Salen de una y se meten en otra. Los blancos no terminan de levantar cabeza como para poder mirar hacia octubre sin tener que andar dando explicaciones a terceros o tratando de zurcir lo que se rompió por acciones ajenas a sus adversarios.
Ya diluido el recuerdo de casos pesados como los que involucraron al excustodia presidencial Alejandro Astesiano o al narcotraficante Sebastián Marset, la interna del Partido Nacional fue revolucionada por la designación de la exsindicalista Valeria Ripoll como compañera de fórmula de Álvaro Delgado. Aquellos que apoyaron la precandidatura de Laura Raffo –pero también buena parte de quienes eligieron a Delgado- se mostraron entre sorprendidos e indignados por la aparición de Ripoll y así lo expresaron públicamente o en reserva.
Desde aquella noche del 30 de junio en la que se escucharon algunos silbidos frente a la sede de la calle Juan Carlos Gómez, los dirigentes blancos fueron aceptando con más o menos ganas el “cambio de paradigma” propuesto por Delgado y se alinearon detrás de la estrategia del candidato presidencial.
Pero, una vez superado ese escollo, a la vuelta de la esquina a Delgado lo aguardaba el affaire Caram. La condena judicial del intendente Pablo Caram y de la diputada Valeria Dos Santos por hechos de corrupción vinculados a horas extras aprobadas sin ningún sustento, puso otra vez a la defensiva a los blancos quienes no solo tuvieron que soportar las críticas del Frente Amplio sino que protagonizaron, otra vez, desencuentros internos por estos episodios que obligaron a la renuncia de los dirigentes involucrados.
Mientras Delgado habló de “irregularidades”, el dirigente herrerista Luis Alberto Heber repudió los “vergonzosos” hechos de “corrupción” ocurridos en la frontera, mientras que el senador de Alianza Nacional, Carlos Camy, se quejó por la desidia demostrada por el directorio blanco ante las fechorías cometidas en Artigas qué él mismo se había ocupado de denunciar hace más de un año.
Pasadas más de dos semanas de la condena de la justicia y de la inhabilitación para ejercer cargos públicos que recayó sobre los Caram y De los Santos, el Partido Nacional intenta recomponerse en tanto que el Frente Amplio pugna por mantenerlo con los brazos a la defensiva, intentando parar golpes en lugar de darlos.
¿Qué hacer?
¿Qué harán los blancos para salir de las cuerdas y ganar el centro del ring? Los nacionalistas tienen sobre la mesa dos asuntos a los que planean sacarles todo el jugo. Uno es el del plebiscito contra la reforma de la seguridad social que impulsa el PIT-CNT y buena parte del Frente Amplio, entre ellos el Partido Comunista y el Socialista, sectores que respaldaron a Carolina Cosse en las elecciones internas. Economistas de todas las tendencias han advertido sobre los riesgos que supone esa iniciativa que además propone la eliminación del sistema de Afaps.
El candidato presidencial del Frente Amplio, Yamandú Orsi, está en contra del plebiscito pero Cosse aún no se ha manifestado sobre el asunto. En esas contradicciones golpeará el Partido Nacional con el presidente Luis Lacalle Pou como uno de sus principales arietes. El mandatario analiza cómo encarará la defensa de la reforma que llevó adelante incluso contra la opinión de algunos de sus propios correligionarios. Por lo pronto, durante su discurso en el Día del Exportador, Lacalle Pou eligió pegar sobre ese clavo. "La gran pregunta no es si van a votar en contra o a favor de la reforma, la pregunta es qué van a hacer. Obvio que me importa el resultado del 27 de octubre, pero ¿qué es lo que van a hacer con esta reforma? Porque propuestas no hubo y tiempo tuvieron", sentenció.
Además, los blancos intentarán que juegue a su favor el plebiscito que permite los allanamientos nocturnos, hoy prohibidos por la Constitución, con el afán de combatir el narcotráfico y, especialmente, las bocas de venta de drogas que operan mayormente en la noche.
¿Qué harán los blancos para salir de las cuerdas y ganar el centro del ring? Los nacionalistas tienen sobre la mesa dos asuntos a los que planean sacarles todo el jugo. ¿Qué harán los blancos para salir de las cuerdas y ganar el centro del ring? Los nacionalistas tienen sobre la mesa dos asuntos a los que planean sacarles todo el jugo.
La iniciativa impulsada por el senador Carlos Camy tiene, según encuestas, un amplio respaldo entre la mayoría de los votantes y el Frente Amplio deberá explicarse muy bien a la hora de contar por qué se opone a esa estrategia de seguridad. Pero, antes que nada, para salir del atolladero en el que lo metieron los Caram y compañía, los blancos apelan a la “jugada económica” con el afán de convencer a los uruguayos que durante la gestión de Lacalle Pou los números mejoraron, y que el Frente Amplio amenaza con desordenarlos.
El oficialismo nacionalista tiene una fijación con el cuidado de las cifras macroeconómicas, tanto que Delgado manejó la posibilidad de llevar como compañera de fórmula presidencial a la ministra Azucena Arbeleche. Desde el gobierno consideran que allí la izquierda muestra uno de sus talones más débiles ahora que ya no cuenta con la figura de Danilo Astori y que los sectores moderados del Frente Amplio son franca minoría en la coalición opositora. Es así que desde el Partido Comunista ya han cuestionado la posible designación de Gabriel Oddone como eventual ministro de Economía de Yamandú Orsi.
Tanto comunistas como socialistas consideran que Oddone no representa los valores tradicionales de la izquierda y que sus posturas –por ejemplo, se opone al plebiscito de la seguridad social- se parecen mucho a la de los economistas blancos y colorados.
Por su parte, los nacionalistas buscarán contrastar las diferencias en el FA con la figura del expresidente del Banco Central, Diego Labat, quien conoce los vericuetos del Estado y que proviene del mundo financiero, y a quien este jueves Delgado presentó oficialmente como su eventual Ministro de Economía.
Con el mensaje de continuidad de la línea económica los blancos buscan recuperar la iniciativa y obligar a la oposición a un debate que puede resultarle incómodo: tiene que alinear a sus exponentes técnicos y políticos más moderados para no espantar a los votantes de centro, y a la vez explicar cómo es que una parte de la coalición impulsa una temeraria eliminación de las Afaps.
La apelación a las seguridades económicas no es nueva en tiempos de campaña. De cara a la elección de 2004 Tabaré Vázquez echó mano a la figura de Danilo Astori para dar certezas al mercado en el primer gobierno de la izquierda en Uruguay. Luego fue José Mujica quien ofreció las garantías de Astori y su equipo.
Las necesidades del bolsillo y la moderación uruguaya volverán a definir buena parte de los votos en una elección que, por ahora, se muestra dificultosa para un Partido Nacional al que, para peor, las últimas encuestas lo muestran perdiendo pie ante el Partido Colorado. Pero ese es tema para otra Pincelada.