Eso, de alguna manera, es lo que la mueve: propiciar el encuentro, el movimiento de los cuerpos, el contacto de las miradas. Y aunque sea poco habitual, decidió hacer el camino inverso. Tratar de llenar una sala de personas que bailen sus canciones aunque todavía no las conozcan. Este domingo 8 de noviembre Amanda se vuelve presente en el Centro Cultural Florencio Sánchez antes de su lanzamiento oficial en 2027.
Y este viernes hizo un único adelanto: Así nomás, la canción a la que invitó a Julieta Rada.
Antes de entregar el resto de sus canciones, Lenoir habló con El Observador sobre el proceso de sus segundo disco, el enojo que lo impulsa, la necesidad de bailar y la dimensión política de un arte que se nutre de la expresión humana. Lo que sigue es un resumen de la entrevista.
Tu madre, la actriz María Elena Pérez, compartió una foto donde se ve a una Isabel pequeña, con un vestido floreado, los ojos brillantes y el pelo suelto. ¿Qué creés que pensaría esa niña de esta mujer que está a punto de sacar su segundo disco?
No se me ocurre. Como niña era muy soñadora y muy ambiciosa. Mi ambición viene de pendeja porque nací viendo Disney Channel y High School Musical, entonces mi concepción de qué es ser cantante tenía mucha relación con esa cosmovisión del arte y con el arte como entretenimiento. Entonces creo que si me ve ahora por ahí piensa que yo no soy una cantante, porque claramente no soy Hannah Montana. Pero a la vez sucedieron muchas cosas que ni siquiera hubiese pensado, como tener una canción con Julieta Rada. Cosas inesperadas.
¿Cómo era entonces tu interés por la música?
Tenía dos mundos. Por un lado Hannah Montana y por otro tenía a Eduardo Mateo, Caetano Veloso o Maria Bethânia que se escuchaban mucho en casa. Como a los 11 años vi por la tele que había muerto Amy Winehouse y empecé a escucharla, me enamoré de su música; capaz que sin entender muy bien lo que decía pero me gustaba mucho la cadencia y la interpretación. Tenía mucho de todo.
Presentas Amanda este domingo en el Centro Cultural Florencio Sánchez. Es un disco que todavía no salió, no está en plataformas. Es como invitarnos a presenciar su nacimiento. ¿Hay una intención en este encuentro de valorar lo humano sobre lo digital?
Totalmente. Siento que es la vida misma. Es algo con lo que yo también lucho muchísimo. Todes laburamos un montón con las redes sociales entonces hay algo de intentar generar estos espacios de encuentro con el oyente, con el que baila o con el vecino también, porque el lado vecinal del Florencio Sánchez es muy potente. Hay una búsqueda de volver a ese encuentro con la música un poco más tangible y más real, sin prejuicio. Laburo mucho el tema del personaje, de las redes sociales, de la estrategia de comunicación, porque soy diseñadora de comunicación visual y es algo que no lo puedo separar de mí, sin embargo también hay algo muy interesante en salir un poco de ese lenguaje y ver qué pasa en el vivo. Me dan ganas de decir en el show che, ¿de dónde están viniendo? Porque para que el acto escénico se arme también es necesario que el oyente o el espectador se mueva hacia el teatro, que es diferente a Spotify o a YouTube. Me parece muy interesante también que cuando se generan estas cosas, también pasan otras: hay un hombre que me dice “yo no tengo plata para pagar la totalidad de la entrada, pero te propongo que te pago la mitad, te regalo una remera de Cerro y te llevo hierbas medicinales de la huerta de mi abuela”. ¡Espectacular! Realmente es muy tangible. Muy real. La moneda no siempre tiene que ser la guita.
¿Qué pasó entre Piscina Libre y Amanda?
Pasaron muchas cosas. Tengo muchas amigas que tuvieron hijos. Me mudé sola. Viajé a muchas partes del mundo: Colombia, Brasil, Chile, Argentina, País Vasco. Mi vida se empezó a complejizar un poco. Hay un montón de cosas: el mundo laboral, trabajar en blanco, trabajar informal.
La vida se empezó a complejizar, y tu música también se empieza a complejizar.
Exactamente. Hay ganas de que mi música se complejice. Llamé a Baltazar Oliver, que es un amigo que conocí en esos años, y le dije que quería hacer algo con él en algún momento. Hace un tiempo le dije "tengo este disco, me encantaría que vos fueras el productor”. Me dijo: "Estaba esperando este momento". Mi idea del disco terminó siendo cualquier cosa en relación a lo que es ahora, es otra cosa. Yo también me encuentro en otros lenguajes que nunca pensé que iba a tener.
