6 de julio de 2026 5:00 hs

El bajo precio del arroz tiene a los productores del mundo, no solo a los uruguayos, a la defensiva. El área de siembra cae en distintos continentes. Es fuerte la señal de un competidor en el segmento grano largo, donde Uruguay es protagonista: en 2026 Estados Unidos sembró un 28% menos que el año anterior, la menor superficie desde 1972.

Menos área de arroz en el mundo

En Arkansas, el estado que produce más de un tercio del arroz estadounidense, la caída llegó al 34%: pasó de 520 mil hectáreas a poco más de 340 mil.

La cooperativa Riceland Foods, una de las mayores del país, tuvo que cerrar parte de su red de secadoras de grano por falta de volumen. No es una anécdota local: es una señal de que, a los precios actuales, ni siquiera algunos de los productores más tecnificados del mundo encuentran rentable seguir plantando arroz.

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  • Australia recortó un 20% su área por falta de agua de riego y por precios bajos.
  • Argentina, achicó un 12%, con provincias como Entre Ríos —la principal productora del país— cayendo cerca del 13% y con el gremio local advirtiendo que uno de cada cuatro productores podría directamente abandonar el cultivo esta campaña.
  • Uruguay también cultivó menos: 165.554 hectáreas en la zafra 2025/26, un 9,5% menos que el ciclo anterior.

Mal de muchos no puede ser un gran consuelo, pero la apuesta local es a que el área baje menos que en otros países, y para eso hay dos argumentos clave: la alta productividad y en forma creciente la sostenibilidad del arroz uruguayo certificado.

La diferencia no es de dirección —todos los grandes exportadores están sembrando menos— sino de magnitud: mientras el mundo se retira del arroz a un ritmo de entre 12% y 28% según el origen, Uruguay lo está haciendo a menos de la mitad de esa velocidad.

Un mercado caído a la espera de El Niño

Las existencias globales rondan un récord de 187 millones de toneladas, concentradas en su mayoría en India y China, y los precios de referencia —el arroz tailandés, el índice de cereales de la FAO— están en los niveles más bajos desde 2017.

Pero también hay una esperanza en camino: El Niño cada vez más grande que se está formando pende como una amenaza fuerte sobre los cultivos asiáticos y eso combinado con la caída de área puede generar un rebote del precio que puedan captar quienes sostienen el área.

Es una apuesta que no está libre de riesgos. Los precios internacionales por ahora muestran una recuperación tímida y el precio en Brasil es un ejemplo de ello.

Pero el camino de la sustentabilidad, sin necesariamente mejorar los precios, eleva fuertemente la fluidez de la comercialización. Especialmente en mercados de alto poder adquisitivo que están en proceso de apertura.

Lo que realmente cambia con Europa

El 17 de enero de 2026 se firmó en Asunción el acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), que empezó a aplicarse de forma provisional el 1° de mayo.

Para el arroz, el acuerdo establece una cuota de 60.000 toneladas libres de arancel, a alcanzarse en cinco años con incrementos de 10.000 toneladas por año.

En este, el primer año, por ser parcial, la cuota es de apenas 6.667 toneladas y se agotó en pocas semanas: por ahora el cupo es la ley de la selva, el que primero vende, ocupa cuota.

Uruguay se quedó con el 63% de esa cuota inicial, gracias en buena medida a ser el único socio del Mercosur que cumple integralmente con los requisitos sanitarios que exige la Unión Europea.

El arancel que se evita no es menor: entre 40% y 45% sobre el valor. Sea cual sea la cifra exacta según el tipo de producto, el punto es el mismo: es uno de los aranceles más altos que enfrenta cualquier exportación uruguaya, y el acuerdo lo lleva a cero dentro de la cuota.

Con Europa como destino de apenas el 6% o 7% del arroz uruguayo hasta ahora, y un mercado de 450 millones de consumidores por delante, ahí hay un margen de expansión real —aunque, como en la carne, el cupo final para cada país del Mercosur, está sin resolver entre los cuatro socios—.

El sello SRP: qué es, y qué todavía no es

En paralelo al acuerdo comercial, la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA) avanza en un plan piloto de certificación bajo el estándar de la Sustainable Rice Platform (SRP), la primera norma voluntaria de sostenibilidad del mundo para el arroz.

