Llovía de costado. Una tormenta espectacular, enorme. Y un local que apenas tenía techo y media pared. El público, los empleados y los músicos terminaron todos adentro de la cocina, cantando la Marsellesa. Esa es la memoria del primer show que se hizo en Medio y Medio, el restaurante de Punta Ballena que este año festeja 30 años del festival musical que alberga.
El dueño de esa memoria es Leandro Quiroga, responsable del local y gestor del festival desde aquel estreno con el saxofonista cubano Nicolás Reynoso y el guitarrista uruguayo Diego Porchile. Un show de jazz, vinculado a lo que él estudiaba y tocaba, para un evento que casi enseguida se empezó a abrir: una de las primeras presentaciones fue de la murga Falta y Resto, y aparecieron artistas de folclore, rock, y un largo etcétera.
Medio y Medio se estableció como emprendimiento familiar. Los padres de Quiroga tenían la idea de que sus tres hijos tuvieran en ese parador un trabajo de verano para no tener que hacerlo durante el resto del año, y poder pagar sus estudios universitarios en Buenos Aires, donde vivían en ese momento.
A los pocos días de la apertura empezaron los shows y su madre, la chef Graciela Ferreres, empezó a preparar platos que terminaron conformando la carta del local. La suma de cocina y música se convirtió en seña de identidad de Medio y Medio, y en uno de los pilares del festival musical que ya lleva más de 1000 shows, se ha expandido fuera de fronteras y este año tendrá además un documental y un libro como forma de celebración.
A propósito de las tres décadas de Medio y Medio, Leandro Quiroga habló con El Observador sobre esa trayectoria y lo que vendrá este año. Este es un resumen de la charla.
¿Cómo es tu vínculo y el de tu familia con Punta Ballena?
Este año la gráfica del festival tiene un poco de esa historia. La imagen más grande del diseño es la de Antonio Lussich, el dueño original de lo que hoy es Punta Ballena. Y dentro de él está todo: está Antonio Bonet, está mi abuelo, están Margarita Xirgú, Rafael Alberti. Bonet fue el urbanista encargado del plan de Punta Ballena, mi abuelo fue el paisajista que hizo la urbanización con Bonet en el año 1944. Entonces, la idea de esto es trabajar la historia del territorio con la historia familiar, con la historia de Medio y Medio, superpuestas, como capas. Este aniversario nos dio la perspectiva de entender que estamos hace 30 años en un lugar que se organizó hace 80, hace mucho tiempo. Y la importancia de todo. Yo usaba siempre como cliché, desde hace muchos años, que Medio y Medio no podría haber existido en otro lugar. Y en realidad, este año me di cuenta que en realidad no era un cliché, era algo real. De hecho, el documental que va a salir ahora tiene como título Todos estos años de gente, que es un título de Spinetta pero que habla de esto, de la cantidad de nombres propios que armaron Punta Ballena y que después Medio y Medio aportó mil artistas más. Más de mil artistas que pasaron por ahí.
¿Lo de ‘no podría ser en otro lugar' es porque Punta Ballena está muy asociado al arte y a la cultura?
Lussich era escritor. José Hernández iba a la casa de él a escribir Martín Fierro. Después viene Bonet y mi abuelo a urbanizar. Detrás de Bonet y mi abuelo van los mejores amigos de mi abuelo, que eran el escritor Rafael Alberti y la actriz Margarita Xirgú. Van por mi abuelo, y por Bonet. Rafael vivió con mi mamá en la casa de mi abuelo. Después viene Margarita, mi abuelo le arma la casa a Margarita, le arma muebles, el parque, eran muy amigos. Después vienen Perciavalle, Gasalla, Gerardo Romano, Julio Bocca, ahora Ricardo Mollo y Natalia Oreiro. Después los arquitectos, Samuel Flores Flores, Guillermo Jones Odriozola. Hay algo interesante, Liliana Herrero tiene una frase muy linda que es que ella no puede cantar como si Mercedes Sosa no hubiera cantado. Otra que también dice es “para mi Atahualpa Yupanqui no es el pasado, Yupanqui me está esperando en el futuro”. La reflexión es que, primero, no podría haber existido sin que toda esta gente haya pasado por ahí y haya hecho lo que hizo. Son el cimiento y la energía, y después está el contenido, tangible o intangible.
¿En este proceso de retrospectiva, qué fue lo que más te llamó la atención? ¿Haber sostenido en el tiempo un evento tan largo?
Es un festival de diez semanas. Somos el festival privado más antiguo del país. Y somos el único festival uruguayo que se exporta. Estamos en Río de Janeiro. Estamos camino a abrir en Madrid para 2027.
_LCM2382
Leonardo Carreño/FocoUy
¿Cómo fue el proceso de llevarlo a otros lugares?
