15 de diciembre de 2024 5:00 hs

Soy un hombre de tradiciones y de fruta abrillantada a fin de año. Si es de las que vienen en bandeja, con cáscaras de naranja e higos, mejor.

Ahora tengo 30, casi 31, soy oficial y etariamente un adulto, y tengo la potestad de decir que desde los últimos años diciembre me abruma. Es un mes intenso, cargado de cosas, y el humor general transita entre el desinterés, la furia y el laissez-faire. Por suerte todavía puedo decir que, como antes, cuando el último estertor del año me generaba cierta ilusión, algunas cosas me siguen gustando. Por ejemplo:

  • Los días son más largos.

  • Hace calor (a veces).

  • Se puede disfrutar de ese calor (a veces).

  • Veo bastante a mis amigos.

  • Se come bien.

  • Se toma bien.

  • Se cierran etapas que está bien cerrar.

  • Hay fruta abrillantada en el supermercado (pero es carísima).

  • Hay pan dulce en la redacción.

  • Mi madre hace huevos rellenos.

  • Puedo escuchar Diciembra de Isla de Encanta y sentir que es el momento adecuado.

  • A veces aparecen buenas noticias.

  • Y las listas.

En las listas me quiero detener. Las listas son importantes, al menos para mí. La vida se puede organizar a partir de ellas, y es útil para cuando hay que pasar raya como ahora. En diciembre: el mes de las listas.

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En 2024, Epígrafe va a tener dos: esta primera edición que te acaba de llegar, y una que aterrizará en tu casilla el próximo sábado. Para hoy, la lista de las lecturas incluye a las 12 que me guardo de este año —más una yapa adicional—; para nuestro próximo encuentro, una serie de recomendaciones para el verano.

Doce libros del 2024 y una celebración

La naturaleza secreta de las cosas de este mundo, de Patricio Pron

De Pron me gusta su prosa abigarrada y extensa, así como su capacidad para lograr que los vínculos entre sus personajes tengan un vuelo emocional especial. Su última novela es un díptico impulsado por la huida de un padre del hogar. La partida sin razón aparente funciona como punto de inflexión para Olivia, su hija, que verá su historia desarrollada en el primer tramo de la novela; en la segunda, el protagonismo es de Edward, el padre en cuestión. Sobre huidas, pérdidas, desapariciones, formas de encontrarse, el rastro que dejamos, la importancia de las ficciones que nos armamos para sobrevivir; en esos meandros se hace fuerte esta historia exigente pero bella.

Las chicas doradas, de Manuel Soriano

Las chicas doradas es inclasificable, y lo digo como un elogio. Soriano parte de una base arquetípica distópica —un territorio futuro con guiños familiares, un gobierno cuasi autocrático donde ciertos dispositivos tecnológicos ayudan a lavar el cerebro de la población, un equipo de investigadores que deben resolver un enigma criminal—para luego pasar a una historia que se desborda con gracia y ritmo sobre sus pliegues más insólitos y bizarros: una maratón forzada de películas de Gwyneth Paltrow, una suerte de etnia indígena de mujeres muy bellas y socialmente escindidas, los pormenores íntimos de los detectives protagonistas, cierta crítica al ecosistema artístico y mediático actual, y el misterio de unos perros empalados. El combo termina siendo insólitamente excelente.

Carnada, de Eugenia Ladra

Se publicó en España en la editorial Tránsitos, acá en Criatura. Carnada es el primer "libro en serio" de Ladra, como ella misma lo indica, y la puso en el centro del entusiasmo. Porque serio, también, es el impacto que su novela ha tenido. Carnada inventa una Comala uruguaya a los pies de la unión del Río de la Plata y el Río Uruguay —la asociación no es libre; Rulfo y su Pedro Páramo son influencias directas para el pueblo Paso Chico que se inventa la autora— para generar una historia abrasiva en su oralidad, descarnada en su retrato de la violencia pueblerina contenida, con ecos de la belleza de un amor adolescente sin frenos. Marga y Recio son dos personajes que se quedan con el lector durante semanas.

