La estrategia de Paraguay para captar inversiones uruguayas en el agro: hectáreas desde US$ 800, baja carga impositiva y nuevos regímenes de incentivos
El arrendamiento agrícola, la producción por administración propia, los joint venture y la gestión a través de terceros son algunas de las formas más extendidas de inversión extranjeras en este país
5 de febrero 2026 - 10:08hs
En el Chaco paraguayo la principal actividad es la ganadería
Actualmente, los uruguayos poseen cerca de dos millones de hectáreas en Paraguay y se ubican como el quinto mayor inversor extranjero en el agro de ese país. Sin embargo, desde el gobierno paraguayo entienden que todavía hay margen para profundizar ese vínculo.
“En los niveles de productividad estamos bajos todavía a nivel regional y tenemos mucha oportunidad para seguir creciendo”, señaló Marco Riquelme, viceministro del Ministerio de Industria y Comercio de Paraguay. En ese camino, agregó, los inversores uruguayos, con un mayor nivel de desarrollo tecnológico en el agro, son claves para avanzar a un “segundo nivel”.
“El motivo por el cual el Paraguay está enviando tantos delegados a un foro como este es porque va de la mano del proyecto del presidente Peña por posicionar a Paraguay en el ecosistema mundial de industrialización y de comercio. Paraguay toda la vida fue un país importador, un país que venía trabajando callado y hoy estamos ya listos como para poder salir a posicionarnos en el mundo”, sostuvo uno el representante del gobierno paraguayo, en el marco de Agro en Punta.
Para avanzar en ese objetivo, el gobierno apuesta a una estrategia de regímenes de incentivos, que van desde el conocido régimen de maquila hasta nuevas propuestas que ofrecen beneficios a inversores minoritarios. A esto se suma la promoción de ventajas como bajos costos impositivos, posibilidad de escala y precios de la tierra comparativamente menores a los de Uruguay, con valores que comienzan desde US$ 800 por hectárea.
“Paraguay es un país en el que el gobierno es amigo del empresario, y el gobierno se pone contento cuando el empresario lucra; nosotros necesitamos que haya un sector privado pujante que se pueda desenvolver y se pueda seguir desarrollando”, sostuvo Riquelme.
En este sentido, Javier Viveros, viceministro de la Red de Inversiones y Exportaciones (Rediex) dependiente de este Ministerio, agregó que la última vez que se tocaron los impuestos en Paraguay fue en el 2004, cuando se bajó el impuesto a la renta. “Hoy tenemos 10% de IVA, 10% de renta empresa y 8% de impuestos al dividendo, son solo tres impuestos", sostuvo, y destacó por otro lado el grado inversor que obtuvo el país.
Según datos presentados en el foro, el sector agropecuario representa alrededor del 20% del PIB total y cumple un rol clave en el desempeño económico del país. En materia de comercio exterior, las exportaciones agrícolas concentraron 65% del total exportado en 2025, con la soja como principal cultivo, al explicar 29% de ese monto.
Dentro de los segmentos con mayores oportunidades, el gobierno paraguayo identifica a la ganadería porcina, aviar, el algodón y el biodiésel. En el caso del cerdo, los referentes de este país señalaron que Paraguay alcanzó el año pasado exportaciones por US$ 20 millones y tiene un plan para llegar a US$ 1.200 millones en los próximos ocho años. En ese camino, ya se concretó la primera gran inversión: el grupo Costa, de España, con US$ 300 millones y el desembarco de 45.000 reproductoras en un proceso que se desarrollará durante los próximos tres años. El algodón es otra producción que comienza a ganar protagonismo, especialmente en la zona del Chaco. En este escenario, ya operan industrias que abarcan toda la cadena, desde la desmotadora hasta la fabricación de prendas y textiles para el hogar, lo que impulsa una mejora en la productividad y un trabajo sostenido en genética de semillas. En la industria aviar, en tanto, también se registra un crecimiento relevante, con el anuncio reciente de una inversión de US$ 135 millones.
