7 de junio 2020 - 5:03hs

Un fuerte viento que sopla hace danzar a la llovizna que comienza a caer sobre la avenida 18 de julio. La garúa que molesta más que un aguacero, lucha contra los pocos transeúntes que circulan por la calle. Algunos cruzan sin mirar. No se escuchan motores de autos ni camiones de proveedores de los comercios y el silencio solo se corta con algunas conversaciones y el grito de “¡hay paraguas, paraguas, paraguas!” de un vendedor ambulante.

Camilo dos Santos

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La Intendencia de Montevideo (IMM) volvió este sábado a peatonalizar la principal avenida de la ciudad, pero en esta oportunidad resolvió que el Paseo de compras a cielo abierto tuviera doble extensión. Se habilitó desde la calle Minas hasta Andes. La iniciativa, promovida por autoridades del gobierno departamental y el Grupo Centro, generó polémica el sábado pasado por la cantidad de gente que asistió, algunos de ellos sin tapabocas y sin respetar la distancia física.

A las 13 horas los semáforos se volvieron a apagar y se habilitó el paseo peatonal. Este sábado la distancia física la marcó el frío y la lluvia. La avenida, casi desnuda, no vistió grandes aglomeraciones. De hecho, a las 16.20 debido a las condiciones climáticas la IMM decidió habilitar el tránsito y finalizar el paseo a cielo abierto una hora antes de lo previsto.

Antes de que la actividad se vea interrumpida, en el asfalto se cruzaron algunos deliveries, que pedalearon contra la lluvia, y varios transeúntes, que realizaron compras.

Camilo dos Santos

Unas cuadras más adelante una pareja que parece volver de hacer unos mandados, aprovecha el paisaje solitario para tomarse una selfie con el obelisco de fondo.

Una joven hipnotizada con su celular aprovecha para cruzar sin mirar hacia los costados. Mientras a su lado una pareja apurada transporta un mueble de madera. Estos son los esporádicos personajes que recorren la desolada avenida lluviosa.

La presencia de policías se hace notar cada dos cuadras, que en grupos de dos o tres circulan por las veredas. Además, empleados de la IMM entregan tapabocas de tela.

“Mantené distancia física. Recordá circular con tapabocas”. En la plaza Libertad y en la explanada de la IMM se colocaron dos carteles electrónicos con indicaciones para circular. Aunque, este sábado, no hubo muchedumbres que lean esa información.

Camilo dos Santos

Obstáculo para unos, conveniencia para otros

La lluvia es una oportunidad para algunos como Wilson, un vendedor de garrapiñada que se ubicó en la esquina de Barrios Amorín, enfrente al Gaucho. “El sábado pasado había mucho más gente y no se vendió nada. Este sábado se está vendiendo”, afirmó.

Lianet Chaviano Casas es cubana y llegó unos pocos días antes de que el coronavirus se propagara en Uruguay. Hoy se busca la vida cocinando tortas fritas en la plaza Libertad. Su marido, cubano también, prepara la masa y ella las cocina. “Hoy ha sido el mejor día porque ha llovido. Ha pasado poca gente pero han comprado más. Ha habido más ventas”, opina con respecto al sábado pasado.

Camilo dos Santos

En busca de donaciones y con máscaras de plástico llegaron los jóvenes de UNICEF. “Queremos aprovechar la cantidad de gente que hay” cuenta Camila Castillo, voluntaria de la organización. La joven compara con la semana pasada y considera que “sin dudas hay menos gente por el clima". "Pero el sábado pasado estaba llena la calle, las veredas también, habían colas y hoy no. Igual hay gente”, concluye.

El agua parece correr a la gente. El movimiento constante se ve en las veredas y en los locales comerciales que abrieron. Muchos otros, entre ellos quioscos, locales de ropa y de accesorios para el hogar, no levantaron las cortinas.

“Mamá, ¿puedo correr?, le preguntó una niña a su madre. Ante el permiso ganado por cansancio la niña no dudó en aprovechar la calle vacía y comenzó a dar pasos ligeros con gran compromiso y libertad sobre el asfalto.

Camilo dos Santos

Locos por las compras
“Prefiero estar en cuarentena así no gasto”, le comentó una joven a una amiga que se cruza en la puerta de un local de ropa, mientras las dos se ríen.
La mayoría de los locales de vestimenta permanecen abiertos, aunque varios están completamente vacíos. Otros, a pesar de la lluvia y el frío, continúan siendo centros de pequeñas aglomeraciones.
El local de comida Mostaza mantiene un estricto protocolo de higiene. Se controla el aforo, se le ofrece alcohol en gel a cada persona que ingresa y las mesas están distanciadas. Hay locales más rigurosos donde toman la temperatura antes de entrar y otros que simplemente marcan indicaciones con carteles en vitrinas.
“Hoy está muy quieto”, afirmó Alexandra, la encargada de Daniel Cassin de 18 de Julio y Barrios Amorín. “Esperábamos que fuera mejor que el sábado pasado, que duplicamos las ventas”, agregó.

 

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