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Soy lo prohibido, de José Arenas

Este ensayo brutal y descarnado que ganó el incentivo Crónicas de acá tiene a un José Arenas que regresa a la no ficción —género que ya ha transitado en otras oportunidades— para hablar sobre la sexualidad en la infancia, la historia de su deseo, sus cicatrices autoinfligidas, el lugar del cuerpo, los mandatos del mundo patriarcal que sobreviven en el universo queer y más. Todo atravesado por un empleo calculado de las palabras, un manejo del lenguaje tan salvaje como pulido, si es que eso es posible. En Arenas la palabra siempre es filosa; en Soy lo prohibido, además, ese filo reluce en la oscuridad.

La vida por delante, de Magalí Etchebarne

Etchebarne es hoy una de las voces que hay que escuchar en el panorama regional. Sus cuentos son inyecciones intramusculares, un desparramo de autenticidad y claridad que tiene mucho que ver con la forma en la que entra a los temas que le interesan: como una topadora hecha de frases calculadas con detalle y perfección. La vida por delante son cuatro relatos largos que se inmiscuyen en los bemoles del humor y el dolor, los vínculos y la enfermedad, los años y la muerte, el amor y todo eso que hace a las relaciones.

MANIAC, de Benjamín Labatut

Teóricamente publicado en 2023, para los lectores de estas latitudes fue el libro del último verano. Labatut echa mano a tres historias vinculadas sobre todo a la matemática —sobre todo a la de John Von Neumann— para darle forma a una búsqueda que ocupa décadas y que deriva en, quizás, la mayor revolución que como especie enfrentará nuestra generación: el desarrollo expansivo, voraz e imparable de la Inteligencia Artificial. En ocasiones se utiliza el adjetivo “removedor” sin ningún tipo de fundamento, pero en este caso cae perfecto: uno sale de MANIAC dado vuelta. ¿Y qué más queremos de un libro como este?

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Tierra mínima, de Fernando Butazzoni

El 2024 fue un año intenso para la búsqueda de los restos de desaparecidos de la última dictadura. En mayo se identificaron los restos de Amelia Sanjurjo —hallados en 2023—, y en setiembre los de Luis Arigón Castel, hallados en julio. Pocos días antes del primer hito, Butazzoni volvió a librerías con un título fuerte: la crónica exhaustiva y pormenorizada del descubrimiento, en 2019, de los restos de Eduardo Bleier en el Batallón n° 13, por parte del Grupo de Investigación en Antropología Forense (Giaf). El uruguayo da en el clavo con el pulso narrativo de su último libro y la lectura se hace adictiva.

Allanamientos, de Sebastián Mederos

La búsqueda del padre ha dado grandes libros en los últimos años, y en 2024 ese tópico marcó la novela debut de Mederos, que es psicoanalista, bandoneonista y ahora también escritor. Una infancia bajo los focos difusos de las luces de un bar de mala muerte, los narcomenudeos de un padre vinculado a los bajofondos marplatenses, la sombra del trabajo infantil, del trauma, del dolor. Mederos escribió una historia que no se regodea en la miseria de un pasado difícil, sino que busca las porciones iluminadas de una historia que, en efecto, tiene luz y una voz a la que prestarle atención de ahora en más.

Niñas vírgenes, de Yanina Vidal

Vidal se coló entre los finalistas del Bartolomé Hidalgo y sumó nuevas intenciones a la autoficción uruguaya con una novela de iniciación sobre la raza, el despertar sexual y el contrapunto étnico en un país que se jacta de ser descendiente exclusivamente de los barcos europeos. La narración de la autora es ágil, lúdica, se anima a la irreverencia y trae aire fresco a la narrativa autóctona del yo.

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Para hechizar un cazador, de Luciano Lamberti

Un encandilamiento personal. Llegué a Lamberti con esta novela, condecorada con el Premio Clarín, y con el autor argentino seguiré. En un momento excelso para la literatura de género latinoamericana, el cordobés recoge las huellas de la última dictadura en su país —como Mariana Enriquez en Nuestra parte de noche— y la une a una historia de horror folk satánica, donde un pueblo y una familia están atravesadas por demonios imperecederos.

El humo, la patria o la tumba, de Emiliano Zecca

Después de meterse con la vida de Eugenio Figueredo y el polémico caso de los enfermeros "asesinos" del Maciel y la Española, Zecca decidió que su tercer libro relataría la historia de una pelea desigual: la que el Estado uruguayo mantuvo con la tabacalera Philip Morris en tribunales internacionales, y que se saldó positivamente para el país en 2016. El resultado es un trabajo de investigación atrapante que expone las presiones abusivas de las mega empresas globales, la incidencia del tabaco en la línea histórica-social de nuestras sociedades y, claro, ese juicio ya mítico en el que David, otra vez, le ganó a Goliat.

