19 de junio de 2026 5:00 hs

La fibra óptica que Antel fue tendiendo casa por casa desde 2011 dejó una marca concreta en el bolsillo de los uruguayos.

Según un estudio académico que se propuso medir cuánto de esa mejora se explica por la tecnología y cuánto no, el ingreso por persona subió entre 5,2% y 6,7%,

Antel bautizó la iniciativa como "Fibra óptica al hogar" y, ya en 2011, la presentó con un objetivo amplio: el de "incorporar a todos los uruguayos a la autopista de la información y contribuir a la construcción de la sociedad del conocimiento". El despliegue, según aclaró el estudio, no estuvo centrado en la rentabilidad sino modernizar el acceso a internet del país.

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El trabajo académico es del investigador Juan Jung, de la Universidad Pontificia Comillas de España, y se publicó en mayo en la revista Telematics and Informatics.

El investigador uruguayo analizó los 19 departamentos del país entre 2008 y 2019 y comparó qué pasaba con los ingresos antes y después de que la fibra se volviera mayoritaria en cada zona. La conclusión, en palabras del autor: "la política ha sido exitosa en generar un aumento de los ingresos individuales promedio".

Un punto clave es que el efecto no se nota enseguida. La mejora aparece un tiempo después de que la fibra pasa a cubrir más de la mitad de las líneas del departamento. La razón, según Jung: tener el cable en la puerta no es lo mismo que usarlo, y exprimirlo para producir y ganar más lleva tiempo.

¿Por qué sube el ingreso? El estudio plantea varias vías posibles. Empresas más productivas que pagan mejores salarios, más acceso al empleo, teletrabajo, nuevas habilidades digitales que el mercado premia y ahorro de tiempo en trámites, banca y compras online.

Comparado con otros países, el número uruguayo es más bien moderado.

De Montevideo a Rocha, sin trámites ni costos

La cronología ayuda a dimensionar el alcance. La primera conexión se hizo en octubre de 2011 en Montevideo; en 2012 llegó la primera fuera de la capital y se cerró el año con unas 240.000 conexiones. En 2013 el servicio ya estaba en los 19 departamentos, cubriendo en promedio un tercio de la banda ancha fija.

La fibra se instalaba en la casa sin trámites ni costos para el cliente, y ese despliegue escalonado —a unos sí y a otros todavía no— le permite al estudio tratar el caso casi como un "experimento natural".

Lo que sí es claro es que la mejora no se repartió pareja. El estudio lo atribuye a que los despliegues "empezaron primero en la capital de cada departamento, favoreciendo así a los que ya estaban bien posicionados dentro de cada región".

Y es que la fibra se instaló primero en la ciudad principal de cada departamento, justo donde viven los hogares de mayores ingresos y más educados. Ellos fueron los primeros en sacarle el jugo. Fue un efecto de arranque que se fue diluyendo a medida que el cable llegó al resto.

El lugar de residencia también pesó. Donde la gente tiene más años de estudio, el impacto en los ingresos trepó a casi 8%, y en los departamentos con más hogares ya conectados llegó a 8,4%. En cambio, en los departamentos a más de 120 kilómetros de Montevideo, el efecto promedio no aparece como estadísticamente significativo.

Para Jung, ahí está el desafío que viene: el resultado es "fuerte evidencia a favor de la necesidad de complementar este tipo de políticas con otras orientadas a mejorar las habilidades digitales de la población".

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