8 de mayo de 2026 5:00 hs

En el tercer día, la vida vence al caos. Y el último disco de Dante Spinetta se abre camino en medio de un desorden mundial. Día 3. Un álbum con 12 canciones marcadas por el mestizaje de géneros y texturas sonoras que recuperó en para sus canciones. Funk, tango, bolero y R&B. Un camino sonoro que encuentra pulsos urbanos y matices de la música popular latinoamericana.

Cuatro años después de Mesa Dulce, Dante Spinetta tiene música nueva. Lo que sería una continuación de esa mesa de placeres del funk, de pronto se presentó como algo diferente. Una búsqueda personal sobre una inquietud colectiva. Casi religioso, como un canto de fe. “Un viaje de amor y de escape de la realidad”, diría en la presentación del disco.

Sobre el recorrido de Día 3, el caos de la tecnología, su vínculo con la plena y el candombe, el rescate de lo humano y qué le quiere dejar a los músicos del mañana, Dante Spinetta habló con El Observador.

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Día 3 viene a completar la trilogía que empezaste con Puñal (2017) y siguió con Mesa Dulce (2022). Con esa perspectiva, ¿cómo fue el proceso de este disco?

Fue largo y por momentos un poco intenso porque es un disco que originalmente iba a ser otra cosa. De golpe aparecieron canciones que empezaron a desafiar el concepto. Pensando en ella cambió el rumbo del disco porque iba a ser un disco más como Mesa Dulce, casi todo funkero. Tenía todo grabado, me faltaba cantar, pero de golpe empezaron a aparecer estas canciones. Apareció el Reset y Solos en la oscuridad. Había una necesidad de hablar de otra cosa más intensa. Grabé 26 canciones al final, pero me separé del material dos meses para limpiarme la cabeza y como productor del disco poder elegir. Es difícil porque uno tiene un attach emocional con las canciones. Pero tuve que decidir en base a la narrativa del álbum y al balance que quería que tuviera.

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También pensando que tenía que ver con este concepto de trilogía. Apareció así: Día 3. De golpe fue muy claro. Día 3 tiene en el título el concepto de resurrección, de espiritualidad, del día que la vida vence al caos. Hay un concepto de fe. Y también de hablar de cosas como la ansiedad y la soledad. Los picos de ansiedad que hay en la sociedad y que todos tenemos tienen que ver con el exceso de información que recibimos constantemente a través de las redes y no parar de consumir. Nuestro cerebro lo procesa de alguna manera en que a veces, hasta emocionalmente, te podés ir al carajo de golpe. Entonces empiezan a aparecer todos estos quilombos sociales que hay ahora y de desconexión humana. El disco trata de hablar de esas cosas en canciones como Maldito Frenesí o Soldado Espiritual. La propuesta musical es de volver a conectar también con las emociones, por eso viajé en el tiempo a buscar texturas del bolero o del tango, traerlas y mezclarlas. Porque esa intensidad es hermosa y el tango tiene un punto de conexión con el R&B y con el urbano también. El tango es muy rapero, por un lado también. Geo Ramma ya hacía tango y rap con G -Funk mezclado con tango en el año 95 acá en Argentina. Es algo que está en el aire de Buenos Aires. Estaba bueno hacerlo de otra manera, más R&B que hiphopero, pero hacerlo real.

Me interesa esto que decís del espacio intremedio. ¿Qué pasa en ese momento en el que te estás buscando?

En ese momento lo que tuve que hacer realmente fue vaciar la cabeza. Si seguía influenciándome por lo que sentía por cada canción en lo personal, como productor no iba a poder tomar la decisión. Te digo la verdad de lo que hice: era invierno y en ese momento nos quedamos con mi novia jugando un jueguito que lo terminamos como tres veces.

Una buena forma de vaciar la cabeza.

Exacto. Un juego que se llama Wukong. Tratando de no sentir la presión, porque había una presión de que este disco es importante para mí y tenía que tomar la decisión correcta. Me liberé un poco de ese peso relajando, conectando con el lado más humano de uno, como si fuera un plan más meditativo para después volver y tomar la decisión sin que sea tan drástica. Las canciones que sobraron, no es que sobraron. Algunas verán la luz, ¿por qué no? Pero algunas no. Algunas quedarán ahí, en el medio, en ese lugar que decís vos.

