18 de enero de 2014 19:44 hs

A cuchillo nunca más” es la consigna de los funcionarios de los cementerios de Colonia que resolvieron no practicar más reducciones de “cuerpos enteros”. Los encargados de los 12 camposantos del departamento le entregaron su cuchillería al intendente Walter Zimmer en repudio a la nueva normativa que baja de cinco a dos años el plazo para la reducción de restos humanos.


“Es un acto carroñero. Es morboso. En los cuerpos sigue habiendo carne”, dijo a El Observador Eduardo Cabral, capataz del cementerio de la ciudad de Carmelo, quien trabaja hace 35 años en donde ningún vivo quiere pisar.


Allí se practican, en promedio, 240 reducciones de cadáveres cada año más otras 60 que corresponden a “emplazamientos”, es decir, al vaciado de los locales funerarios que adquiere la intendencia antes de colocarlos nuevamente a la venta. Esto significa que el personal realiza de cinco a seis reducciones de cuerpos en distinto grado de descomposición por semana. “Es un trabajo constante. Si tú lo vas a hacer con cuerpos enteros es una hecatombe”, afirmó. Y puntualizó: “Una herejía”.

Más noticias


A su juicio, dos años no son suficientes para que se produzca la natural descomposición de los cuerpos humanos sepultados. Ni siquiera cuatro años son suficientes. Si el nicho tiene humedad, o se colocó mucho nailon en la mortaja, el cuerpo estará “casi intacto”. “Es completamente malo tanto en lo físico como en lo psíquico el andar cortando cuerpos enteros (…) Estamos jugando con afectos. La carga que llevamos es tremenda”, expresó Cabral.


Los obreros de Colonia no reciben tratamiento psicológico como sus colegas de Montevideo donde, además, las reducciones se efectúan a los dos años de la inhumación. Cabral informó que fue justamente en la capital donde se suspendió a un reduccionista por utilizar un cuchillo no reglamentario pero que era necesario para “los cortes” de la masa de carne putrefacta todavía pegada al hueso. Las cuchillas tienen una hoja de 40 centímetros o más.
“Estamos en la lucha de que el funcionario salga de su casa seguro y que vuelva seguro. Aunque muchos no lo crean somos seres humanos también”, dijo Cabral.


El decreto Nº 056/2013 aprobado por la Junta Departamental de Colonia en diciembre del año pasado establece una nueva ordenanza para cementerios y, entre varios aspectos, autoriza la instalación de cementerio parques y hornos crematorios. Dos artículos –el 19 y el 27– obligaron a los funcionarios a entregar sus herramientas de trabajo y a plantear que todos –55 personas– solicitarán el traslado de dependencia si el intendente firma la nueva reglamentación.


De cumplirse, no será fácil conseguir nuevo personal. A duras penas el cementerio de Carmelo pudo cubrir las últimas tres vacantes.
El artículo 19 estipula que toda inhumación debe avisarse con dos horas de anticipación. Antes se daban seis horas. Para Cabral el plazo es muy corto si se deben limpiar caminos, nichos, panteones o urnas.


Además, indicó que “tenés que correr y esconder todo” si un sepelio coincide con una reducción. El artículo 27 es el que decreta que la reducción debe cumplirse después de dos años del entierro.


Un peón de cementerio cobra un sueldo base de $ 11.500 más los incentivos por insalubridad, productividad y horas extras. Un capataz percibe $ 19.000. Cabral comentó que se negocia con la intendencia para que se aumenten los salarios y se mejoren las condicione de trabajo para que no se dependa del pago por trabajo insalubre. “Te pagan más para que tu vida valga menos”, reconoció.


Cabral, quien se especializó en gestión de cementerios, relató a El Observador que el reduccionista no debe usar cuchillos. La práctica que consideró “más conveniente” es el enterramiento en una fosa de poca profundidad que se cubre con tierra y cal.
Allí el proceso de descomposición del cuerpo es acelerado. Según el capataz, solo tarda un año. “Así está pronto para volver al nicho donde pertenecía”. Algunas familias de Carmelo consienten esta práctica que, hasta ahora, “ha dado muy buenos resultados”.
Consultado sobre porqué ha resistido 35 años entre el hedor y la muerte, Cabral fue claro: “Yo busco hacer la tarea sin fallas porque estamos jugando con afectos. Quisiera entregarle a mis compañeros una tarea bien hecha”.
Los ediles de Colonia revisarán la normativa en febrero.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos