1 de noviembre de 2012 18:06 hs

El día más frío del invierno, Nélida, vecina de la senda R, la penúltima del Complejo Maroñas, en Malvín Norte, pidió una garrafa. “Espérenos en Pantaleón Pérez con el dinero y la garrafa vacía”, le contestaron desde la distribuidora. Nélida puso el grito en el cielo. A sus 76 años y con los huesos bastante enclenques no está para cargar la garrafa al hombro. Convenció a la telefonista y le mandaron el camión no sin antes pedirle que tuviera la garrafa en la puerta de su portón, cuestión de realizar el cambio lo más rápido posible. “Mis compañeros no quieren entrar. A uno le apuntaron con un revólver en la cabeza”, le contó el muchacho que llegó a su casa. A los trabajadores de la distribuidora garrafas en un descuido y también los rapiñaron. Aquellos vecinos que no tengan un motivo como Nélida, no tienen otra que salir a buscar la garrafa a la calle Pantaleón Pérez.

De la ola de robos dentro del Complejo Maroñas no se han salvado ni los mandaderos de las farmacias a los que les han hurtado las bicicletas, ni los repartidores en moto que han tenido que salir del complejo a pie. Un cartero corrió la misma suerte. La consecuencia es que estos servicios optaron por no entrar más y las 293 familias que viven allí quedaron aisladas. Una vez hasta robaron una ambulancia.

Carlos, dueño de un almacén sobre el final de la senda N, agregó que ya no hay pizzerías que atiendan sus pedidos. Un proveedor de vinos se rehúsa a entregarle la mercadería en la puerta. “Voy con un carrito hasta Pantaleón Pérez”, dijo con resignación detrás de la ventana enrejada por la que atiende a sus clientes. Tiene que cargar las damajuanas cinco cuadras.

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“Nos tienen por zona roja”, manifestó Nelly, quien vive con su hijo en la zona hace más de 10 años. Nelly no sufrió ningún robo pero sí recibió más de una amenaza y dijo no tener tapujos en responder con otras a quienes la hostigan. De todas formas, evita salir de su casa. Nelly integra la mesa de convivencia y seguridad ciudadana del barrio. En ese ámbito muchos vecinos denunciaron que ya no recurren a la comisaría porque es inútil.

El Complejo Habitacional Maroñas está ubicado en Pantaleón Pérez 4900, entre Cambay y Clemente Fregeiro, al lado de una planta de Motociclo y a tres cuadras de Veracierto. Son 293 viviendas adjudicadas por el Sistema Integrado de Acceso a la Vivienda del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma), de bloques y techo de chapa con un patiecito adelante, que algunas familias han ido mejorando con el paso del tiempo. El predio no tiene calles internas de asfalto, y al tanque de agua le han robado la bomba tantas veces, al punto tal que OSE se vio obligada a cambiar el sistema de conexión.

Los robos no respetan la frontera que supone Pantaleón Pérez. Muchas vecinas ancianas fueron tiradas al piso y golpeadas “por muchachones” para quitarles las carteras en la parada del ómnibus. Pero los muchachones viven en el mismo complejo. “Uno los vio de chicos”, lamentó Nelly. Los vecinos apuntaron a la presencia de intrusos y de nuevas familias que no realizaron los trámites ante el ministerio para ocupar las viviendas.

Estela, quien integró la comisión administradora, afirmó a El Observador que las ambulancias son renuentes a entrar de noche, en especial, en el tramo final del complejo, en las sendas R y S. Esa zona es identificada por los vecinos de la entrada del complejo como la más peligrosa, y suponen que algún día ya ni siquiera llegará la asistencia médica. “Estamos viviendo bastante mal”, resumió Estela.

Nélida, quien vive a una calle de la senda S, fue categórica: “La última senda es un infierno”. Los vecinos dicen que allí funcionan varias bocas de venta de pasta base manejadas por gente que vino de otros barrios conflictivos de la ciudad.

Hace unos días en la casa de al lado de la de Nélida escondieron dos motos robadas y tiraron las llaves para su patio. Y más de una vez le ofrecieron objetos robados de las casas de sus propios vecinos. Ella, para no ser otra víctima, colocó tres portones con sus respectivos candados.

El hecho más lamentable que le tocó observar desde que vive allí fue el reciente asesinato de una persona a pocos metros de su hogar. Nélida, como otros vecinos, prefiere ser testigo a la distancia y mira lo que pasa desde la seguridad que le da la cortina de su ventana. “Yo no me meto. Puede ser que un día me apedreen el rancho y me rompan las chapas”, afirmó.

Además de todo, el terreno se inunda cada vez que hay lluvias torrenciales. A pesar de que los vecinos realizaron reiterados reclamos al Mvotma, no les queda otro camino que remangarse los pantalones para transitar por las sendas interiores del complejo habitacional. “Nunca nos dieron una respuesta”, afirmó Nelly.

Los vecinos también criticaron que el ministerio no controle las ventas informales de las viviendas. Recientemente se vendieron casas por $ 70.000 “sin papeles” y sin intervención del Ministerio de Vivienda, según dijeron.

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