Siete minutos y cinco segundos. Fueron exactamente siete minutos y cinco segundos los que demoró el presidente Luiz Inacio Lula Da Silva en decirle públicamente a Luis Lacalle Pou lo que quería escuchar.
Siete minutos y cinco segundos le tomó a Lula pronunciar, en la residencia de Suárez y Reyes, a 25 días de haber asumido su tercer mandato en Brasil y en su primer salida al exterior, las palabras que su antecesor Jair Bolsonaro no había dicho en cuatro años.
Las palabras que, en realidad, ningún otro presidente del Mercosur -ni Dilma Rousseff, ni Michel Temer, ni Mauricio Macri, ni Alberto Fernández, ni Horacio Cartes, ni Mario Abdo Benítez- le habían otorgado al Uruguay desde que Xi Jinping abrió la puerta a un Tratado de Libre Comercio en octubre de 2016.
Fueron siete minutos y cinco segundos: inteligente Lula.
El presidente de Brasil dijo con claridad que entendía los "reclamos" de su par uruguayo, a los que catalogó como "más que justos". Se mostró comprensivo de la necesidad de Lacalle Pou de defender los intereses de su país, de su economía y de su pueblo. "Es justo producir más y querer vender más. Y por lo tanto es importante una apertura".
En este sentido dijo que estaba "completamente de acuerdo" con la idea de modernizar el Mercosur y propuso una discusión técnica y política "para renovar" cuanto sea necesario.
Más aún, el exsindicalista mostró un sentido de urgencia por acelerar la negociaciones externas del bloque. Primero con lo que apenas necesita un golpe de horno: la Unión Europea. Lula dijo que era "urgente" y "sumamente necesario" que el Mercosur cerrara el acuerdo con la Unión Europea.
Y luego señaló lo que, hasta ahora, ningún otro presidente del Mercosur que no sea uruguayo ha dicho en los últimos años: "intensificar las conversaciones con la UE para que podamos discutir enseguida un posible acuerdo entre China y Mercosur. Y creo que es posible".
El brasileño destacó que China era el principal socio comercial de su país. "Queremos conversar en cuanto Mercosur y discutir con nuestros amigos chinos un acuerdo Mercosur-China", reafirmó.
Siendo que Lula descree de caminos propios y en solitario para los socios del Mercosur, ofreció la mejor alternativa posible para el gobierno uruguayo.
Sus declaraciones públicas llamaron la atención de algunas autoridades de gobierno por lo inesperado de sus comentarios. "Por lo positivo", dijo una fuente de gobierno a El Observador. Pero a puertas cerradas el brasileño también se había mostrado "cercano y abierto a escuchar la posición de Uruguay".
Si es que ahora se abre un nuevo capítulo de la relación con Brasil tras el paso de Bolsonaro, será bajo el impulso del pragmatismo, tal como dejó en evidencia Lula.
Tras repasar su relación "muy amigable" con Tabaré Vázquez y su vínculo de "hermanos" con José Mujica le advirtió a Lacalle Pou que su concepción sobre la relación con otros jefes de Estado no pasa por una "visión ideológica".
"Los presidentes no necesitan pensar como yo desde el punto de vista ideológico", le dijo de forma algo innecesaria. En los minutos precedentes, Lula ya lo había transparentado.
Fueron solo siete minutos y cinco segundos los que demoró en hacerlo.