.

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