Phonoteque está ubicado en Miguelete y Piedra Alta
Cuatro horas antes de abrir las puertas del local de Miguelete y Piedra Alta, se declara el final de obra. Solo toca barrer, pero el polvo acumulado durante dos semanas no se elimina fácilmente. Una, dos, tres pasadas con la escoba. Al final, una mopa termina de resolver el asunto y queda prolija la última parte de un boliche que ha existido solo entre las charlas de “ojalá hubiera” durante más de seis años.
El 2007: ese fue el año en que cerró Milenio. Y con él, un capítulo de auge en la historia de la música electrónica en Montevideo. Desde entonces, ha madurado toda una generación de jóvenes seguidores de los dj nacionales, pero que no conocía lo que era tener un club fijo, con eventos constantes y una temática musical coherente.
Todo eso hasta ahora, que abrió Phonotheque. A la 1.30 ya hay una masa de gente en la puerta que impresiona hasta a los agentes de Agadu y, para las 4, se empieza a cortar la entrada para no incomodar más a los cientos de cuerpos que vibran entre las paredes recién pintadas de lo que solía ser un club de rock. Se arreglaron muros, se levantó una barra y se construyó una cabina de dj con suficiente espacio para todos los equipos necesarios, con las bandejas de vinilo presidiendo el lugar. Desde los cuadros de animaciones surrealistas a parlantes estratégicamente colocados, pasando por los precintos premium como entrada, el cuidado al detalle es notorio. Esto se hizo con amor.
Venido desde Maldonado, Florencio hace el calentamiento de una pista tan expectante que disfrutaría de ritmos acelerados toda la noche, demostrando la contención y el buen gusto que hace falta para ejecutar el set más difícil de cualquier fiesta: el warmup o calentamiento. Da paso a Kasper, dueño del sello español Esperanza, cuyo breve paso por la cabina da tiempo de vislumbrar la selección musical que le ha merecido la reputación positiva que lo acompaña.
Luego, Fede Lijt, artista nacional radicado en el exterior, pone manos a la obra para un set extendido en el que pasa por sonidos tan vanguardistas como inesperados, catalogados como “incatalogables” por un integrante del público. Los gritos y las manos en el aire son fieles testigos de la experiencia de un dj que sabe sacudir una pista. El remate de la noche –convertida en mañana– queda en manos de Christian B, cofundador de Phonotheque (junto con los dj Koolt y Defected) y responsable de dar a los que se han quedado aquello que ni saben que necesitan. Y se los da, con un set repleto de aires a la vieja escuela y la clase de ritmo que hace mover hasta lo huesos más cansados. En total, una noche de techno, house, electro, minimal y todo lo que pasa por el medio de esos géneros, de lo más refinado que se puede escuchar por estos lugares. Y los que han estado allí lo saben: hacia las 10 de la mañana quedan muchas personas, más de lo que se ha visto avanzada la mañana en cualquier fiesta de los últimos años. El último vinilo suena a las 10.30 y hay que obligar a abandonar el club con la promesa de que fue sólo la primera noche de muchas. El piso ya no demuestra señal de la limpieza anterior y lo habitan botellas, vasos y algún que otro abrigo –han quedado muchos objetos perdidos, algo que siempre indica una buena fiesta–. Algunos recuerdan con pereza el esfuerzo que llevó y llevará dejarlo limpio nuevamente, pero da lugar a la alegría de saber que no se volverá a barrer una sola vez. Se barrerá muchas veces más.
Todas las semanas. Finalmente, la cultura de club nocturno y underground tiene donde crecer en Montevideo. Se llama Phonotheque y ha llegado para quedarse.