3 de julio de 2012 18:35 hs

La crisis de 2002 generó una oleada de pedidos de concordato como desde hacía décadas no se veía. Ese año, 217 empresas uruguayas solicitaron un concordato preventivo judicial con la intención de salvarse de la quiebra, cuando lo común es que se sitúe entre 20 y 30 firmas. De ese total, 195 tuvieron que cerrar sus puertas y sólo 22 siguen operativas diez años después (ver recuadro en página siguiente).

En la mayoría de los casos, el concordato “sin duda que era la antesala de la quiebra”, dijo el responsable del servicio jurídico de la Liga de Defensa Comercial (Lideco), Fernando Cabrera.
El término concordato se utilizó hasta 2008, cuando cambió el sistema y en su lugar se pasó a hablar de concurso.

Según lo que explicó Cabrera, cuando se estaba frente a una situación de concordato, lo que sucedía era una cesión de pagos: la empresa dejaba de pagar sus obligaciones. Ante este panorama, la alternativa que tenía la empresa para prevenir y evitar que se la declarara en quiebra era presentarse al juzgado y solicitar el amparo a un concordato. De esta manera, se decretaba una resolución que dictaba una moratoria provisional que no permitía que los acreedores reclamaran lo que se les debía.

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En Lideco veían cómo las empresas que llegaban a pedir el concordato “tenían tan deteriorados sus números que estaban más en una situación de quiebra que de concordato”, recordó Cabrera.

Mala palabra
“Es reconocer los fracasos propios, y los seres humanos somos un poco reacios a hacerlo. Entonces el deudor siempre trata de dilatar ese momento”, señaló Cabrera.

Al solicitar el concordato, a la empresa se le cortaban las posibilidades de contraer nuevos endeudamientos y se le hacía cada vez más difícil conseguir crédito de sus proveedores. Esto hacía retrasar el pedido de concordato. “Cuando el deudor se decidía a presentar un concordato era porque había ya un deterioro muy importante, denuncias penales, embargos que había que detener y esa era la última medida para tratar de conseguir un poco de sobrevida”, explicó Cabrera.

La mayoría de los casos presentados en 2002 desembocaron en quiebras o liquidaciones judiciales. “Las excepciones son aquellos que pudieron hacer un convenio y aún más excepcionales los que transcurridos diez años pudieron pagar ese convenio”, indicó Cabrera.

Para el experto, las empresas que lograron salir airosas, por un lado, lo solicitaron un poco antes que las demás. También tuvieron la capacidad de acordar con sus acreedores. “No tenían tan deteriorados los números y habrán podido hacer los cambios necesarios como para valerse de la experiencia, corregir y superar la situación”, sintetizó.

El responsable del servicio jurídico de Lideco sostuvo que en la jerga comercial concordato sigue siendo “una mala palabra”. Café & Negocios pudo comprobar este extremo al comunicarse con los responsables de varias de las empresas que sobrevivieron al pedido de concordato en 2002 y siguieron operativas hasta hoy. Varios se excusaron de participar por no querer que se ligara el nombre de su firma a la palabra concordato.

Una experiencia muy dura
“Presentarte al concordato es como sentir que te morís un poco. Estuvimos en coma, en el CTI, con respirador, pero nos salvamos”, contó el director de la empresa Imprimex, Horacio Rey, 10 años después de haber tenido que recurrir a un concordato.

Imprimex, una empresa del rubro gráfico (que se dedica al packaging, impresos, catálogos y etiquetas autoadhesivas) fue fundada en 1978 por Rey. En 1998 hizo una “muy fuerte inversión” en maquinaria, con créditos tanto de la banca pública como de la privada. “Era un crédito a ocho años, íbamos por la mitad del camino y se cayó el país”, rememoró.

De facturar US$ 700 mil en marzo de 2002 pasó a
US$ 200 mil en junio del mismo año. “No había chance ninguna de pagar las cuotas. No se vendía nada, no había margen y para peor tuvimos US$ 450 mil de deudores incobrables”, agregó.