Piscina libre fue una postal de Montevideo. Este es un disco que fue hecho en Montevideo y en Buenos Aires. ¿Cómo fue ese proceso de creación y qué características sentís que eso también le aportó a tu música?
Uno se da cuenta de que no somos solamente algo. Hay veces que la gente me dice "sos cantante de candombe". No soy solamente cantante de candombe, porque también canto tango y también canto plena y también canto no sé qué. También conocer nuevos lugares. Cuando fui a la Catedral del Tango, que es un lugar super mítico en Buenos Aires, hubo algo en el espacio que me inspiró un montón a hacer nueva música. Ya no estaba haciendo lo mismo que Piscina libre. Más allá de las temáticas que puedan abordar las canciones, la música era distinta porque yo ya era otra persona. Estar entre dos países es estar metida entre dos vibras diferentes. Buenos Aires también es un loco y Montevideo es una cosa super chill, muy cíclica, donde siempre pasa lo mismo y todo el mundo tiene las mismas problemáticas. En Buenos Aires encontrás de todo, todo el tiempo, hay un montón de puntos de fuga para atacar y ver qué crear a partir de eso.
¿Por qué Amanda?
Porque Amanda es como Amy Winehouse. Amy, para mí, es Amanda. Es una referencia a ella porque como personaje siempre me pareció super representativa de todo lo que estaba mal: era una drogadicta, estaba siempre con poca ropa y toda rota todo el tiempo y a la vez era súper seductora. Todas sus canciones hablan de sus cagadas. Me acuerdo de una canción en particular que se llama I Heard Love is Blind, que básicamente le dice al novio che, te engañé pero en realidad yo estaba pensando en vos así que en realidad es como que hubiese estado contigo, solo que no era tu cuerpo. Tiene una forma muy romántica y cómica de expresar algunas cosas que es muy real. No se censura a sí misma.
Has dicho que es un disco que está dedicado a todas las mujeres que en algún momento fueron consideradas “malas mujeres”, que en algún punto somos todas. ¿Por qué tomás esa decisión?
Porque me di cuenta de que estoy muy enojada a veces. Ya de por sí estoy muy enojada con esto que te decía: mis amigas que son mamás y la mayoría de esos padres no existen o están en una posición al ataque o a la defensiva, desde un lugar que definitivamente no es constructivo. Pienso en las mujeres sosteniendo siempre esos espacios. Puedo pensar en los padres y los niños como puedo pensar en los jefes, los políticos, los directores de instituciones. No tiene por qué ser su culpa, sino que a nivel del sistema hay algo que se repite que es que las mujeres tienen menos chances que los varones. Hay más mujeres que hombres, pero por alguna razón siempre son los hombres los que acaparan los espacios de poder o somos siempre las mujeres las que tenemos más chances de estar en un espacio de vulnerabilidad. Por eso estoy muy enojada y no tengo problema en decir que estoy enojada, porque realmente no lo hago desde un lugar de destrucción sino de construcción. Decir "che, la verdad, estoy muy enojada, quiero que esto cambie". Mudanza, por ejemplo, es una canción donde hablo mucho de la problemática de vivienda y cómo nosotras cambiamos el laburo, tenemos que irnos, tenemos que cambiar de país. Estamos todo el tiempo viendo si llegamos a fin de mes.
Hay un montón de cosas que si bien son destructivas para nosotras, también nosotras tenemos cierta dualidad. En un caso hipotético, me enamoro de un tipo que es un tremendo borracho: ay, la puta madre, estoy enamorada de un borracho, pero a la vez me gusta. Nos estamos contradiciendo constantemente y me gusta abordar eso también. Somos seres que nos contradecimos y que nos equivocamos, pero no por eso nos tienen que señalar con el dedo y decirnos que somos malas. La madre, aparte de madre es mujer. No es mala una madre que quiere ser mujer aparte de ser mamá. No es mala una madre que quiere ponerse tremendo escote, salir a un baile y dejar al niño con su abuela o con su papá o irse de viaje con sus amigas. Y va más allá de cualquier clase social. Es un problema transversal a todo el sistema.
Llevás ese enojo y esa incomodidad a ritmos bailables. Ya había una exploración en Piscina libre sobre el candombe pero en Amanda hay un diálogo sobre el candombe, la samba, el funk brasilero, la plena puertorriqueña, el tango. ¿Cómo se da ese encuentro?
