27 de abril 2023 - 14:43hs

Pilita Clark

Los viajes en avión son mucho más tristes y desagradables de lo que solían ser, excepto por dos cosas. Son mucho más seguros y, aunque no lo creamos, considerablemente más económicos.

En 1961, un boleto de ida y vuelta en primera clase de Frankfurt a Nueva York costaba tanto como un coche Mercedes-Benz nuevo. Pero, según un director de aviación alemán, 50 años después un Mercedes nuevo costaba 13 veces más que ese boleto.

Del mismo modo, cuando Qantas de Australia inició sus primeros vuelos al extranjero en 1935, un viaje de Sídney a Londres costaba 122 semanas del salario promedio de un trabajador, según el director actual de la aerolínea, Alan Joyce. Para el 2010, podrías hacerlo por poco más del salario de una semana.

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Pero si has volado recientemente, una de las últimas palabras que probablemente te vino a la mente fue “barato”.

En diciembre, pagué más de lo que recuerdo haber gastado en mi vida para volar en clase económica de Londres a Melbourne, y no sólo porque era durante la época de Navidad.

Las tarifas aéreas de Londres a Nueva York, Los Ángeles, Roma, Singapur, Dubái y una variedad de otros destinos en 2022 fueron en promedio tan altas como en una década, dicen analistas de la firma de datos de aerolíneas OAG.

Los aumentos de precios se produjeron cuando las aerolíneas y los aeropuertos azotados por la pandemia enfrentaron una creciente demanda de pasajeros deseando viajar para recuperar el tiempo perdido.

Las tarifas siguen siendo altas en muchas rutas en este año inflacionario y, como dice la analista de OAG Becca Rowland: "No parece que esté impidiendo que la gente siga viajando".

Esto es especialmente cierto si el viaje es por diversión. Pero los viajes de negocios, que normalmente tardan más en recuperarse que los de ocio después de una recesión, aún no han vuelto a los niveles saludables previos a la pandemia y no está claro cuándo lo harán.

Esto no es una gran sorpresa cuando las tarifas aéreas de ida y vuelta en clase ejecutiva en rutas como Londres a Nueva York han alcanzado £7,500 durante meses.

Los gerentes de viajes de EEUU y Europa dicen que las tarifas aéreas y hoteleras más altas son ahora el principal elemento disuasorio para más viajes de negocios, informó Deloitte este mes.

Los gerentes piensan que es posible que los volúmenes generales de gastos de viajes corporativos no regresen a los niveles de 2019 hasta fines de 2024. Pero en todo el mundo, los últimos pronósticos anuales de la Asociación Global de Viajes de Negocios (GBTA, por sus siglas en inglés) muestran que no se espera que el gasto se recupere por completo hasta mediados de 2026, y no sólo debido a las tarifas aéreas más altas.

La directora ejecutiva de la asociación, Suzanne Neufang, dice que las preocupaciones ambientales significan que los viajeros de negocios están bajo presión para hacer "viajes más útiles". Con esto quiere decir menos viajes, y viajes más largos y más productivos, en vez de realizar viajes de uno o dos días para participar en una sola reunión.

He escuchado muchas historias que respaldan esta tendencia. Pero al mismo tiempo, los activistas climáticos dicen que el 85 por ciento de las empresas globales aún no han elaborado un plan creíble para reducir las emisiones de sus vuelos de negocios. Además, sé de al menos un viajero de negocios de Londres que está haciendo más vuelos de un día que nunca, con el argumento de que ahorra en facturas de hotel.

Hay otra razón por la que la gente piensa que los viajes de negocios nunca serán lo que alguna vez fueron: el auge de las reuniones de Zoom.

En teoría esto tiene sentido, pero los desarrollos tecnológicos no siempre dan los resultados que uno espera.

Ésa es una lección que mostró Vint Cerf. El pionero estadounidense de Internet le dijo una vez a un colega que cuando los ingenieros de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de EEUU inventaron el correo electrónico en 1971, pensaron que los presupuestos de viaje se reducirían porque los trabajadores no tendrían que reunirse con tanta frecuencia en persona. Pero cinco años después, el gasto en viajes se cuadriplicó.

El correo electrónico facilitó que los empleados pudieran trabajar con más personas que antes, en lugares aún más remotos, en proyectos aún más grandes. Las reuniones cara a cara siguieron siendo necesarias y fueron más caras de organizar, por lo que los gastos de viaje aumentaron.

Sospecho que los patrones de viajes de negocios seguirán cambiando gracias al aumento del trabajo flexible, y más aún debido a las preocupaciones por el cambio climático. Pero no me sorprendería si ese cambio resulta ser muy diferente a lo prevemos actualmente.

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