A este escenario se suma el impulso al biodiésel, con una ley en preparación que prevé elevar del 5% al 15% la mezcla obligatoria dentro del diésel en el país.
En términos de posicionamiento en los mercados internacionales, la estrategia de Paraguay busca diferenciarse de la de la región.
“Nosotros no tenemos relaciones diplomáticas con China continental, lo cual es una apuesta importante de nuestro país y no es una apuesta de este gobierno, sino que viene siendo una apuesta ya de varios gobiernos”, sostuvo Viveros. En este contexto, el gobierno paraguayo pone el acento en el mercado brasileño y regional, así como en países como Taiwán, con el que mantiene un acuerdo especial de arancel cero para el rubro ganadero.
En paralelo, avanzan en la apertura de mercados poco explorados por la región. Durante el último año logró abrir Singapur y Filipinas, trabajando principalmente con su producto emblema, la proteína, que fue allanando el ingreso a nuevos destinos. En esa misma línea, la estrategia oficial apunta a seguir fortaleciendo el comercio con otros países, sin perder de vista que “su China” está al lado, en referencia a Brasil, que hoy es el principal inversor extranjero en Paraguay.
Dos regiones, dos realidades de productivas diferentes
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La realidad del agro paraguayo se estructura en dos grandes regiones claramente diferenciadas desde el punto de vista productivo y de inversión: la Región Oriental y la Región Occidental, conocida como el Chaco paraguayo. Estas están separadas geográficamente por el río Paraguay. Según explicó Carlos Passerieu, productor agropecuario y presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios para un Chaco Sustentable, radicado en Paraguay desde 1987, esta división no sólo es territorial, sino también estratégica en términos de oportunidades productivas.
El Chaco, por su parte, ha sido históricamente dominado por la ganadería y hoy es su actividad principal. Sin embargo, en las últimas décadas el desarrollo agrícola también comenzó a tomar impulso con la llegada de grandes proyectos empresariales, incorporando progresivamente cultivos como trigo, algodón, maíz y sorgo.
Por su parte, en la Región Oriental predomina la producción de soja, trigo y maíz, con presencia complementaria de cultivos como chía y canola, además de una actividad ganadera relevante, especialmente en departamentos del norte como San Pedro y Concepción. La producción está mayoritariamente en manos de productores empresariales y profesionales, que representan alrededor del 90% del total del sector, y es en esta región donde se concentra la mayor infraestructura, la logística más desarrollada y prácticamente toda la inversión en investigación y desarrollo del país. Departamentos como Itapúa, Alto Paraná y Canindeyú lideran la producción de soja, mientras que el Chaco, pese a su incorporación más reciente, ya representa cerca del 10% del área agrícola nacional, con superficies que rondan entre las 300.000 y 330.000 hectáreas, un nivel que se ha mantenido relativamente estable en los últimos años.
En la región Oriental de Paraguay, las condiciones climáticas resultan especialmente favorables para la actividad agrícola. En esta zona, explicó el especialista, predomina un clima subtropical a tropical, con un régimen de lluvias adecuado que permite esquemas productivos intensivos. A esto se suma una amplia disponibilidad de agua para riego, que aún no está aprovechada en toda su magnitud, y una alta aptitud agrícola de los suelos.
En cuanto a los suelos, la región oriental se caracteriza por los llamados “suelos rojos”, reconocidos por su buen potencial productivo, aunque requieren un manejo adecuado de la fertilidad. En particular, es necesario reponer fósforo, nitrógeno y potasio, así como realizar correcciones de acidez, dado que presentan niveles de pH bajos.