Es que el baile es lo único que nos puede bancar. Hablando de nuevo sobre Mudanza, esta canción sobre los problemas de vivienda, me doy cuenta de que la forma que yo tengo de sobrellevar mis problemas muchas veces es a través de la música, a través del baile, a través de la compañía, de lo colectivo con mis amigues, salir a bailar con una comparsa para despejar un poco o ir al Tropy a bailar una plena. Que el enojo o la frustración no se nos quede solamente adentro nuestro, si no te llenás de ansiedad y de mucha pena y te explota el corazón.
Estamos en un momento en el que parece haber una necesidad de bailar. Muchos músicos están yendo hacia ese lugar también, explorando géneros bailables.
Lo estamos necesitando de alguna forma. En un momento quería que este disco, Amanda, fuera un disco de tango. Solamente de tango. Un amigo, Gustavo Ameri, que es investigador sobre los algoritmos y me dice: "No, amiga, no hagas un disco de tango porque el tango es melancólico y nosotros necesitamos fiesta. Si vos querés hacer un disco de tango yo te respeto, pero te recomendaría que hagas un disco de baile". Y la verdad es que más allá de que yo tomé esa recomendación, porque lo admiro muchísimo, salió solo porque yo también tenía ganas de bailar cumbia, yo también tenía ganas de bailar plena. Y justo, en relación a la plena, me encontré a los chicos del Taller Toca Plena en la esquina de mi casa, pintó la mejor y nos vinimos para el estudio y lo hicimos.
Hay unas ganas de bailar tremendas, porque realmente creo que es la mejor forma que tenemos de llevar estas problemáticas sociales que abundan y de las que no hay escapatoria. Yo creo que no hay escapatoria. De que los alquileres sigan subiendo, no hay escapatoria. De que siga habiendo niñas desaparecidas, no hay escapatoria. Vi un montón de marchas y siguen pasando un montón de cosas terribles. Así que simplemente queda bailar, manifestarse y seguir tratando de hacer un mundo bueno. No le veo otra forma.
Hace un tiempo hiciste algunas preguntas que guían este trabajo: ¿Qué pasa con una mujer cuando se convierte en madre? ¿Qué pasa con una mujer cuando dice lo que siente? ¿Qué pasa con sus deseos, sus ganas, su enojo? Ahora te pregunto: ¿Qué pasa con una mujer cuando se pone al hombro un proyecto musical?
Todo en mi existencia lo hago por mi carrera. No hay otra cosa más importante. ¿Qué te digo con esto? Este proyecto es mi vida, es un hijo para mí. Se lo he dicho muchas veces a muchas amigas que a veces lo naturalizan. Yo trabajo de esto y para mí realmente es mi vida, no tengo otra forma de concebirme, entonces doy todo de mí. Hay veces que realmente me desaparezco. Una vez con mi amiga Caro nos fuimos a Mercedes, un pueblo a dos horas de Buenos Aires, a ver a Raly Barrionuevo. Nos había dicho que estaba ahí y lo íbamos a conocer con la esperanza de terminar compartiendo un show con él en la Sala Zitarrosa. Hay algo de nosotras —yo acompañada de mis amigos, amigas, mi novio— de estar en lugares para que después eso tenga sus efectos. No lo digo de forma utilitaria, sino que realmente cada proyecto debe estar en todos lados, para que después capaz que uno salga adelante. Nos quedamos atrapadas en un ascensor con Raly Barrionuevo, fue muy gracioso y nadie nos puede robar esta anécdota. Entonces creo que es eso: una mujer cuando se pone un proyecto al hombro aparte de ser mujer y aparte de tener un trabajo y aparte de tener una pareja, unos amigos, ser tía en mi caso, es dedicarle la vida a la composición, la producción, la difusión, la prensa, el diseño, el merch, editar videos, distribución, generar giras.
Hace unos días lo compartías en tu cuenta de Instagram. Escribiste: Estoy muy triste y realmente la única culpable soy yo. Un día decidí dedicarme a producir y crear música y a embarcarme a generar espectáculos. Es lo que más me gusta, eso está claro, pero ahora tengo un gran agujero en mi bolsillo. ¿Qué pasó después de que lo publicaste?
