El delantero uruguayo marcó el domingo su primer gol después de las polémicas que generaron su suspensión por insultos racistas y por negarle la mano a Evra; en el mismo partido, frente a Brighton, falló un penal
El “7” señaló Kenny Dalglish con sus dedos. Era una orden. Quería que el penal en el minuto 80 lo ejecutara el número 7, que no es otro que Luis Suárez, el vilipendiado delantero de Liverpool inglés. Su equipo ganaba 5-1 frente a Brighton por la FA Cup y Suárez no había marcado ninguno de los goles. Ese penal llegaba de perillas para que el salteño se sacara tanta mofa de encima y sonriera luego de tantos disgustos.
Pero el fútbol es tan hermoso como desagradable. Regala alegrías como reparte tristezas. Allá fue Luisito a rematar el penal. Corrió, se entreparó, dudó. Tantas cosas le habrán pasado por la mente en ese preciso momento. Aquel partido contra el Manchester United cuando discutió con Evra. La denuncia del francés. La suspensión de ocho partidos. El dedo medio levantado en respuesta a los insultos de los hinchas de Fulham. Una nueva suspensión. Su regreso a las canchas. Rechazar el saludo a Evra. El maltrato de la prensa inglesa... Cuánto para un muchacho de 25 años que nació para ser crack en el fútbol, que disfruta de hacer goles, que es ídolo donde juega y que la fama lo rodeó rápidamente.
Tras el freno, Suárez eligió rematar el penal contra el palo izquierdo del golero que adivinó la intención. Brezovan dio rebote, pero Suárez no llegó a tiempo. El primer impulso posterior fue reventar la pelota contra los carteles de publicidad para descargar tanta bronca. Pero se contuvo y siguió adelante.
Cinco minutos después, Carroll, un delantero tan grande como torpe, le sirvió de cabeza la revancha. Ahora sí, Suárez le puso el coco a la pelota y la mandó al fondo de la red para marcar su décimo gol en la temporada. Al fin la sonrisa le surcó la cara. También Dalglish que después del penal errado se quería cortar los dedos con los que señaló al “7”, sonreía con satisfacción. Porque Suárez es un poco su niño mimado. Es el delantero más importante que tiene, lo ha defendido en los momentos más difíciles y sabe por el momento que está atravesando. Porque el fue jugador de Liverpool, porque él fue delantero y utilizó esa camiseta histórica del conjunto inglés.
A miles de kilómetros de Liverpool, los nervios también se aplacaron y surgieron las sonrisas. En Uruguay, precisamente. Desde el más incondicional de los hinchas de la celeste hasta el Maestro Tabárez, para quien Suárez es figura clave en el ataque de la cuarta mejor selección del mundo. Lo necesita así, feliz, goleador, alejado de las polémicas.