Media hora antes del comienzo de la sesión de Diputados, que se anunciaba histórica, el socialista Roque Arregui, coordinador de la bancada del Frente Amplio, estaba confeccionando la lista de oradores. Fue entonces cuando recibió una llamada en su celular. Era el diputado Darío Pérez, a quien la noche anterior, sin suerte, Arregui había intentado ubicar.
Pérez le consultó en qué lugar de la lista estaría. A esa hora, no había confirmación del voto del legislador de Maldonado, por lo que seguía la incertidumbre respecto al voto 50 que necesitaba el gobierno para aprobar el proyecto que reguló la marihuana. Arregui aprovechó para preguntarle qué votaría. Pérez le respondió: “quedate tranquilo”.
Según supo El Observador, ese diálogo fue corto, pero alcanzó para que la bancada de izquierda tuviera la certeza de que el proyecto avanzaría. Arregui confirmó luego a El Observador esa conversación. La noticia corrió rápido, al menos entre los legisladores del Frente. En los pasillos de la Cámara Baja, diputados consultados comentaron que hay “tranquilidad”. A las 10 de la mañana empezó la sesión. Los primeros en hablar fueron los 13 miembros de la comisión de adicciones. Inmediatamente después sería el turno de Darío Pérez, que era el hombre del momento.
El miércoles, Pérez se levantó temprano, preparó el mate y a las 8 de la mañana, con dos secretarios, salió de San Carlos rumbo a Montevideo. Vinieron despacio en una camioneta pintada de su grupo político: Cabildo 1813 Liga Federal Frenteamplista. La Hyundai destacaba en el estacionamiento del Palacio. El diputado se ubicó en el asiento del acompañante –a veces viene manejando– pero esta vez prefirió venir sin preocuparse del tránsito. “Estaba distendido”, comentó a El Observador uno de los secretarios que lo acompañó.
A las seis de la mañana, Pérez recibió el primer llamado. Era un periodista local. Como lo hizo en días anteriores, no respondió y seguía en esa especie de silencio autoimpuesto. Oficialmente no se sabía si acompañaría el proyecto y las dudas seguían porque públicamente había dicho que la marihuana es una “bosta”. Sin su voto, el proyecto que concitó la atención internacional, hubiera naufragado.
La prensa e incluso los corresponsales extranjeros ponían sus ojos sobre el legislador rebelde. En el Frente Amplio algunos lo criticaban por su actitud. “Hubo algún abombado que dijo que quería 15 minutos de fama”, comentó Pérerz a El Observador. Luego en sala dijo que hubo comentarios que “le dolieron”.
El despacho de Pérez está en el primer piso del edificio anexo. Ayer llegó 20 minutos antes de la sesión. “Son días difíciles” comentó. “Todas las decisiones sobre derechos humanos son difíciles, porque primero soy doctor y luego político”. En otra discusión histórica, como la despenalización del aborto, Pérez, que no estaba de acuerdo con esa práctica médica, se retiró de sala y permitió que su suplente votara. En aquella oportunidad contó una experiencia personal. Anoche en cámara apeló nuevamente a su visión de médico y narró cuando le tocó ayudar en un accidente de tránsito con tres muertos y el conductor estaba drogado.
En sala
Durante la sesión, Pérez se levantó varias veces de su asiento. Salió para hablar con legisladores y desapareció un buen rato para estar donde se reúne la bancada. Se le notaba tranquilo. Estaba anotado para hablar en el lugar 14. En el pasillo del hemiciclo volvió a conversar con El Observador.
“Los asientos te destruyen la espalda, los del Senado son distintos”, comentó. Recordó que el que se paró y se fue dejando una rosa orja en el pupitre fue Eduardo Lorier, cuando estuvo en desacuerdo con las misiones militres en Haití. El Observador le mostró que estaba en la portada de su web. “No es lo mío”, dijo. “Hablo cada dos años”. Otros legisladores corroboraron que Pérez no es de los que más interviene en cámara.
Mientras estaba afuera de sala, el diputado colorado Richard Sander habló contra el proyecto y proyectó imágenes de ex adictos arrepentidos. Su colega del Partido Independiente, Daniel Radío hablaba a favor del proyecto del gobierno y parecía que sería el voto 50, hasta que al final anunció que votaría en contra acompañando varios artículos. Pérez entró al recinto y escuchó a la diputada nacionalsita Verónica Alonso. La legisladora contó el caso de una niña de 12 años, hija de una madre adicta a la marihuana, y las mil y una que tiene que pasar por todos los problemas de salud heredados del embarazo.
Silencio.
En la escalinata del Palacio que da a General Flores, dos muchachos arman un “faso”. Más atrás, en la plaza 1º de mayo, una pancarta dice “Uruguay se planta por la regulación del cannabis” y se concentra un grupo de jóvenes que escucha reggae. La música y el humo de la marihuana no entraba al Palacio.
Sobre las 18 horas, el diputado Darío Pérez empieza su discurso. El silencio en sala era atípico. “Tengo un mensaje para los conductores, para los que cortan el bacalao y toman decisiones desde el poder, para que tengan en cuenta el valor de las consultas previas, la búsqueda de consensos antes de hacer públicas las propuestas”. Dijo que tuvo diferencias de enfoque con la génesis del proyecto y el mensaje que se dio a la gente. Dejó claro y lo repitió varias veces que con ley o sin ley el problema existe.
Este tema lo hizo “masticar”, “rumiar” y hablarlo con mucha gente incluido el presidente José Mujica. Definió al texto como una “ecuación con muchas variables”, y como una “teoría que parte de varios supuestos”. “Eso hace que estadísiticamente tenga la posibilidad de fracasar en un 50% y de acertar en 50%, la única certeza es que con ley o sin ley el fenómeno de la droga seguirá pasando”, afirmó.
El legislador no se retractó de lo que había dicho tiempo atrás a las cámaras de televisión y por el contrario lo ratificó. “La marihuana es una bosta, es una bosta con o sin ley”, dijo en sala.
Pérez está convencido que el tema debería decidirlo el pueblo y entiende que tener en contra el 63% de la opinión pública es un muro difícil de saltar. En un último intento de marcar su posición, el diputado de San Carlos le dijo al presidente Mujica que aún hay tiempo de un gran diálogo nacional. Al cierre de su alocución, Pérez afirmó que era un hombre del Frente Amplio, que se sometía a sus reglas y que correría la suerte de sus compañeros.
Terminó de hablar, las cámaras se apagaron, y el debate continúo pero ya con la certeza que el voto 50 estaba asegurado.