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Tres historias de docentes transexuales

En Uruguay viven 853 personas trans, solo 32,5% pudo escapar de la prostitución y algunas de ellas se dedican a la docencia; ¿cómo lo viven al enfrentarse a un aula?

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30 de julio de 2017 a las 05:00

Alejandra Spinetti jamás olvidará la primera vez que entró a un salón de clase en el Instituto de Profesores Artigas (IPA). Era el primer día de la carrera del profesorado de literatura y Uruguay estaba dando –una vez más– sus primeros pasos en democracia. Hacía algunos meses que Spinetti había abandonado la carrera de Derecho. Fue La Hojarasca, una de las novelas más populares de Gabriel García Márquez, lo que la impulsó a buscar su camino en la educación.

Aquel día, antes de ir a clase, se vistió con un pantalón beige, su favorito, y una blusa verde con un estampado audaz. También se aplicó un maquillaje ligero: base, rímel y brillo de labios. Pero el entusiasmo y la osadía del primer día le duraron poco. Apenas entró al salón de clase su profesor la detuvo en seco. "Así a Bulevar Artigas, acá no", le dijo.

Así, Spinetti, una mujer trans, se daba cuenta de que para poder estudiar y avanzar en su carrera profesional debía "disfrazarse de varón". "Para algunas personas hoy, eso es símbolo de cobardía. Para mí fue un proceso doloroso pero sabía que el objetivo estaba más allá, que algún día iba a ir expresando mi género a dar clase y hoy lo estoy haciendo", explicó quien ahora es docente de literatura en el liceo n° 58 de Montevideo y preside la división de folclore de la Escuela Nacional de Danza.

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Según datos del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), extraídos de un censo de 2016, en Uruguay viven 853 personas transexuales; 90% son mujeres.

El 67% de los encuestados realizaron trabajo sexual para generar ingresos. Son solo algunas las trans que logran escapar del infierno de la prostitución callejera. Y son aún menos las que ejercen la docencia, como Spinetti.

Ni en Secundaria ni en UTU existen datos sobre la cantidad de docentes trans trabajando formalmente en la educación, según informaron a El Observador la directora general del Consejo de Educación Secundaria, Celsa Puente, y la secretaria docente de UTU, Marina Calandria.

Sin embargo, existen.

"En el ambiente educativo jamás mostré nada. Solo en estos últimos tres años es que me atrevo a exteriorizar un montón de cosas. Siempre cuidé las apariencias por miedo al despido y la descalificación". Cecilia Estévez, docente de eléctrica en UTU.

Como Spinetti, también están dando clase Cecilia Estévez –eléctrica en UTU– y Michelle González –historia en el liceo n°2 de Florida–.

¿Cómo es enfrentarse, desde la transexualidad, a un aula repleta de alumnos?, ¿cómo es el vínculo con los padres y los colegas?, ¿por qué no existen más docentes como ellas?

El vínculo con los alumnos

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Cecilia Estévez se siente mujer desde niña, pero nunca encontró la seguridad suficiente como para expresarlo públicamente. Durante cuarenta años fue César. Primero por reprimenda de su familia: "Me acomodó papá con su cinturón", recordó. Luego, porque se enamoró de una mujer con la que se casó y tuvo hijos. Al final no encontró más excusas.

Estévez siente que vivió en una "dualidad" toda su vida. "¿Por qué no podía vivir sintiéndome varón si había nacido varón y por qué no podía vivir como mujer que era lo que me gustaba? Entre esas fluctuaciones estuve siempre", dijo. Durante 40 años, su identidad de género fue el secreto "más guardado, más preciado y más estúpido".
Durante 40 años, su identidad de género fue el secreto "más guardado, más preciado y más estúpido".
Comenzó a dar clase de joven. Siempre le interesaron los sistemas, la computación y la eléctrica, y luego de haberlo estudiado en la universidad se dio cuenta de que podía ser buena enseñando. "Me considero como docente que somos puentes para que las personas puedan transitarlo y puedan crecer", opinó.

Así, con esa filosofía, comenzó a dar cursos en diferentes instituciones y en UTU. Hace 3 años que decidió ir a dar clase vistiendo como mujer, con el cabello largo y las uñas pintadas. Si bien hace más tiempo que tomó la decisión de expresar su género, no se mostró antes por miedo al despido y la descalificación.