La existencia está en otra parte, de varios autores

Tal vez soy parte interesada porque firmo uno de los cuentos, pero la publicación de esta antología en conmemoración de los cien años del manifiesto surrealista impulsado por André Breton reunió a un elenco destacable de 25 autores uruguayos que trabajaron en base a los sueños, lo que derivó en un tomo ecléctico en estilos, abordajes e imágenes. Si tuviera que elegir cinco cuentos del libro, me quedo con los de Leonardo de León, Gustavo Espinosa, Mercedes Estramil, Rodolfo Santullo y Gonzalo Baz, pero hay varios más. Fue una jugada valiosa de Virginia Mórtola, que se encargó de armar el puzzle de firmas y textos, además de aportar el prólogo de la edición.

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Bonus track: La ciudad, de Mario Levrero

La primera novela de Mario Levrero se reeditó bajo el cuidado de Criatura por una doble efeméride: los veinte años de la muerte del autor, y los 300 años de Montevideo. Con las ilustraciones de Alfredo Soderguit, es una edición para guardar.

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Una ayudita extra

Nico Tabárez y Mateo Piaggio, ambos periodistas de El Observador, son dos de las personas con las que más converso de libros en la redacción. Por eso les pedí que eligieran dos lecturas de su 2024 para compartir por acá. Son grandes lectores y sus aportes, a mí, siempre me nutren. Ojalá a vos también.

Nicolás Tabárez eligió

Las Huellas, de Jorge Carrión

Publicadas primero como obras separadas, este libro reúne cuatro novelas breves que en realidad conforman un mismo universo narrativo. El primer golpe de efecto viene cuando descubrimos que la primera historia es en realidad la descripción de las escenas de una serie de televisión cuyos protagonistas son personajes de otras ficciones, desde Los Soprano hasta Blade Runner. A partir de ahí, se expanden historias fascinantes y mutantes que hablan sobre el mundo moderno, la tecnología, nuestra obsesión con la ficción seriada, el turismo, la política y el futuro.

Tres de discos

Esta va con trampa, porque son tres libros. Pero son todos parte de una colección que este 2024 llegó a sus 25 volúmenes, y que para los que nos interesa la música uruguaya y sus historias, es un cofre del tesoro: la colección Discos, de la editorial Estuario. Este año aparecieron Magic Time, de Ana Tipa, un muy bien logrado repaso por la vida de los hermanos Fattoruso, Ringo Thielmann y el proyecto Opa; Los Tontos, de Rosana Malaneschii que es tanto un homenaje como un redescubrimiento desde el presente del disco debut de una banda clave de los años 80; y Todos detrás de Momo, de Gustavo Espinosa, una lectura estudiosa y cautivante sobre una obra fundamental de Los Olimareños, firmada por un conocedor de su obra y habitante del mismo pago.

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Mateo Piaggio eligió

Las chicas doradas, de Manuel Soriano

Eleva la vara de los policiales uruguayos, aunque haya sido escrito por un argentino (que vive desde hace años acá). La prosa, en sus diferentes registros, siempre está bien escrita. Los personajes (por lo menos 5 principales) aprovechan lo que les toca de las 300 páginas de la novela para materializarse en figuras tridimensionales que dejan huella en el lector. La extrañeza y naturaleza herida de los personajes, sumado a la niebla conspiranoica de la novela, logran que Las chicas dorados se gane uno de los mejores elogios que puede recibir en el siglo XXI una historia policial: te recuerda a True Detective.

Espinos blancos, fiestas privadas, de Mercedes Estramil

Después de cinco años de silencio literario, tras publicar Mordida en 2019, Estramil volvió en 2024 con la colección de cuentos Espinos blancos, fiestas privadas. Pese a presentar historias separadas, es un libro estilística y temáticamente coherente con elementos que Estramil ha encarado previamente: el impacto de la prensa roja, la infancia en Nuevo París, la desromantización de la paternidad (y maternidad) y la sátira del ecosistema literario nacional. Los mejores cuentos son I Love NY y, el que cierra el libro, Temporada de descanso.

20240912 Mercedes Estramil, escritora.

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