5 de julio de 2026 5:00 hs

Canta.

Oh.

Musa.

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Ya sea que ese canto vaya para la cólera del pélida Aquiles, o a ese ingenioso héroe que viajó de aquí para allá, esas tres palabras de raigambre homérica abren la puerta a las dos obras que, en el marco del ciclo troyano, definieron a la cultura occidental. Ilíada y Odisea son piedras angulares de los relatos que hoy nos constituyen, y guardan en su interior a algunos de los personajes y las historias más influyentes de los últimos tres mil años. Aquiles, Ulises, Agamenón, Penélope, Polifemo, Calipso, Nausícaa, Telémaco; el peso que tienen esos nombres hoy, en el 2026, sigue siendo incontestable.

Hoy, esa inmortalidad se traduce a una película que es de las más esperadas del año: La Odisea, de Christopher Nolan, ya es la adaptación más ambiciosa de la obra de Homero por lo que ha implicado su rodaje y los avances tecnológicos implementados, y hay muchas preguntas que rodean a ese sonado estreno. Una de esas inquietudes recién la podremos contestar a partir del 16 de julio, cuando llegue a los cines de todo el mundo: si efectivamente será la mejor de todas. Todavía no se le ha hecho demasiada justicia a la historia de Ulises en la pantalla grande, así que Nolan tiene la oportunidad de acercarse a la posteridad. Veremos qué pasa. Por lo pronto, esa discusión quedará para más adelante.

La propuesta, ahora, es repasar las razones por las que este poema compuesto originalmente en verso hexámetro y con la firma de un autor que todavía está rodeado de sombras históricas, se convirtió en el paradigma del relato de aventuras moderno, en la evolución del héroe contemporáneo y en una obra reverenciada en extenso, desde James Joyce y Dante a los hermanos Coen y Jay-Z.

En La Odisea, Ulises no solo recupera a Penélope sino que mata a todos los pretendientes de su mujer.
En La Odisea, Ulises no solo recupera a Penélope sino que mata a todos los pretendientes de su mujer.

De Troya a Ítaca

Se dicen muchas cosas de la Odisea.

Se habla, por ejemplo, de la profundidad de sus personajes, y de los matices que tiene su héroe central, el astuto Ulises, que luego de luchar durante diez años en el asedio a Troya para el bando de los Atridas, el rey Agamenón y su hermano Menelao, tarda otros diez años en regresar a casa junto a su esposa Penélope y su hijo Telémaco en la isla de Ítaca.

El filólogo y helenista español Carlos García Gual, autor de la traducción de una de las versiones más respetadas de este poema al español, le aseguraba hace poco a la agencia EFE que la Odisea es “el relato de aventuras más rico en matices y en personajes del mundo occidental, y el más vivo”.

"Es un personaje de mucho mayor relieve humano que los héroes antiguos", agregaba.

Otro que, hace tiempo, también apuntó la humanidad “moderna” de Ulises es Harold Bloom. Su ensayo clave, El canon occidental, está atravesado por el mito homérico de la vuelta a Ítaca, sobre todo por la ruptura que provoca frente a la Ilíada.

Bloom asegura que mientras que en la Ilíada el heroísmo es aristocrático y destructivo por la obsesión que tiene Aquiles por conseguir la gloria y la leyenda a toda costa, la Odisea inventa un heroísmo más prosaico, más doméstico, si se quiere. Porque a fin de cuentas, lo único que quiere Ulises es volver a casa y tomarse un buen descanso con Penélope después de veinte años de conflicto, mugre, saqueos, muertos, monstruos, naufragios y argucias para esquivar las balas del destino (o de los dioses).

Por otro lado, los filósofos de la Escuela de Frankfurt, Adorno y Horkheimer, también tienen una forma de entender el lugar que Ulises pasa a ocupar en el gran relato universal: es el primer héroe moderno de la historia porque deja de lado la fuerza física y los dotes sobrenaturales que conceden los dioses —otra vez, el contrapunto con el invencible Aquiles— y apuesta por su inteligencia, la capacidad de engañar y seducir, así como por la aplicación del cálculo y la pragmática.

Estos señores ilustres no son los únicos que consideran a la Odisea como un hito fundamental de nuestro tiempo. En 2018, una encuesta realizada por la BBC en la que participaron escritores y críticos de más de treinta y cinco países la eligieron como la obra literaria más influyente de la historia.