La empresa no tuvo más opción que tomar la medida del concordato. “Fue una experiencia muy triste, muy dura. El que se presentaba al concordato era un jodedor”, rememoró Rey.

La decisión implicó sacrificios. La plantilla de personal se redujo de 130 a 60 personas.“Venía a las seis de la mañana todos los días a tomar el turno. Hubo que remangarse y darle”, señaló Rey.

Rey dijo que hoy la empresa está “saneada”. A fines de este año terminarán de pagar las 120 cuotas a las que se comprometieron hace diez años. En 2006 empezaron con reinversiones, “fuertemente” a partir de 2008, “porque el parque que había llevado a aquel concordato ya era obsoleto”, explicó Rey.

Actualmente, Imprimex tiene 200 empleados y duplicó la facturación que tenía antes de la crisis: en aquella época facturaban US$ 7 millones y hoy están en US$ 15 millones anuales.

Sin recetas mágicas
Para el director de El Emporio de los Sándwiches, Fernando Masliah, “nadie sale de una crisis solo porque es Superman”. En el caso de su empresa, la recuperación tuvo tres patas claras: el apoyo de los proveedores, del personal y de los clientes.

La crisis de 2002 encontró a la empresa con locales recientemente inaugurados, para lo que habían pedido créditos. “Teníamos deuda en dólares y el dólar se fue a $33”, contó Masliah. Para completar “la fórmula nefasta”, como le llama Masliah, El Emporio tenía dinero en los bancos que quebraron y deudas en algunos de los que quedaron abiertos.

En este escenario fue que se decidió apelar al concordato. “La empresa cuando se presentó no estaba muerta. Otras empresas, en la misma situación, no se hubieran presentado, hubieran elegido otra estrategia”, añadió. No esperar a que fuera demasiado tarde fue uno de los diferenciales de El Emporio para lograr sobrevivir.

Si bien para Masliah no hay recetas mágicas para levantarse después de un golpe tan duro, su empresa lo hizo sobre la base de racionalizar costos, intentar reactivar las ventas y actuar con transparencia ante los proveedores.

Su director dijo que hoy El Emporio está saneado y “no tiene ninguna amenaza”.
“No tenemos endeudamiento y eso es una ventaja frente a una crisis”, agregó. Para Masliah esa es la gran lección que dejó 2002: no endeudarse.

Actualmente, tiene tres locales de venta al público –Rondeau, Tres Cruces y Costa Urbana- y esperan inaugurar un cuarto en el nuevo centro comercial Nuevo Centro para fines de 2013.

Mala fama
“Es como si usted tuviera una enfermedad y no fuera al médico; cuando va ya está todo el pescado vendido”. Así se refirió a la herramienta del concordato –y a lo que suelen demorar las empresas en implementarlo– el abogado de Pollos Tenent, Franciso Del Campo. Del Campo fue el encargado de realizar el concordato que pidió la empresa avícola en 2002.

“Muchas veces las empresas no agarran los concursos sino cuando ya están en el CTI y entonces ya no hay mucho para hacer”, sostuvo el abogado, quien admitió que el concordato “tiene mala fama”. “Como remedio no es malo; puede de repente ser inocuo o excesivo”, agregó.

Del Campo recordó que la crisis de 2002 determinó un problema financiero para la empresa. “Cuando caen los bancos y se corta el crédito bancario, eso determinó que no hubiera forma de financiación”, explicó el abogado. El concordato aparecía como la única solución posible: “era eso o si no la iban a desguazar”.

La empresa se vio obligada a hacer cambios: la mitad de los locales de venta tuvieron que cerrar y también redujo su cantidad de empleados.

El concordato que realizó Pollos Tenent fue a 10 años y se terminaría de pagar en 2014. “La empresa va pagando el concordato y tiene las dificultades de un mercado que no es expansivo. Por más publicidad que se haga, no aumenta el consumo”, manifestó Del Campo.

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