En marzo de 2026, técnicos de la producción, la industria y la investigación —incluida INIA— completaron en Treinta y Tres la primera capacitación presencial de la región sobre el estándar, de la mano del verificador internacional Preferred by Nature.

Molinos como COOPAR, Casarone y SAMAN ya están certificados o en proceso.

Hoy ya hay cerca de 30.000 hectáreas arroceras uruguayas certificadas bajo SRP: aproximadamente una de cada seis del total nacional.

Todavía no hay premio en el precio, pero no por eso deja de ser importante.

El representante de la Gremial de Molinos Arroceros, Daniel Gonnet, lo explicó en forma simple: la certificación va en camino de convertirse cada vez más en una condición para entrar a ciertos mercados de alto valor, y a partir de ese ingreso en una herramienta para diferenciarse.

Algo que fue de consenso en el segundo seminario sobre Sustentabilidad en arroz realizado en INIA Treinta y Tres. La certificación abre la puerta y a partir de ahí, llegando antes que otros competidores ir por el mejor lugar en la vidriera en estos mercados.

Una matriz de organización de la producción

El estándar SRP define 41 requisitos de manejo y 12 indicadores de desempeño que incluyen a la rentabilidad, además de parámetros de calidad de agua, nutrientes, emisiones, y aspectos sociales como el respeto de la normativa laboral.

Exige cierto papeleo, pero también ayuda a ordenar. Dadas las ventajas que Uruguay tiene en términos ambientales no lleva a cambios drásticos de los sistemas productivos. Y hace sinergia con la productividad. Por ejemplo, es notable el bajo uso de nitrógeno en la fertilización considerando los casi 10 mil kilos que se producen por hectárea.

El arroz uruguayo es de muy bajo nivel de nitrógeno agregado por tonelada. Mejorar las fuentes de nitrógeno también mejora el posicionamiento. Y así con decenas de variables de manejo que son sistematizadas por el índice.

Esto da a Uruguay algo que, como en carne vacuna, es difícil de emparejar para otros exportadores de la región: una oferta exportable estable, trazable y verificada por un tercero, justo cuando los tres competidores del Mercosur achican su producción y el mundo, cada vez más, exige demostrar y no solo declarar que un alimento fue producido de forma responsable.

Esa combinación —arancel cero hacia un mercado de 450 millones de personas, cumplimiento sanitario que ningún otro socio del Mercosur exhibe por completo, y un estándar de sostenibilidad ya en marcha con respaldo científico de INIA— no sube el precio del arroz mañana.

Pero si los competidores siguen resignando área a este ritmo, arma una historia distinta: la del país que, cuando el mundo vuelva a necesitar arroz, va a ser de los pocos que resiste, sostiene el área y se consolida como un proveedor no solo de más calidad sino también de oferta más estable.

En paralelo, atrae a inversores que buscan seriedad y diferenciación. Está aterrizando con un acuerdo muy importante en miles de hectáreas el gigante australiano Sun Rice. Con sus variedades, su logística y su marca pero a producir donde hay agua cuidada. Esa que en Australia, cambio climático mediante, es cada vez más escasa.

Pocas veces se ve un ejemplo tan contundente de sinergia entre el cuidado ambiental y la competitividad. En las buenas. Y en las malas mucho más.

Productores: una batalla difícil

Los vaivenes internacionales dejan al sector expuesto a niveles de costos que hacen compleja su viabilidad por la falta de competitividad del país, afirmaron los productores en la asamblea de la ACA el viernes 26 de junio.

Con US$ 2.100 de costo por hectárea, el rendimiento de equilibrio queda en la estratósfera a partir de los precios actuales.

La baja interanual de más de 40% en el precio de exportación –de US$ 700 a US$ 450 por tonelada- se trasladó a un precio provisorio del arroz al productor que fue establecido en US$ 9,10 por bolsa (US$ 182 por tonelada), para un precio que incluye devolución de impuestos.

Es todo un desafío la próxima siembra. Es el precio más bajo en siete años y 13% inferior que el precio definitivo de US$ 10,50 de la zafra anterior.

Las otras estrategias de resistencia incluyen el manejo de las exportaciones.