Desde hace muchos años tenemos gente interesada. Yo siempre citaba la frase de un boliche de Asunción, en Paraguay, que me gusta mucho, histórico, que tiene arriba de su barra la frase “este local no tiene sucursal porque parecido no es igual”. Yo siempre decía eso. Ahora me tuve que desdecir, porque en realidad lo que pasó fue que encontramos una manera de hacerlo. Porque no es ir a replicar, no podría replicarse. Encontramos una manera de que tenga sentido y vamos con un formato que llamamos cápsula, compactada en un fin de semana, donde llevamos a nuestro chef, trabajamos con productores locales de ahí para hacer nuestras recetas y programamos con nuestra curaduría un festival de tres días. Algo fundamental para nosotros es ir a una sala que tiene una historia similar a la de nuestro evento. Una sala prestigiosa, querida por los artistas, en este caso Circo Voador. Ese formato cápsula está funcionando, ya llevamos dos años, ahora vamos camino al tercero, y eso nos permite pensar en otra cápsula nueva, que es la de Madrid.
Pensando en la extensión del festival, imagino que cada año es para ustedes una prueba de resistencia.
Sí. Obviamente que no es algo que lo pasás súper liviano, pero a veces es muy lindo. Es nuestra casa, todos vivimos a 10 cuadras, es nuestro restaurante, estamos en un lugar que es nuestro, se come muy rico, los artistas la pasan muy bien. Cada artista tiene su prueba de sonido extensa, su show completo, nuestra atención plena, nos sentamos a comer con ellos. Y eso hace que el festival tenga su identidad, y también eso hace que, en un muy buen equipo como el que tenemos, tampoco sea tan cansador.
¿Se ponen en el rol de anfitriones?
Somos bolicheros. En el boliche te recibe el bolichero. Nos gusta esa sensación.
¿Cómo ha sido, a medida que han ido pasando los años, la dinámica de trabajar en familia?
En nuestro caso muy buena. La enorme mayoría del tiempo Medio y Medio fue mis padres y yo. Empecé con mis hermanas, pero se fueron rápido. La clave fue que cada uno tenía un área de decisión y que cada uno podía opinar de la otra, pero la decisión del área la tomaba cada uno. Y eso creo que nos ayudó mucho. Yo creo que eso es la esencia de lo que logramos. Hace seis años mis padres se retiraron, estoy yo solo con el negocio hace tiempo. Y ellos van hoy en día, pero están fuera de verdad. Entonces no van a marcar cosas. A veces te marcan alguna cosita, pero te lo dicen como “fijate qué te parece”. Eso es clave.
Algo que se ha dado a lo largo de la historia del festival son los cruces inesperados entre artistas y los momentos de juego entre ellos. ¿Cuáles son los que más recordás de estos 30 años?
Hay encuentros históricos como los de Liliana Herrero con María Gadú y Silvia Pérez Cruz. O un encuentro que no fue sobre el escenario pero fue abajo, se hizo una sesión de fotos para Rolling Stone en su momento, de Hermeto Pascual con Skay Beilinson. Después sí, encuentros sobre el escenario como Rada con Charly García. Hay miles, miles de encuentros de esos. Incluso muchos encuentros que hemos generado nosotros han quedado como tours, como Fernando Cabrera con Martín Buscaglia, o Rada con Malossetti. Se da porque tenemos una manera de hacer las cosas que genera eso, pero aparte tenemos un camarín con instrumentos, hay mucha música por todos lados, hay espacios donde se esperan, comparten comiendo, los artistas se conectan con su ser artista y no con otra cosa. No es “ahora me tengo que ir rápido”, Medio y Medio les da para conectarse con otra cosa. El mejor elogio que hemos tenido es el “me cuesta irme”. La gente se queda 7 horas, 6 horas. No va a ver un show y se va. Fuimos generando la experiencia.
_LCM2350
Leonardo Carreño/FocoUy
Con el tiempo también han abierto el festival a otras ramas del arte. Este año van a tener la película por el aniversario, pero ya han hecho proyecciones de ciclos de cine, este año también tienen teatro.
Siempre nos guardamos un par de slots, como dicen los americanos, para cosas inesperadas, no musicales, estrictamente, pero que tienen conexión. Este año viene Bla Bla & Cia, que tiene un pianista en vivo durante la obra. Viene Adrián Lacroix, que es un mago ilusionista, ni yo sé que hace en Medio y Medio. Pero lo vi y quise que estuviera.
¿Este año armar la grilla fue más desafiante que otros años?
No podíamos quedarnos cortos. Hicimos algunas cosas que no esperábamos, y esperábamos hacer cosas que no pudimos. Pero ya las vamos a hacer. Todos los años tengo que desafiarme y me gusta que todos los años haya algo de crecimiento. No es una cuestión de crecer por crecer, sino que haya novedad. Para nosotros el aburrimiento es un motor, no puedo tener una temporada en la que no haya nada nuevo. Así como siempre hay muchos que son históricos y eso también nos gusta. Nos gusta que la gente pueda ir y seguir a un artista en Medio y Medio a lo largo de los años, que vea cómo evoluciona su carrera.
¿Sos de proyectar Medio y Medio a varios años, o vas temporada a temporada?
Siempre proyecto cosas. Ahora estoy con el tema de las cápsulas, pero a la vez no sé a dónde va a terminar. Porque proyecto más una energía que algo concreto. Porque si proyectás tanto vivís todo el tiempo en un futuro que no llegó y no podés disfrutar lo que estás haciendo. Entonces proyecto más cosas que me gustarían que pasen, direcciones para el festival. Y hay ideas concretas, pero no sé cuándo van a suceder exactamente. Sucederán cuando decante, cuando sea el momento.