Y al margen de estas consideraciones, leer hoy la Odisea es una declaración de intenciones. Una apuesta por la recuperación de una forma de entender las historias de aventuras que nos trasciende y la oportunidad de acceder a una obra que, escrita hace tres mil años, tiene una esencia postmodernista gigante. Su estructura, de hecho, lo es: vira de la tercera persona a la primera en un ejercicio de “relato dentro del relato” fascinante, y juega con los puntos de vista de forma asombrosa.

El cambio que se produce cuando la voz de Homero cede ante la de Ulises y el héroe pasa a relatas sus peripecias entre la guerra de Troya y sus años prisionero de Calipso es brutal. La académica inglesa Mary Beard, especialista en clásicos, dice que para ella es la épica postmoderna más compleja que jamás se compuso. Y que sus ecos resuenan en todo lo que se escribió después.

Homero, quien quiera que haya sido —y apostando a que fue una sola persona y no varias, como también se supone—, estaría feliz de ver hasta qué punto su canto sigue vigente.

¿Qué Odisea hay que leer?

En Uruguay hay varias versiones de la Odisea que se pueden encontrar en librerías y que, dado que leer un poema en versos hexámetros es casi imposible, trasladan la historia de Ulises a la prosa.

Una de las versiones más tradicionales es la del traductor español Luis Segalá y Estalella, que fue hecha directamente del griego antiguo al castellano y que es la elegida para su abordaje académico. Pero no es la única y, de hecho, está por llegar a librerías la versión del inglés Stephen Fry. Actor y cómico inglés, Fry cierra con esta obra una tetralogía clásica (publicada en español por Anagrama) compuesta por los libros Mythos, Héroes, Troya y ahora Odisea, en las que disecciona el mundo de los griegos antiguos uniendo erudición y diversión con un tono personalísimo y sumamente atractivo. Sus libros son adictivos.

De las presentes en librerías, tal vez una de las mejores maneras de acercarse a la épica homérica sea la edición de Blackie Books que utiliza la traducción de Samuel Butler, denominada por Borges como “la más fiel de las versiones homéricas”. Esa versión incluye anotaciones, ilustraciones, un prólogo que explica el contexto de la obra y de su autor, y versiones más breves de Margaret Atwood, Dorothy Parker, Augusto Monterroso y más.

La belleza de este poema, de todos modos, abunda en cualquiera de sus versiones. La acción y la aventura son el centro del relato, por supuesto, pero en aquellos cantos donde, poco a poco, el hogar empieza a acercarse a los dedos de Ulises despunta la capacidad de este texto para emocionar, tres milenios después. Y a modo de cierre, y preparación para la película de Nolan, va este fragmento del instante en el que después de veinte años lejos, los brazos de Ulises y Penélope se funden en el que quizás sea el encuentro más esperado de la literatura universal.

«Entonces Ulises se conmovió a su vez y lloró mientras abrazaba a su amada y fiel esposa contra su pecho. Igual que los hombres que nadan hacia la orilla agradecen ver tierra cuando Poseidón hunde su nave con la furia de sus vientos y sus olas, y solo llegan a tierra unos pocos que, cubiertos de sal, agradecen estar en tierra firme y fuera de peligro, así recibió ella a su marido al mirarlo, y no pudo separar los bellos brazos de su cuerpo. De hecho, habrían seguido llorando hasta el alba si Atenea no hubiese alargado la noche y retenido a Aurora en el Océano impidiéndole enganchar a su carro los corceles Lampo y Faetonte.» «Entonces Ulises se conmovió a su vez y lloró mientras abrazaba a su amada y fiel esposa contra su pecho. Igual que los hombres que nadan hacia la orilla agradecen ver tierra cuando Poseidón hunde su nave con la furia de sus vientos y sus olas, y solo llegan a tierra unos pocos que, cubiertos de sal, agradecen estar en tierra firme y fuera de peligro, así recibió ella a su marido al mirarlo, y no pudo separar los bellos brazos de su cuerpo. De hecho, habrían seguido llorando hasta el alba si Atenea no hubiese alargado la noche y retenido a Aurora en el Océano impidiéndole enganchar a su carro los corceles Lampo y Faetonte.»

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