De todas formas, Estévez todavía se pone resistencias. Y el miedo y la inseguridad son presencias latentes. "Exponerme como soy a esta altura de mi vida fue algo que fluyó. No me lo propuse. Fue un tema de seguridad. Necesito sentirme segura". La docente explicó que llegó a un punto donde la necesidad de "exteriorizar, mostrar y compartir" su realidad con los alumnos fue algo incontenible; pero aún se cuida. Trata de gesticular poco, no usa accesorios y casi no se maquilla. También piensa cada una de sus palabras antes de decirlas para que nada de lo que diga se pueda malinterpretar por los alumnos.

"Me considero, como docente, un puente para que las otras personas puedan transitarlo y puedan crecer". Cecilia Estévez, docente de eléctrica en UTU.

Michelle González dice ser la primera trans de Florida en alcanzar un nivel terciario. Le quedan algunas materias para terminar el profesorado de historia y ya trabaja como titular de curso en el liceo n°2 de su ciudad. González, al igual que Estévez, sintió de primera mano la incomodidad de los alumnos, sobre todo cuando apenas comenzó a dar clases, una etapa que calificó como de "mucho nervio".

"Más allá de que los jóvenes se prendían a las actividades, siempre estaba presente el hecho de que tenían una profesora mujer que en realidad era un hombre, que debajo de su ropa femenina había un chico. Eso generaba incomodidad, un cosquilleo entre ellos", explicó González.

Si bien la profesora de historia nunca tuvo una manifestación de rechazo explícita por parte de sus alumnos, sí experimentó el dolor de no sentirse bienvenida en un salón de clase.
Si bien la profesora de historia nunca tuvo una manifestación de rechazo explícita por parte de sus alumnos, sí experimentó el dolor de no sentirse bienvenida en un salón de clase.
Por su parte, Spinetti dijo que los alumnos la ayudaron a aceptarse más como una mujer trans. "Te hacen y te dicen cosas con las que ellos no saben lo bien que están incidiendo", contó. La profesora atesora aquella vez que estaba buscando un marcador de pizarra en su cartera y como no lo encontraba, un alumno le señaló que no entendía por qué las mujeres usaban bolsos tan grandes. El que la vieran naturalmente como una mujer la cargó de seguridad y le reafirmó su convicción. "¡Qué bien que me hizo ese comentario!", recordó.

Las dudas inclusivas

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Silencio. Para Spinetti, lo único que se escucha desde Secundaria hacia toda la comunidad LGTB, tanto docente como estudiante, es silencio. "Y el silencio duele", sentenció.

Las tres docentes trans han sufrido choques con otros colegas y con autoridades de los diferentes centros educativos a lo largo de sus carreras, pero prefieren no profundizar en aquellos incidentes porque "hay que tener cuidado con las autoridades". "No voy a hablar ni bien ni mal", se atajó Estévez.

Celsa Puente, directora de Secundaria, dijo que no siente ese "silencio" del que habla la profesora y que incluso se ha "trabajado mucho" sobre temas de inclusión y "en el paradigma de los derechos humanos".

Las docentes trans aseguraron que no han sufrido problemas de discriminación o violencia con los padres de sus alumnos. Puente reafirmó este dato con el hecho de que no han llegado expedientes ni se han planteado conflictos de este tipo ante el Consejo. En caso de que surjan, se atenderían como cualquier otro reclamo y se encuadrarían en la normativa vigente.

"Es brutal el silencio hacia toda la comunidad LGTB, tanto docente como estudiante, en Secundaria. Y el silencio duele". Alejandra Spinetti, docente de literatura.

La principal inquietud, entonces, sigue siendo la educación. Aquella que trasciende los contenidos académicos y los libros de texto, y habla de inclusión, de diversidad de género y de respeto. A González sus alumnos le preguntan si como mujer trans puede quedar embarazada. A Estévez, los más chicos dentro del aula, no saben cómo llamarla; "profesor hombre-mujer", le dijeron una vez. Las tres profesoras afirmaron que faltan instancias de diálogo en las que conversar estar dudas con los estudiantes.

Según afirmó Puente cada liceo público del país tiene un referente de educación sexual que trabaja diez horas semanales con la tarea de abordar –junto con docentes, alumnos y padres– las diferentes temáticas de género. De todas formas, estos referentes no poseen un programa de trabajo específico sino que articulan los contenidos dependiendo de las dudas que vayan apareciendo.

"Los estudiantes son los futuros adultos de este país y de alguna manera yo también estoy educando, desde mi ejemplo de vida, en este tema que es la diversidad", puntualizó González.

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