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Hablabas de esa búsqueda de otras texturas que son parte de una identidad que también es tuya. El tango, por ejemplo. Es algo que está sucediendo con muchos artistas: buscar una conexión más local que internacional. ¿Cómo ves esa búsqueda en tu música y en el ambiente?

Me parece que está bueno que haya una reconexión. De golpe también veo que hay un boom con cosas folclóricas. Mismo en Uruguay lo que está pasando con la plena, que volvieron a traer los tambores. A mí me parece buenísimo que las generaciones nuevas reconecten con la historia musical propia o con sonidos que van a seguir inspirando, son texturas increíbles y que tienen que ver con nuestra tierra. La música tiene que ver hasta con la flora y la fauna de cada lugar. Esa es la realidad. Escuchás compositores que tienen la influencia de dónde viven, vos escuchás a Jobim y escuchás a Río de Janeiro. Lo mismo cuando escuchás a Gardel o a Spinetta, escuchás a Buenos Aires. Y creo que eso es mágico. Todas esas texturas que tienen que ver con nuestra tierra y nuestros orígenes, y el cruce cultural que tenemos en Latinoamérica, el mestizaje que es algo que no lo tienen en otros lugares del mundo. Es nuestro y es un plus. Yo escucho a Prince como si viviera en New York, pero también puedo escuchar a Atahualpa.

¿Escuchás plena?

Mi hijo está empezando a laburar con un artista uruguayo que se llama Maida que se está desarrollando en España. Es uruguayo, entonces quiere meter la plena y viene del trap, es muy bueno escribiendo. Conozco, estoy al tanto. Pero obviamente el candombe es lo que más conozco. El otro estuve ahí en lo del Lobo. Nos juntamos todos, todo el crew de Kuryaki, el crew de Wos, el de YZY-A, en la casa del Lobo y nos mostró el taller. Estuvimos zapando largas horas, comiendo un asadito increíble y el Lobo, que es el gurú de los tambores, siempre te deja mucha enseñanza. Disfruto mucho porque cuando conecto con artistas reales como él, como Rada Padre –porque también estaba Mati y estaba Juli– me siento en casa y se genera una energía muy creativa. Este disco espero ir a tocarlo pronto a Uruguay porque tiene que ser parte de la historia de este disco y lo va a ser. Ya está casi confirmado, te diría. Es el segundo semestre del año.

Volviendo al disco, tenés colaboraciones que van desde De La Ghetto hasta Juanse y la Sinfónica Nacional Checa. ¿Qué necesitaba este disco? ¿Por qué fuiste a esos lugares a buscar a estos artistas?

En el caso de Juanse, siempre fui fan de Los Ratones y de Juanse como solista. Es un rockero de ley, de esos que ya casi no existen. Cuando tenía 15 años, siendo rapero y todo, iba a ver a Los Ratones. Me volvía loco con cómo escribe Juanse, cómo canta, con la fuerza que tiene. Un personaje tan singular que decías che, qué loco que existan personas con esa actitud arriba del escenario. Yo admiraba mucho las diferencias con uno también. Mira, esta persona en el flash que está y qué bueno que es. A Juanse en los últimos tiempos lo vi bastante. Le había gustado mucho Mesa Dulce, mi disco anterior, y cuando empecé a hacer este álbum, que también tenía este sampleo tributo a Charlie y es un funk argentino pero re picante, pensé en él. A nivel de acordes y la vuelta armónica, es como un rock. Y nos cruzamos: yo salía del Quilmes rock y él llegaba. Las dos combis eran iguales, yo me estaba subiendo y él abrió la puerta. Un segundo hablamos: che, boludo, ¿te subís un tema que estoy grabando el álbum?. Me dijo, boludo, de una, llámame, voy con toda. Se vino al estudio y lo hicimos. Y quedó increíble.

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Con De La Ghetto también un poco fue ese flash. Veníamos hablando hace bastante, nos encontramos en un par de Grammys, ahí en Las Vegas, y decíamos, che, papi, tenemos que grabar. A los dos nos gusta el R&B, el G-Funk. Entonces, cuando empecé a producir este track que tiene esa reminiscencia media noventera, bien G -Funk, pensé en él. Se lo mandé, le encantó y justo venía para Argentina. Nos juntamos acá en el estudio en Villa Urquiza también y lo grabamos. Quedó también un tema que me encanta. Es uno de mis favoritos del álbum.

