El nuevo Global Investment Risk & Resilience Index 2025, elaborado por Henley & Partners en colaboración con AlphaGeo, mide la capacidad de los países para atraer y proteger inversiones en un contexto de creciente volatilidad global. El estudio combina dos dimensiones: el riesgo, entendido como el conjunto de vulnerabilidades que pueden afectar el desempeño de las inversiones, y la resiliencia, definida como la capacidad de un país para resistir y adaptarse a choques económicos, políticos o climáticos. A partir de trece indicadores y cerca de tres mil datos, el índice ofrece una puntuación de 0 a 100 y clasifica a los países en cinco categorías de atractivo para la inversión.
En esta edición, Uruguay se ubicó en el puesto 34 del mundo con 69,28 puntos, dentro de la categoría de Perspectiva favorable (Favorable Outlook). Se posiciona entre Polonia (33º, 69,53) e Israel (35º, 69,07) y encabeza el listado de América Latina por delante de Chile (43º, 67,13) y Costa Rica (51º, 64,78). A nivel global, el ranking está liderado por Suiza, Dinamarca, Noruega, Singapur y Suecia, mientras que los últimos lugares corresponden a Líbano, Haití, Pakistán, Nigeria y Sierra Leona.
El desempeño uruguayo se apoya en un riesgo total muy bajo de apenas 21,1 puntos, una cifra que lo coloca por debajo de todos los países de América Latina. Solo Costa Rica (23,9) y Chile (25,9) se aproximan a ese nivel de estabilidad. Dentro de los indicadores específicos, destacan la baja inflación (0,13) y la alta estabilidad política (0,17), dos factores que contribuyen a reducir la incertidumbre y fortalecer la previsibilidad. También se observan niveles controlados de volatilidad cambiaria (0,23) y un riesgo climático físico relativamente bajo (0,20). En cambio, el área de riesgo legal y regulatorio (0,32) continúa siendo un espacio con margen de mejora, aunque está segundo en la región después de Chile (0,30).
En materia de resiliencia, Uruguay alcanzó 59,7 puntos, lo que lo ubica en la categoría de Alta resiliencia, prácticamente al mismo nivel que Chile (60,13) y por encima de Costa Rica (53,48). Sus principales fortalezas se encuentran en la resiliencia climática (0,85), la calidad de la gobernanza (0,77) y el progreso social (0,75), tres dimensiones que sostienen su estabilidad institucional y su capital humano. También presenta un espacio fiscal positivo (0,62), que le permite mantener margen de maniobra ante eventuales crisis. En el otro extremo, la inversión (0,35) y las cuentas externas (0,46) continúan siendo factores moderadamente débiles frente al promedio regional, mientras que el nivel de complejidad económica (0,53) -una medida de la diversificación y sofisticación productiva- ubica a Uruguay entre los países más avanzados de América Latina, sólo por detrás de México.
Comparado con el resto de América Latina, Uruguay consolida una combinación singular de riesgo muy bajo y resiliencia alta, un equilibrio poco frecuente en la región. Chile, con 67,13 puntos, muestra fortalezas fiscales (0,76) e institucionales (0,69); Costa Rica, con 64,78, se destaca por su gobernanza (0,60); y Panamá, con 64,83, muestra un perfil favorable por su alto nivel de inversión (0,87). Más atrás aparecen Perú (58,74) y Ecuador (58,54), ambos con riesgo y resiliencia medios; Paraguay (57,43), que mantiene una situación fiscal sólida (0,75); y Brasil (55,09) y México (55,50), ubicados en la categoría de Lista de riesgo (Risk Watchlist) debido a su riesgo alto. Argentina, en el puesto 113 con 52,20 puntos, también figura en esa categoría, afectada por un riesgo total de 42,3 y un espacio fiscal muy limitado (0,07), pese a su buen desempeño en progreso social (0,77) y resiliencia climática (0,81).
El liderazgo uruguayo dentro de la región tiene muchas causas. Su estabilidad macroeconómica y política parece brindarle cierta protección ante las tensiones globales que hoy están sacudiendo al mundo, mientras que la fortaleza de sus instituciones y el tejido social sostienen una gobernabilidad con un activo poco común en América Latina: la previsibilidad. A esto se suma una reconocida gestión climática, que reduce riesgos de pérdida de capital y mejora la confianza de largo plazo.
Con un puntaje que combina riesgo “muy bajo” y resiliencia “alta”, Uruguay se consolida como uno de los destinos de inversión más confiables de América Latina. Su desempeño lo coloca en la franja de los países con Perspectiva favorable (Favorable Outlook), junto a economías avanzadas que ofrecen previsibilidad institucional y estabilidad estructural. En un contexto internacional signado por la incertidumbre, la capacidad de sostener ese equilibrio va camino a convertirse en su principal activo estratégico.