Felicidad. Mucha gente se acercó. Desde amigues como Diego González o Gastón Puentes, el vocalista de 4 Pesos de Propina. "Isa, esto nos pasa a todes. Bienvenida". Y realmente lo que yo le decía a mis amigues era "no me quiero acostumbrar a vivir así". Yo no me quiero acostumbrar a estar luchando por vender entradas o a tener un gran agujero en mi bolsillo, que gracias a Dios y al cielo ahora no es tan grande porque después vendí muchas más entradas. Hay una tendencia en el mundo ahora de mostrar cada vez más lo genuino en el artista y lo vi puesto ahí. No lo pensé, no dije voy a hacer esto para que la gente me vea. Realmente estaba en un momento emocional zarpado, aunque por suerte en este proceso estuve super estable.
Apareció un montón de gente en plan che, vamos arriba, te re bancamos, nosotros vamos a pagar la entrada pero todavía no habíamos cobrado pero sabelo que estamos acá. Mucha gente que me decía voy a ir desde Piriápolis o voy a ir desde Marindia.
¿Tiene que ver también con sentir que hay alguien del otro lado? Porque es un disco que nadie ha escuchado todavía.
Es muy zarpado eso. El otro día lo pensaba y decía: wow, qué expectativa. La verdad es que también me chupa un huevo. O sea, si no te gusta también es parte de ese experimento.
Hay una intención política alrededor de Amanda. No solo desde lo discursivo, sino también recordar que ciertos géneros populares también son una forma de resistencia. Y a su vez desde lo geográfico, estás invitando a la gente a que se mueva de la centralidad. ¿Cómo se vinculan el arte y la política para vos?
Lo que hago es la expresión propia de vivir en este mundo y por más que quiera no hablar de lo que me pasa en este mundo no puedo. Soy un sujeto político, tengo un pensamiento político. No político partidario en absoluto, porque no creo que sea por ahí, pero el problema de vivienda, el problema de la natalidad, el problema del cuidado, el problema de la salud, el problema del acceso a los distintos lugares, es muy importante. Son claves que están dentro de las agendas políticas de cada gobierno. O también esto: pensaba que para los vecinos que venga un espectáculo al Cerro es superimportante. Ahora, para la gente de todos los barrios que no son el Cerro ir también es un desafío: ¿Cuántos transportes tenemos que nos llevan al Cerro? Yo en particular tengo el 125, pero no tengo más. Hice un grupo de WhatsApp que se llama Tripulación Amanda para que la gente se empiece a juntar con otra gente que viene al show. Es espectacular de por sí generar algo, lo que sea, una acción para que después unas personas se conozcan y vengan, es increíble.
Hace un tiempo tenías un proyecto de gente que conoce gente.
Sí, de hecho hay un grupo que se llama Solos y solas. Es que es muy importante en este momento de la vida. Realmente pienso en lo tangible y en lo real. No estoy hablando de una app de citas que vos vas swipeando por el físico, quiero que la gente se conozca por el hecho de verse la cara, de verse bailar. Me molestan mucho las apps, me joden. Para mí es un loco que la persona venga y diga: "che, me gustó este pibe que lo vi bailando y me encanta". Me muero.
¿Considerás que lo que no incomoda o no despierta el pensamiento también es una expresión artística?
Yo no sé si hago lo mío para hacerte pensar. Simplemente lo hago. Y si el otro por ahí dice: "Esto, no sé qué, no sé qué, no sé cuánto", buenísimo. Pero esa es su experiencia en relación a lo que yo una vez hice. Lo que quiero hacer es música. El acto artístico es simplemente poder expresarse a través de un medio, cualquier medio, porque también la performance es artística.
Y en esta performance, ¿hay una construcción en torno a Amanda?
Definitivamente. No soy yo. Soy Amanda, que es otra cosa. Definitivamente esto no soy. Cuando salía con gente buscando a ver cuál iba a ser mi próximo marido —porque ahora estoy de novia con mi marido hace dos años— me decían ay, vos no sos Isabel Lenoir. Por suerte no soy lo que parezco, porque sería insoportable.
¿Y cómo se construye este personaje?
A veces la pienso como una ninja. Como una mujer que siempre está preparada, siempre está al ataque y a la vez siempre está a la defensiva también. Lo pienso como una mujer que siempre está cargando muchas cosas y que siempre está buscando sobrevivir. No es que no tenga nada que ver conmigo, ni que tenga nada que ver con mis amigas o mi mamá. Creo que hay un montón de historias femeninas dentro de ese cuerpo que el 8 de noviembre voy a incorporar. Pero creo que es el conjunto de historias de resistencia y también de deseo, de lujuria, de pasión, puestas en un nombre que es Amanda.