Para este disco, Madonna volvió a trabajar junto al hombre que mejor entiende su universo sonoro: el productor Stuart Price, con quien había creado Confessions on a Dance Floor, el álbum con el que superó las diez millones de copias vendidas en todo el mundo y redefinió una época. También acababan de compartir el Celebration Tour, del que Price fue director musical.
"Me puse en contacto con Stuart porque pensé que el mundo estaba en un lugar muy oscuro y que la gente necesitaba bailar. Acabábamos de hacer juntos el Celebration Tour. Estaba viviendo en Nueva York y me puse en contacto con él, pensando: '¿Y si intentamos hacer Confessions on a Dance Floor: Part II y volvemos al mundo de la música dance inspiradora?'", dijo en una entrevista con la revista Interview.
La cantante se instaló nuevamente en Londres y regresó al estudio mientras atravesaba uno de los períodos más complejos de los últimos años. Su hermano atravesaba sus últimos días y su madrastra, con quien había tenido una relación traumática durante la infancia, acababa de morir. Ella misma había pasado por la cama de una unidad de cuidados intensivos un tiempo atrás y trabajaba en el guión de su propia biopic. Una película que finalmente no ocurrirá, una historia que ahora está trabajando bajo la órbita de Netflix para convertirla en una anticipada serie.
El regreso de Madonna a su faceta confesional es también su regreso a la disquera con la que cimentó su carrera. En 2025, Warner Records anunció que la reina del pop volvería al sello con el que trabajó durante los primeros 25 años de su trayectoria. Desde el lanzamiento de su álbum debut homónimo, en 1983, Madonna ha vendido más de 400 millones de discos en todo el mundo, consolidándose como la artista femenina más exitosa de todos los tiempos según Guinness World Records.
Pero Confessions II no es meramente un ejercicio nostálgico.
Hace 21 años, Confessions on a Dance Floor fue, dice la DJ Paola Dalto, un “reset cultural”. No solo para la carrera de Madonna, sino también para el pop y la música dance. "Este regreso a ese momento la posiciona explorando todavía más la electrónica. Amplía ese universo. No se solamente se enfoca en el dance o el house: aparecen otros subgéneros. Me parece fascinante que ella lo haga".
Dalto encuentra además otra diferencia fundamental.
"Hoy hace falta que alguien venga a recordarnos la importancia de la pista de baile, no solamente desde el hedonismo —que también es importante— sino por todo lo que puede suceder ahí. Tiene que ver con las dinámicas de quienes nos entregamos a bailar cada fin de semana. Con mostrarnos vulnerables. Porque hablás con un desconocido en el baño y terminás contando cosas que no pudiste decir en toda la semana. O desde el lugar de la fantasía, lo sexual y lo emocional".
Para la DJ, la masificación de la electrónica hizo que parte de ese espíritu se perdiera.
"La industria fue sacándole capas hasta convertirla en un negocio más. Entiendo que hoy estemos ahí, pero tiene que venir alguien a recordarnos cuál era la verdadera esencia."
Y esa, justamente, es una de las mayores virtudes del álbum. "No es un ejercicio de nostalgia. Eso es lo que encuentro brillante, porque ella podía replicar aquellos sonidos y vivir de ese recuerdo pero no lo hace; va a explorar sonidos propios de este siglo, y eso vuelve al disco indispensable."
Un “significado más profundo”
En Interview, el editor Mel Ottenberg le preguntó a Madonna si este regreso suponía también una reconciliación con su pasado creativo.
—¿Ahora estás más conectada con tu pasado creativo? ¿Como si tuviera sentido volver atrás para crear algo nuevo?
—Sí, volver atrás, pero también hacerlo de la manera en que yo quiero hacerlo, no de la forma en que creo que mi público quiere escuchar todas esas canciones antiguas. Quiero desarmarlas. ¿Entendés a qué me refiero? Quiero tomar esas canciones viejas y hacerlas de una manera completamente diferente. O quiero explorar su significado más profundo.
Y eso fue exactamente lo que hizo.
Durante una hora y cinco minutos, Confessions II retoma la lógica de su antecesor. Como en Confessions on a Dance Floor, las 16 canciones se enlazan entre sí sin silencios, como una única sesión de DJ.