En el Chaco paraguayo, si bien el clima es en términos generales similar, las temperaturas estivales suelen ser más elevadas. La región se caracteriza por atravesar un período seco que, por lo general, se extiende entre mayo y noviembre, lo que limita las alternativas productivas invernales. La disponibilidad de agua se concentra solamente en las zonas del norte y oeste, en cercanía con la frontera con Bolivia y se trata de un territorio con alta aptitud para la agricultura extensiva y con un fuerte potencial para la integración agrícola-ganadera. En cuanto a los suelos, estos son muy fértiles, y no necesitan la aplicación de fertilizantes.
¿Con todo esto a la vista, ¿cuál es hoy la principal zona de inversiones agrícolas? Para Passerieu, la respuesta es clara: el Chaco paraguayo, una región con menor desarrollo agrícola en comparación con la zona Oriental, pero que apunta con fuerza a la integración agrícola-ganadera.
Sin embargo, uno de sus desafíos es un perfil productivo marcado por la volatilidad climática. En los últimos años, la región atravesó períodos de sequía que impactaron de forma significativa en la producción, aunque, en términos históricos, el comportamiento climático muestra cierta regularidad. “Cada 10 años, tres son relativamente secos, entre tres y cuatro son normales y dos o tres presentan buenas condiciones”, explicó.
A estos factores se suman desafíos como la conservación y uso del agua, poco desarrollo en infraestructura y logística y la falta de seguros agrícolas.
En ese contexto, Passerieu subrayó que, pese a los riesgos, el Chaco mantiene un potencial de crecimiento relevante a mediano y largo plazo, lo que lo posiciona como uno de los principales focos de interés para nuevas inversiones agrícolas.
Los regímenes de incentivos actuales y los que se vienen
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Dólar en Uruguay
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Uno de los regímenes más extendidos en Paraguay es el régimen de maquila, que permite a empresas extranjeras procesar bienes o servicios destinados a la exportación con incentivos fiscales. Entre sus principales beneficios se destaca la aplicación de un tributo único del 1% sobre el valor de la factura de exportación o de los servicios.
“No existe impuesto a la renta, no existe impuesto al dividendo, no existe el IVA, es solamente un 1% total sobre las exportaciones finales de los productos, es un régimen que está específicamente pensado para exportadores”, señaló Riquelme. En ese marco, detalló que el régimen de maquila cerró el año pasado con US$ 1.300 millones en exportaciones, con 36.000 personas empleadas en Paraguay por las distintas empresas maquiladoras.
A este esquema se suman otros regímenes de incentivos. Entre ellos, el régimen de materias primas, que permite importar insumos que no se fabrican en Paraguay sin pagar aranceles, y un régimen nuevo de bienes de alta tecnología, orientado a complejizar las capacidades de la fuerza laboral y atraer inversiones por ejemplo vinculadas al ensamblaje de bienes.
“Otro régimen que también se utiliza bastante es el régimen 60-90, donde se pueden importar maquinarias de cualquier país del mundo sin pagar aranceles y sin pagar IVA. Si a esa misma máquina la importáramos a Argentina o a Brasil, estaríamos pagando más o menos 40% de los tributos entre IVA y aranceles”, sostuvo Riquelme.
En esta línea, Viveros adelantó que el gobierno paraguayo se prepara para lanzar un nuevo régimen orientado a atraer inversión extranjera. Según pudo saber El Observador, el instrumento permitiría acceder de forma rápida y simplificada a un certificado de inversionista a partir de una inversión mínima de US$ 200.000, además de habilitar el acceso a la residencia en Paraguay. La iniciativa, que no establecerá restricciones por tipo o sector de inversión, será presentada oficialmente durante este mes.
Las formas de inversión, los precios y los rendimientos del agro paraguayo
En este mercado existen distintas alternativas que van desde esquemas más tradicionales hasta modelos asociativos. En primer lugar aparece el arrendamiento, seguido por la producción directa para quienes adquieren tierras y producen en campo propio. A estas opciones se suman la administración agrícola, las asociaciones o joint ventures (unión de dos o más empresas), la gestión a través de terceros especializados y la integración agrícola-ganadera.
