No es algo que salga bien de manera frecuente. Ha ocurrido con anterioridad varias veces, de hecho, cuando por razones de salud, enfermedad e incluso muerte, actores protagónicos abandonan su rol y son sustituidos. Está el caso histórico de Los tres chiflados, quienes en realidad llegaron a ser cinco –Moe y Larry, los únicos siempre presentes, Curly, que fue sustituido por Shemp, quien después fuera sustituido por Curly Joe– o mucho más recientemente en el tiempo, en comedias como Spin City, cuando su protagonista Michael J. Fox, aquejado por el mal de Parkinson, abandonaba la serie en su última temporada y era sustituido irónicamente por Charlie Sheen.
La serie fue elegida por el New York Times como “la comedia más importante de la pasada década” y ocupó un espacio entre los 20 mejores programas de TV en cada nueva temporada. Actualmente se exhibe en más de 50 países en todo el mundo. Ha ganado un total de cinco premios Emmy durante sus primeros dos años, y probablemente el más importante fue en 2009, cuando Jon Cryer obtuvo el galardón como mejor actor de comedia, con lo que venció al propio Charlie Sheen entre los otros nominados.
Su rating ha ido variando con el paso de las temporadas: la primera obtuvo un pico máximo de 15,3 millones de espectadores –siempre hablando solo de Estados Unidos–, en tanto la octava alcanzó los 12,7 como máximo.
El problema
En febrero de 2011, Charlie Sheen ingresa a rehabilitación por consumo de drogas y alcohol. Asimismo, comienza a revelarse que es cliente fijo y acostumbrado de una amplia gama de prostitutas en la zona de Los Ángeles. Todo esto podría haber significado un oscuro recurso de publicidad de los productores de la comedia –al fin y al cabo, era Charlie haciendo de Charlie– si no fuera porque Sheen comienza a declarar que está pensando en abandonar la serie.
Su ingreso en esa clínica llega luego que los productores pactaran un sueldo de US$ 1,78 millones por episodio para que no dejara el programa, pero ya era demasiado tarde. Sheen estaba desbocado. Inició una sucesión de declaraciones públicas, atacando a la serie toda pero concentrándose especialmente en el creador y productor Chuck Lorre.
El programa alcanzó picos máximos en marzo de ese mismo año, cuando Lorre lo despidió sin miramientos. Contrariamente a varias declaraciones públicas de integrantes del elenco, quienes expresaban pena por el despido de Sheen, Jon Cryer guarda silencio y recibe de Sheen epítetos como “traidor, embustero, troll”.
Los datos luego se entrecruzan: por un lado, se habla de Sheen demandando al show por US$ 100 millones y por otro que está llegando a un acuerdo para volver. Todas estas aseveraciones se van al garete cuando Chuck Lorre anuncia que la serie continúa, y lo hace sin Sheen. La búsqueda de un sustituto había comenzado.
Para mayo, se anunciaba que Ashton Kutcher sería su reemplazante. Así finalizaba una fuerte pelea entre actor y productor que incluso se trasladó a lo que salía en TV. Es que Lorre manejaba una serie de mensajes “ocultos” que pueden verse al final de los créditos de cada capítulo, cuando aparecen las placas de las productoras. Al aparecer la de Chuck Lorre Productions, saltaban mensajes que el productor llamaba Vanity Cards, las cuales usaba como un blog, muchas veces para atacar al propio Sheen a propósito de algún que otro desliz del actor.
Veamos un ejemplo. En octubre del 2010, Sheen es sacado del hotel Plaza en Nueva York por causar disturbios que sumaron alrededor de US$ 7.000 al cargo de la habitación. También se revela que la actriz porno Capri Anderson lo acompañaba.
La Vanity Card número 315 (del 22 de noviembre de 2010) pone: “Lista de quehaceres: Recalibrar la línea entre ficción y realidad. Meditar con un nuevo mantra: ‘altos ratings no equivalen a una alta autoestima’. Ir a una reunión de Al-Anon, un grupo de apoyo para familiares y amigos de los alcohólicos. Pararme frente a un espejo y practicar decir: ‘sin comentarios’. Escribir una canción country que se llame Prostituta en mi clóset’. Morder la mano que te alimenta porque has tenido más que suficiente para comer”.
La solución
El capítulo 1 de la novena temporada se estrenó este mismo mes en Estados Unidos –en el cable local, Warner lo estrenará en octubre– y alcanzó los 28,74 millones de espectadores, con lo que fue el punto más alto histórico de toda la serie. Luego de cerrar las cuentas con el personaje de Charlie, quien muere en un accidente en el metro de Paris “reventando como un globo relleno de carne”, según cuenta otro de los personajes, a Sheen se le dedica un funeral donde asisten sus novias más reconocibles de las anteriores ocho temporadas. Todas ellas van básicamente a escupir sobre su cadáver, lo que nos indica cuán contento quedó Lorre con todo el proceso de “negociación” con Sheen.
Después de eso, la acción se traslada de nuevo a la casa, la que Alan trata de vender para pagar las hipotecas. En el recorrido hay algunos cameos para llenar el ojo: John Stamos aparece como posible comprador –su nombre se había manejado como posible sustituto de Sheen–; Jenna Elfman y Thomas Gibson recrean en una escena la conocida serie Dharma & Greg, o al menos una versión cáustica de estos– para que poco después aparezca Kutcher como Walden Schmidt, un millonario informático que está saliendo de un feo divorcio.
Ante las peores expectativas, hay que reconocer que el primer “nuevo” episodio de la serie es muy divertido. Jon Cryer brilla como Alan y el protagonismo recae casi sobre él todo el tiempo y los diálogos están más afilados que nunca. Pocos días antes de su estreno, en la ceremonia de los Emmys, un Charlie Sheen circunspecto le deseaba la mejor de las suertes a esta nueva temporada del show, en un acto que desilusionó profundamente a los millones de fans que se habían mantenido de su lado durante la disputa.
Con el camino allanado, Two and a Half Men parece encaminada a seguir haciendo historia y grandes números dentro de la TV. En poco tiempo se sabrá el alcance de esta nueva fase de una serie ya legendaria