En tiempos dominados por playlists, algoritmos, sencillos y fragmentos de canciones consumidos en redes sociales, Madonna vuelve a exigir tu atención: escuchar un disco completo. Y va a valer la pena.
"En los tiempos que corren, donde escuchamos fragmentos de fragmentos y recortes de recortes, nos obliga a volver a un álbum como concepto. Eso también me parece revolucionario en 2026", dice Dalto.
El álbum comienza con I Feel So Free casi como una declaración de principios y se desarrolla en 16 canciones hilvanadas que revisitan su escencia y la proyectan hacia adelante.
Uno de los puntos más altos del disco llega con Danceteria, una canción que trae el recuerdo de la muchacha de Michigan que se buscaba la vida en el Nueva York de principios de los años 80, en el icónico club nocturno donde comenzó su carrera. Una crónica fascinante entre artistas como Jean-Michel Basquiat y Keith Haring de la noche en que el DJ Mark Kamins puso su maqueta de Everybody.
Pero Danceteria no funciona como una simple evocación, sino como una posibilidad de volver al pasado para reinterpretarlo desde un presente en el que también colabora con artistas como Sabrina Carpenter, Stromae y Feid.
Las canciones más luminosas poco a poco abren paso a otras donde la euforia deja un hueco a la fragilidad. Fragile, probablemente el momento más íntimo del álbum, está dedicada a su hermano Christopher. "No te olvides de mí. No olvides ser feliz", canta en una despedida atravesada por años de una relación tan intensa como conflictiva. Y de cerca le sigue The Test, en un diálogo artístico con su hija Lourdes que carga una revisión diferente: "Tú no pediste todas esas luces intermitentes".
El recorrido termina con LES Girl, una canción nostálgica y contemplativa sobre sus inicios en Nueva York como una chica del Lower East Side.
Un “movimiento tectónico”
Kevin Miranda esperó hasta la medianoche. Cuando Confessions II apareció en las plataformas, el fotógrafo y artista drag uruguayo apagó la luz, se acostó y dejó que el disco empezara a sonar de principio a fin.
Cerró los ojos y volvió a la pista de baile.
"Sentís olores. Sentís momentos de la discoteca y te podés imaginar la luz, la lentejuela, todo. Lo escuchaba y se me venían muchas imágenes con su música, con sus sonidos. El magnetismo, las luces, la energía", dice a El Observador.
Una sensación que no es únicamente estética. También es política. "Es súper revolucionario lanzar un álbum que hable tanto de la libertad con las cosas que pasan en la sociedad. Políticamente es una bomba. Hay un compromiso con los feminismos y con el colectivo", sostiene.
Miranda conoce bien esa idea con la que Madonna abre el disco: la pista de baile como un espacio de transformación.
"El espacio de la pista para soltar nuestras ideas. Incluso el silencio también habla y forma parte de eso. Mientras bailamos, estamos curando y estamos sanando. Es un viaje, porque realmente describió algo que viene funcionando así desde hace siglos: las discotecas y los espacios de baile".
Para Eros White, una de las voces del pop uruguayo, Confessions on a Dance Floor está en su top tres cuando de álbumes de Madonna se trata, y esperaba esta continuación con una mezcla de ansiedad y entusiasmo luego de haber escuchado los adelantos.
"Escuchar los sencillos ya era una locura. Era como: 'No puedo creer que esto sea real'. Y el álbum entero me pareció alucinante. Mucho más profundo que el primero."
White encuentra en Confessions II algo más cercano a un relato autobiográfico que a una secuela. "Siento que funciona como una especie de banda sonora de esa biopic que ella tanto quiere hacer. Es una interpretación mía, pero siento que es una especie de sueño medio fantasioso de ella viviendo su propia vida y apareciendo en distintos momentos".
Esa lectura dialoga con otro de los grandes temas del álbum: el paso del tiempo.
"Ver a una mujer de 67 años reclamando un lugar históricamente también impacta. Estás pisando los treinta y ya te están arrancando del chart. Y ella, en cambio, está más vital que nunca. Toda su carrera estuvo en la pista de baile, pero nunca creo que la hubiera asumido tanto como parte de su identidad. Como darse cuenta de que todo gira alrededor de ese lugar."