En el caso de los arrendamientos agrícolas, los valores varían según el estado productivo de la tierra y actualmente, los precios oscilan entre US$ 80 y US$ 120 por hectárea, dependiendo de la antigüedad y el grado de desarrollo de los bloques.
En tanto, a la hora de adquirir campos propios, en la región Oriental los precios oscilan entre 6.000 y 15.000 dólares por hectárea, con una fuerte variabilidad según ubicación y potencial productivo. Los valores más bajos se concentran en departamentos del norte como San Pedro, mientras que en la zona núcleo, donde los rindes de soja superan los 4.000 kilos, los precios pueden alcanzar los 15.000 dólares por hectárea. Si bien existen operaciones a esos valores, el número de compradores es limitado, ya que muchos inversores priorizan alternativas con menor desembolso inicial. En el Chaco, en cambio, los precios son sensiblemente más bajos. En el Bajo Chaco, predominan campos ganaderos con valores de entre 800 y 1.000 dólares por hectárea. En el Chaco Central, donde la agricultura avanzó con mayor fuerza en esquemas integrados con ganadería y producción lechera, los precios se ubican entre 1.300 y 2.000 dólares. Más al norte, en el Alto Chaco, cerca de la frontera con Bolivia, los valores oscilan entre 1.200 y 1.700 dólares por hectárea, reflejando un perfil de mayor riesgo, pero también de potencial de desarrollo a largo plazo. Otra modalidad en crecimiento es la gestión a través de empresas especializadas, que asumen de forma integral la administración del campo. En estos casos, la empresa se encarga de toda la operación productiva, le paga al propietario el margen acordado y cobra una comisión por el servicio de gestión, ofreciendo una alternativa para inversores que buscan exposición al negocio agrícola sin involucrarse directamente en la operación diaria.
En cuanto a los rendimientos, en la región Oriental se ubican entre 3.000 y 3.500 kilos por hectárea en soja, 6.000 a 7.000 kilos en maíz, 3.000 a 3.500 kilos en trigo y 5.000 a 6.000 kilos en arroz. En la región Occidental (Chaco), los rendimientos son menores: 2.000 a 2.500 kilos por hectárea en soja, 3.500 a 4.500 kilos en maíz, 1.000 a 1.500 kilos en trigo y 2.500 a 3.000 kilos en arroz.
El esquema de producción es de una agricultura empresarial, mecanizada y de escala. Según explicó Carlos Passerieu, cerca del 90% de la superficie agrícola se trabaja bajo siembra directa, con una rotación de cultivos bien establecida. En materia tecnológica, el sistema productivo utiliza agroquímicos y avanza en la adopción de herramientas de agricultura de precisión.
Paraguay vs Uruguay
Al comparar los sistemas productivos de Paraguay y Uruguay, para el presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios para un Chaco Sustentable las diferencias estructurales ayudan a explicar el atractivo del agro paraguayo para los inversores. Según explicó, en Paraguay el agro cumple el rol de motor central de la economía, con un peso alto en el PIB y una orientación fuertemente exportadora, basada principalmente en la soja y en esquemas de escala grande. A esto se suma una alta disponibilidad de tierra, un costo relativo más bajo y un sistema productivo extensivo y mecanizado, con siembra directa generalizada. La logística se apoya principalmente en la hidrovía fluvial, mientras que la carga impositiva es baja y la regulación ambiental se encuentra en proceso de crecimiento, lo que, de acuerdo con Passerieu, abre una alta oportunidad de expansión.
En contraste, para el experto, Uruguay presenta al agro como un sector estratégico, con un peso medio en el PIB, una estructura productiva de escala media y una disponibilidad de tierra más limitada, con costos más altos. Si bien ambos países comparten un modelo extensivo, mecanizado y con siembra directa generalizada, las diferencias aparecen con fuerza en la logística, basada en puertos marítimos, una mayor carga impositiva, una regulación ambiental alta y menores márgenes para la expansión productiva.