Fútbol > EL ANÁLISIS

Volvió el Peñarol soporífero y se despidió del Apertura

Fuera de la iniciativa y dinámica de Facundo Torres, el equipo careció de todo: gestación, llegada, profundidad, y Saralegui se demoró una enormidad con los cambios ofensivos

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09 de septiembre de 2020 a las 20:04

Peñarol entró al Saroldi con una sola obligación: ganar. No había otra para seguir al menos, pendiendo de un hilo, pero con esperanzas de llegar a pelear aún por el título del Apertura.

Pero no solo no pudo ganarle a River Plate (empataron 0-0), un equipo muy irregular y que no mostró prácticamente nada, muy lejos del nivel mostrado el año pasado casi con el mismo plantel y técnico– sino que careció de todo lo que se necesitaba para conseguir esos tres puntos necesarios como el aire.

El equipo de Mario Saralegui no hizo merecimientos para ganar. 

Solo tuvo iniciativa con el único futbolista que esta vez mostró algo diferente: el juvenil Facundo Torres quien este miércoles cumplió siete partidos en Primera división. El resto, salvo el buen desempeño defensivo de Giovanni González y una atajada en tiempo de adición de Kevin Dawson –quien pretende volver a su nivel luego de dos encuentros en los que bajó muchísimo como contra Wanderers y Liverpool–, ante Mauro Da Luz con la que salvó la victoria rival, no se puede nombrar a nadie más destacado.

Saralegui apostó a 10 de los mismos 11 que entraron de titulares y le ganaron el sábado a Liverpool 3-2. Gary Kagelmacher no jugó por una contractura y su lugar lo ocupó Rodrigo Abascal. Los demás, fueron los mismos. ¿No se trataba de una apuesta arriesgada teniendo en cuenta la seguidilla de partidos? Por lo visto sobre todo en el segundo tiempo en el que varios futbolistas se mostraron exhaustos, se puede decir que sí.

Entonces esta vez no apareció un futbolista que había sido fundamental ante los negriazules: David Terans.

Al media punta se lo vio apagado, cansado, sin reacción, errático en los pases, sin ideas.

La dependencia del chiquilín de 20 años se hizo extrema. Era todo Facundo Torres. Y en el primer tiempo, parecía que iba a funcionar. Porque él sí generó, se proyectó, marcó el pase, habilitó notablemente a Xisco –quien, pese a estar en posición adelantada, de cabeza, igual otra vez marraba un gol hecho–, tocó de primera y con el paso de los partidos muestra que ha ganado mucho en confianza. Tanto fue así que promediando el segundo tiempo, el técnico rival, Jorge Fossati, le cambió la marca –ya había hecho sacar dos amarillas a sus jugadores– y le puso a Nicolás Rodríguez para tratar de pararlo.

Lo que le faltó a Saralegui fue arriesgar. Cuando en el segundo tiempo se veía que el gol no iba a llegar por ningún lado y volviendo al principio del análisis, su equipo necesitaba ganar de forma imperiosa, debió buscar alguna variante de mitad de cancha hacia arriba. Esperó y esperó y cuando las hizo, faltaban 6 minutos para terminar el partido e incluso, se guardó un cambio.

Se ve que el flamante entrenador no encuentra la confianza necesaria en los futbolistas que tiene en el banco. Porque podía haber apostado por variantes más tempranas o también darle ingreso a Matías Britos para tratar de buscar otras intenciones ofensivas. No lo hizo. Parece que algunos nombres que eran trascendentes para Diego Forlán, como Krisztián Vadócz y el propio Britos, no cuentan con toda su aprobación.

Peñarol se mostraba muy posicional ante un rival que prácticamente se dedicó a defender y nada más.

El equipo de Saralegui no buscó entrar en pared, no encontró sociedades en el juego y eso, cuando las defensas se cierran como en este caso, es fundamental.

No tuvo ni una sola chance en todo el segundo tiempo (y en el primero, solo una mala salida de Gastón Olveira que le quedó a Fabricio Formiliano, pero le picó antes y no pudo definir). No hubo una sola pelota que atajara el arquero de River. Poquísimo para un equipo que pretende ser campeón y que cuenta con el plantel más caro del medio.

Son muchas las ventajas que sigue dando Peñarol y las está pagando caras. El español Xisco no logra entrar en el engranaje del equipo. No lo pudo hacer con Forlán y tampoco con Saralegui en estos dos encuentros. Pierde siempre en los mano a mano, no genera diagonales, juega en posiciones muy fijas y lo peor para él y para el equipo, no convierte.

Facundo Pellistri lleva ya unos cuántos partidos en los que no aparece y no logra desnivelar. Lento en sus movimientos, flojo en las transiciones. A su vez, Joaquín Piquerez, sabe desbordar, pero nunca mete bien el pase al medio.

Saralegui optó por dejar a Cristian Rodríguez casi hasta el final y el Cebolla, quien no desentonó dentro de un panorama muy mediocre, estaba muy cansado. Allí se nota que el nuevo técnico quiere depositar su confianza en un futbolista de los históricos de este plantel. No obstante, también debe tener en cuenta que la seguidilla de partidos cansa a todos los futbolistas y más a él. Y así se pueden seguir sumando causas de este rendimiento del equipo que dista mucho de tener concepción de juego.

Si bien los números aún dicen que Peñarol tiene chances de lograr el título, la realidad muestra una cara totalmente diferente, lejana, y ya suena el réquiem de la despedida de este torneo.

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