Dalto cree que ese punto sigue siendo uno de los mayores prejuicios de la industria.
"Lo que para mí debería ser una discusión ya saldada es seguir aplaudiendo que alguien de esa edad haga esto, porque no lo hacemos con los varones. Cuando un hombre de esa edad saca un disco, nadie habla de su edad. Con Mick Jagger nadie dice: 'Mirá todo lo que compuso a los ochenta'. En cambio, con las mujeres sigue apareciendo esa conversación".
"No se los marcamos a los varones, pero sí a las mujeres. Es otra manera de perpetuar esos estereotipos. Para mí tendría que ser algo completamente natural: una persona creativa haciendo lo que mejor sabe hacer”, agrega.
La discusión deriva inevitablemente hacia otra pregunta. Después de cuatro décadas en la cima, ¿Madonna todavía tiene que demostrar que sigue siendo la reina del pop?
"Yo creo que esa pregunta siempre se puede hacer, pero la respuesta sigue siendo la misma”, dice la DJ que en el último tiempo vio en vivo a algunos de los nombres más prometedores del género como Addison Rae, Sabrina Carpenter y Chappell Roan.
"Me fascinan. Las escucho, las voy a ver, investigo el género. Pero no encuentro a alguien a quien darle esa corona. Porque no pasa solamente por las cifras o por los récords. Ninguna está dejando la huella que dejó Madonna".
Entonces devuelve la pregunta.
"¿Dónde va a parar esa corona? Yo creo que todavía no nació esa reina."
Ni siquiera dentro de la comunidad LGTBIQ+, agrega, existe un consenso sobre quién podría ocupar ese lugar. "Todo el mundo coincide en que Madonna es la reina. Pero preguntás quién podría ser la princesa o la sucesora y ya no hay acuerdo. Esa también es una manera de medir el impacto que tuvo".
Para White, la prueba aparece cada vez que Madonna publica un disco.
"Siento que en su caso se puede auditar, pero no sé si realmente se puede cuestionar. Creo que este álbum lo demuestra. Sale un disco suyo y se siente un movimiento tectónico en el pop. Todos los que están haciendo pop electrónico bailable esperan para ver hacia dónde va y si ahora hay que moverse en esa dirección".
"Y creo que también se la cuestionó más justamente por lo que representa. Como mujer. Como figura política. Como alguien que desde el principio no dejó que le dijeran que no ni que le dijeran qué hacer. No sé si eso pasó con Michael Jackson o con Prince”, señala el artista. "Madonna es un espejo de la sociedad”.
La relación de Madonna con la vanguardia es simbiótica. Madonna se convirtió en la imagen y el sonido de una nueva era para la liberación femenina desde la década de 1980. Provocó conversaciones sociales y debates políticos desde aquella presentación de Like a Prayer en los premios MTV hasta cada una de las transformaciones que marcaron su carrera.
Una artista que liberó a generaciones enteras en la pista de baile desde la primera vez que sonó Everybody en Danceteria y ayudó a moldear lo que se conoce como una estrella pop contemporánea. Estableció los parámetros de medición. Madonna se convirtió en un mito. En una leyenda. Y con Confessions II vuelve a bailar entre los mortales.
Durante más de cuatro décadas desafió el orden establecido. Negó lo que otros esperaban de ella, rechazó los límites que le impusieron y convirtió cada uno de ellos en una razón para seguir creando. "La gente dice que soy controversial, pero creo que lo más controversial que he hecho es quedarme", dijo la artista en aquel recordado discurso en los premios Billboard a la Mujer del Año en 2016.
"Madre absoluta. Su rol es el de la reina madre", la define Miranda. Las nuevas generaciones, dice, quizá no siempre dimensionen lo que significó Madonna para la comunidad cuando se convirtió en una de las voces más fuertes en medio de la “epidemia del VIH” en la década de los 80 y se convirtió en una de las artistas más comprometidas con el colectivo en su generación.
"Todas, todos y todes somos hijos de Madonna. Madonna y toda esa generación nos marcaron muchísimo”, sostiene.
"Respeten los rangos. Madonna es Madonna. Ella abrió el camino. Después nacieron todas las reinas”.