  • El precio fue acordado con el 34% de la cosecha comercializada —porcentaje similar al del año pasado y por debajo del 40% a 45% habitual— lo que deja el 65% de la zafra aún por vender, con expectativa de que los precios que hicieron piso en febrero y marzo sigan mejorando en el segundo semestre, dijo el presidente de la ACA, Guillermo O’Brien.
  • El mercado se ha venido fortaleciendo y no ha habido apuro por vender e incluso al comienzo de la zafra se optó por no convalidar algunos negocios de arroz con cáscara apostando a que los precios se afirmaran con el correr de los meses, indicó el presidente de la Gremial de Molinos Arroceros, Diego Nicola. Este año la composición de las ventas viene cambiando con una disminución de la proporción del arroz cáscara, mientras aumenta el volumen de arroz procesado, indicó.

En Uruguay el precio de la tonelada de arroz procesado repuntó 13% entre marzo y junio, de US$ 445 a US$ 502 por tonelada, según Aduanas.

El arroz de Vietnam muestra una suba de 17% desde el piso de marzo y 25% en el caso de Tailandia mientras que la referencia de Estados Unidos se mantiene estable en US$ 550 por tonelada.

En esa tensa espera de la gradual suba de precios para dinamizar las exportaciones de arroz en el segundo semestre “hay varias señales alcistas” apuntó el titular de la Gremial de Molinos, como la menor producción de EEUU, en Centroamérica y en el Mercosur, mientras que en Asia el fenómeno de El Niño provoca menores lluvias, atrasos en las siembras de algunos países y expectativas de menor producción.

"El efecto precio en los años Niño ha sido por demás saludable si uno mira los años anteriores", señaló O'Brien, aunque también implica riesgo productivo para Uruguay.

A esto se suman las distorsiones generadas por la guerra y la situación en el Estrecho de Ormuz, que afectan la logística y los mercados exportadores de Medio Oriente como Irán.

Los principales mercados continúan siendo México (161 mil toneladas), Unión Europea (113 mil), Brasil (105 mil), sin grandes cambios respecto al año pasado.

Como novedad, este año se enviaron más de 20 mil toneladas de arroz cargo hacia Turquía, un destino que no había participado en la campaña anterior. También están proyectados embarques de arroz cargo hacia Panamá, Costa Rica y Venezuela.

El debate por el costo industrial

En la Asamblea en que se fijó el precio provisorio, ACA calificó de "inaceptable" la estimación del costo industrial presentada por los cuatro molinos que integran el precio convenio y que mostró una suba de entre 11% y 12% respecto al costo que conformó el precio definitivo de la zafra pasada.

La estimación de costos responde principalmente al incremento de los principales componentes del costo industrial: fletes, energía, combustibles, mano de obra y el tipo de cambio que no favorece, así tarifas portuarias y los sobrecostos derivados de las distorsiones logísticas que afectan las exportaciones.

"A los productores nos queda la incertidumbre de si el sector industrial, la Gremial de Molinos, tiene interés de mantener el sistema de precio convenio", establece el comunicado de la ACA, una declaración que sorprendió a los molinos por no haber sido un tema tratado en los ámbitos de la cadena.

“Tenemos que ir a una economía de guerra para abaratar ese costo”, señaló O'Brien en Tiempo de Cambio de Radio Rural, y reclamó que “la estructura industrial tiene que readecuarse y eso puede implicar tomar medidas drásticas y extraordinarias: despido de personal, cierre de alguna planta".

La reducción de costos y la mejora de la gestión es analizada en forma constante a nivel de las industrias, sostuvo Nicola.

Los arroceros y el auxilio financiero

En paralelo, el sector avanza en una herramienta financiera impulsada por los productores que constituiría un préstamo puente estimado en US$ 80 millones, con créditos de hasta US$ 500 por hectárea a pagar en 7 a 10 años, y un aporte a definir para conformar un fondo solidario.

La disponibilidad efectiva del dinero no estará hasta la primavera, sobre la siembra.

Pero si la definición política se confirma, productores e industria podrán ir preparándose para la siembra.

El objetivo es que una herramienta financiera que le permita al sector rearmar sus finanzas y enfrentar la siembra en la primavera y mitigar el ajuste de área que presionaría aún más los costos fijos en el caso de un menor volumen de producción.

El BROU, por su parte, anunció en los últimos días medidas de auxilio que incluyen reperfilamientos de deudas.

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