Era un arquitecto muy singular para su época. Se metía en las obras vestido de overol. Repartía a los obreros en su camioneta. No era de oficina, más bien era de intensa participación en sus proyectos. El uruguayo Jorge Caprario (1896 – 1998) “no hacía lo que hacía el común y que en este edificio se refleja con la mayor claridad”, dice William Rey Ashfield, arquitecto y profesor de historia de la arquitectura y director de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación entre 2020 y 2025.
En más de un edificio de su autoría establece un diálogo entre literatura y arquitectura. Y, quizás, uno de los más reconocidos en ese vínculo es El Indio, aquel reconocido edificio que tiene en su fachada un indio a caballo hecho con una técnica de calado. Uno de los edificios más icónicos de la ciudad, pero sobre todo del barrio Pocitos, a la altura de la calle Leyenda Patria (con esquina sobre José Ellauri) sobre el parque Villa Biarritz o Parque Juan Zorrilla de San Martín.
Construido entre 1945 y 1949, las razones que hacen de El Indio un edificio icónico de Montevideo son, por lo menos, tres.
Su lógica de inserción, es una, según el análisis de Rey. “El edificio ocupa un lugar protagónico en el parque, pero con una característica muy particular que es que mira hacia 21 de Setiembre en su fachada más conocida”, dice en conversación con El Observador.
“El otro aspecto que me parece relevante es su lógica de modernidad”, agrega. ¿Por qué? Porque es un edificio moderno en la década del 40, concebido a partir de todos los recursos propios de una modernidad arquitectónica. En ese sentido, se destaca “un garaje expuesto por una verdadera cristalería que transparenta la presencia del auto, que era para entonces un elemento muy novedoso frente a lo macizo que se expone el edificio en su conjunto”, sigue.
Pero lo más particular, y quizá la razón más clara por la que el edificio es reconocido, “estriba en el hecho de que cuenta con una imagen, esa imagen que hace que todo el mundo, cuando se habla del edificio El Indio, sepa de qué está hablando. Esa imagen fue construida a partir de un sistema muy particular que permitió establecer verdaderos calados en el muro y, por su tamaño y su dimensión urbana, hace que todo el mundo la identifique”, dice Rey.
El indio a caballo de Caprario conecta con un registro poético del poeta don Juan Zorrilla de San Martín. De ahí el enlace con el parque que homenajea al escritor, “donde ese registro hace referencia a un sepulcro”, explica Rey y agrega que “el edificio tenía originalmente un área que simulaba un sepulcro debajo de esta imagen del indio entre llamas (…) Esto es interesante porque incorpora una dimensión mística que es excepcional”.
“Zorrilla de San Martín es considerado el poeta de la patria”, dice Déborah Rostán, profesora de literatura y licenciada en Letras, al respecto. “Es el escritor canónico, considerado el escritor nacional de la fundación de nuestra literatura”, agrega.
Es en 1888 que Zorrilla de San Martín publica El Tabaré, el poema épico que le da voz e imagen al indio que, años más tarde, aparecería en el edificio El Indio.
A esa altura, Zorrilla de San Martín ya era un poeta consagrado, habiendo publicado Leyenda Patria en 1879. De ahí a El Tabaré, hay casi 10 años de creación donde “desde mi punto de vista, él está teorizando sobre cómo deberíamos formar una nación”, comenta Rostán.
De hecho, los primeros versos del libro es donde Zorrilla “ofrece” cantos para darle vida al indio. “Y consideraba, lo teoriza hacia el final, que la historia tenía poco que deberle a la literatura. Él consideraba que a través de sus cantos estaba dándole vida e historia a un ser que estaba muerto y con él toda su población”, agrega la Licenciada en Letras.
Según Rostán, además, sobre esto, Carlos Real de Azúa y particularmente Alberto Zum Felde han teorizado bastante y han dicho que no se trata de una epopeya porque ni el personaje, ni el motivo, ni la anécdota son históricos. Es un personaje abstracto, creación de Zorrilla. Pero esa imaginación proviene de un hecho y de un personaje verosímil.
“En el momento en que Zorrilla lo escribía solo existían diarios de viajes, crónicas, cartas, epístolas y él en esos en esos 10 años en que escribe el Tabaré investiga un montón. Entonces, no podemos negarle el hecho de que sí está haciendo historia a la hora de crear este personaje a pesar de que este personaje no sea histórico”, dice.
Tanto es así que “de lo primero que conocemos de los indígenas uruguayos tiene que ver con El Tabaré, que se leyó durante mucho tiempo en la escuela y hay muchas generaciones que recitan de memoria el leitmotiv ‘cayó la flor al río’, que son versos que se repiten a lo largo del poema”.
Es que, por la década en que el edificio se construyó, “quizás mucha gente estuviera más interiorizada con la obra de Zorrilla, justamente porque cuando eran niños conocieron el poema Tabaré, hecho que quizás hoy no suceda. Estaba más fresca esa literatura”, comenta Rey.
Eso, por supuesto, hace que haya un cambio de mirada. En la década del 40 y del 50, era un edificio mucho más comprendido en sus claves simbólicas. Por ejemplo, la idea del fuego. El Tabaré comienza diciendo: “Levantaré la losa de una tumba e internándome en ella, encenderé en el fondo el pensamiento que alumbrará la soledad inmensa".
“Esos versos probablemente den la idea a Caprario de que el indio nazca del fuego y de las llamadas, que puede tener una interpretación más luminiscente de darle vida al indio a través de esos versos de Zorrilla”, agrega la Licenciada en Letras.
El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional en el año 2020 por la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, año de pandemia, con todas las dificultades que ello implicaba. “Ya tenía una protección por parte de la Intendencia de Montevideo, pero su singularidad, su excepcionalidad hacía que se le asignara mayor valor todavía”, explica Rey.