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Todas las colabos que me gusta hacer –como en el disco anterior está Trueno y Catriel, y como está Fito en Pirámide o Dárgelos o Residente, o cuando grabo con Damas Gratis, Malafama o Julieta Venegas– tienen que ver con una conexión con algo real. Yo no voy a hacer colabos por plata o por estrategia. Aunque tengamos estilos diferentes, sabemos que somos reales, que nos podemos conectar y hacer algo que esté bueno. No es una estrategia.

Pasa mucho actualmente.

Sí, y es un garrón. No me gusta estar reforzado a eso cuando ves que no hay química. No va ni en pedo.

Lo que sobrevuela en el disco es esa fe en la humanidad en algún punto, la conexión en esa imperfección que nos separa de los algoritmos y la inteligencia artificial. ¿Es un disco que pone en valor la imperfección?

La imperfección es aceptar la forma. Es la forma del agua, no tiene forma. Y en la música es clave. Yo que tengo una pata en ambos mundos, porque soy de una generación que crecimos con música totalmente tocada sin máquinas. Crecimos sin internet. Hay cosas que no tienen que quedar atrás de ese viejo mundo, que es la humanidad. Me encanta la tecnología, pero la tecnología suprema para mí es el alma. La tecnología de Dios sigue siendo la tecnología superior. No hay que dejar que eso quede atrás. Y también el hecho de hacer música porque lo sentís, no porque te querés hacer famoso o porque querés plata nada más. Entiendo que hay un montón de gente que lo ve así, y está bien. Cada uno hace lo que quiere, pero para mí es otra cosa. Yo crecí viendo a los guerreros que sabés que vi y eso me inspiró a ser músico. Lo real, el amor por las cosas. En ese viaje estoy con mi sonido. Me puedo adaptar a que salgamos con singles antes, como ahora, y todo bien. Pero mis discos son discos conceptuales, no son singles. Son discos que tienen una narrativa entera.

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Ahora que lo tengo en vinilo y en CD no lo puedo creer, porque decís, wow, estuve un año y medio metido ahí. Por momentos duros, porque hacía frío, me separé, estaba triste en el estudio. Y de golpe haces una canción como Solos en la oscuridad, que la hice en un día: la compuse en el estudio, grabé la guitarra, la canté y me fui a mi casa a las seis de la mañana. Al otro día cuando me levanté era como ¿fue un sueño lo que pasó ayer? ¿Fue real todo? Estuve como quince horas sin parar adentro del estudio, pero quedó esa canción con la impronta real de ese momento y hablando de lo que tenía que hablar. Es mucho más que un disco, para mí es la vida hacer música. No es nada más hacer música, es mi vida, es lo que hago, es lo que soy. Entonces me lo voy a tomar con la seriedad que corresponde y también con el agradecimiento a eso. Si tenés el don de tocar un instrumento, de cantar, de escribir, de que la gente te siga, hay que estar agradecidos a eso en un mundo tan hostil como el que vivimos donde en este momento hay guerras, hay gente muriéndose y hay gente revolviendo la basura para comer. Hay que estar agradecidos y dar lo mejor de uno. Desde ese lugar, desde el agradecimiento siempre.

Te referís al amor con el que encaras tu proyecto y tu música. Mi religión es darte el amor que nunca te dio tu hombre, decís en Me quedo acá.

Está bueno que sacada de contexto la frase es mucho más linda, porque en el tema es más bardo porque estamos con Juanse rockeando. Pero es verdad: de alguna manera es “que nunca te dio el hombre”, la humanidad. Hay algo que para mí es re importante: hay un montón de generaciones nuevas que van a ser los músicos del mañana, y no solamente haciendo música sino también hablando siento que podemos dejar una influencia positiva para que tengan en cuenta también el corazón, más que nunca, en este momento del mundo. Y poner huevos. Obviamente, yo quiero ser funky. Tan importante como transmitir un mensaje es que la música funkee y eso está bien, pero en el mensaje hay canciones que son como bastiones para mí. Hay canciones en le disco que divertidas como Te Quiero o como Starlight, que son más livianas y son momentos positivos de ese día tres. Es el momento bailable del disco. Pero después hay canciones más intensas como Solos en la oscuridad, Maldito frenesí o Soldado Espiritual. Ojalá que deje una estela positiva.

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