La producción del establecimiento tiene sus dilemas
De acuerdo a la clasificación de toros presentada en el trabajo Bull selection por Richard W. Rice y que forma parte del Cattleman’s handbook for Expected Progeny Differences, hay un punto que todo ganadero debe preguntarse y es si quiere producir su propias hembras de reposición, o si las va a comprar a un tercero.
Esto se usa mucho en Estados Unidos: muchos criadores prefieren comprar sus hembras de reposición y no producirlas. ¿Suena raro? Veamos por qué, ya que hay una explicación de orden genético para esta pregunta y está, precisamente, relacionada con el concepto del toro terminal.
Se llama de esta forma a los toros que producen terneros de rápida evolución (performance), de buen tamaño (grandes, algo que en Estados Unidos paga premio) y, por lo general, de altos requerimientos energéticos, alto mérito de carcasa, aunque –y eventualmente– de cuestionada fertilidad.
Estos toros no son lo que uno quisiera para fabricar una hembra de reposición, pero pueden ser ideales para quien, desde un rodeo que nosotros llamaríamos general, vende un ternero al destete que a su vez tiene como destino final la industria (previo paso por el feedlot).
Debemos tener en cuenta que, a mayor cantidad de leche producida por la vaca, hay inevitablemente mayores requerimientos de energía, minerales y proteínas.
La genética nos abre una avenida de alternativas muchas veces aún inexplotadas por los criadores ganaderos de nuestra región: usar diferentes tipos de toros para las diferentes categorías de las hembras de nuestros rodeos. Un panorama apasionante, que tiene todavía mucha tela para cortar.