22 de febrero de 2020 5:00 hs

El Loco reunió a su plantel y repartió papelitos y lapiceras. Los jugadores, sus compañeros y sus dirigidos, se miraron. Fue entonces cuando pidió a cada uno de ellos que pusieran sobre el papel el nombre de los tres jugadores que consideraban reunían condiciones para ser capitanes del equipo. Aclaró antes que la votación sería anónima.

De esa forma Washington Sebastián Abreu eligió a los cinco capitanes de Boston River, el equipo que lo contrato para que ejerciera la doble función de jugador-entrenador.

Una tarea que, si bien no es inédita en el fútbol uruguayo, ya que en el año 2000 la ejerció Juan Ramón Carrasco en Rocha, no deja de ser extraña porque sale del común denominador.

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Diego Battiste

Referí se metió en las entrañas de Boston River para conocer la nueva faceta del Loco Abreu. ¿Cómo es? ¿Qué pide y cómo lo tratan sus compañeros? ¿Es jugador o entrenador? ¿Qué pasa si lo tienen que insultar por algún error?

La primera sensación que desnudaron los futbolistas del equipo sastre es que al inicio les resultó extraño, fuera de lo habitual, el trato con su nuevo entrenador.

Las dudas se plantearon para los recién llegados. “Lo primero que se me vino a la cabeza fue llamarle Loco, un tema más de confianza, de verlo en la selección donde todos los llamamos así”, comenzó diciendo el volante Nicolás Freitas a Referi.

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El jugador, con un largo recorrido en el fútbol, reveló: “En los primeros días me resultó algo raro pero luego se fue dando algo más natural, más cotidiano del día a día, y no tiene misterio”.

Aquellos jugadores que el año pasado compartieron el sufrimiento de evitar el descenso con Abreu en el campo de juego, tienen un trato de mayor confianza con el minuano.

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“Le digo Loco, en eso él no tiene problemas, sigue siendo un compañero más adentro de la cancha y cuando está afuera se le trata como tal”, reveló Robert Flores.

La misma postura adoptó el zaguero Guillermo Fratta desde que su compañero Abreu fue nombrado como entrenador del equipo: “Ni hablar que le sigo llamando Loco, tenemos una buena relación, sana, y más allá del buen trato sabemos que es el entrenador”.

Las primeras decisiones

Cuando el Loco fue nombrado como conductor de Boston River se encontró ante una de sus primeras disyuntivas. Apenas había desembarco en el club, sus compañeros lo reconocieron como capitán. Ahora, compartiendo la doble función, entendió que no era lo más adecuado. “Me quité la responsabilidad de ser el capitán porque creo que el capitán es de vestuario y como no estoy en el vestuario se hizo una votación y el grupo eligió los cinco capitanes. Es sensación de grupo”, explicó el Loco a Referí.

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Abreu argumentó sobre la votación: “Es la mejor manera que el grupo se sienta identificado (con un capitán) por experiencia, personalidad, por liderazgo, creo que es la forma en que el capitán que está tiene el respaldo de poder decir vengo con una sensación de que el grupo me colocó en esta situación”.

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¿Pero qué pasaba si a Abreu no le convencía el nombre del jugador más votado por sus compañeros para ejercer la función de capitán? ¿Cómo revertía la situación?

“Es muy difícil que el grupo le erré”, comenzó respondiendo Abreu. El técnico-jugador agregó: “Y menos cuando están conviviendo en el día a día, en los detalles, en cómo reacciona uno, cómo reacciona otro, y más cuando uno tiene en el grupo jugadores de selección, que jugaron en Europa, con muchos años en equipos grandes, de trayectoria, de una imagen intachable. Cuando vimos la lista de capitanes no había margen de error”, sentenció.

El Loco puertas adentro

Miércoles 19 de febrero en el complejo Santa Rita. Las puertas están abiertas de par en par.

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Al rayo del sol, Abreu brinda la charla a sus compañeros y dirigidos explicando detalladamente las tareas a realizar.

De pronto el plantel rompe filas y el Loco pasa de ser técnico a jugador. Se calza un chaleco naranja, realiza la entrada en calor y a los pocos minutos se para con el equipo suplente para iniciar el trabajo táctico.

“La charla técnica la da él, los conceptos son claros, más o menos repetir lo entrenado en la semana, lo que ve donde podemos hacerle daño al rival, y las fortalezas del rival. Al ser un jugador activo como que tiene más la cabeza del jugador y te da los conceptos más claros”, reveló Freitas.

De pronto se escucha la voz del Loco: “Muchachos, tres toques para salir de la zona de presión. ¿Está claro?”, grita el minuano. Y arranca la práctica de fútbol.

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Habla permanentemente. “Muchachos, no la pierdan ahí. Entrenamos como jugamos”. Sobre el cierre el Loco anota un gol. Le reconoce a su compañero que le cedió el pase y valora la presión que ejerció para recuperar la pelota.

¿Es raro lo qué sucede? “No, raro no, es algo que no es común. Tiene que estar jugando a la hora que está dentro de la cancha y también mirando alguna situación táctica que él considere que está mal, pero en esos momentos los colaboradores lo tienen que ayudar y darle una mano”, comenta Flores.

¿Y si erra un gol?

En la cancha se nota que el trato es normal. Abreu es considerado como un jugador más. En el táctico se las tiene que ver con su amigo Carlos Valdez, vaya paradoja del destino.

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De pronto Flores le mete una pelota filtrada al Loco que no llega a tocar. ¿Qué pasaba si la agarraba y erraba el gol? ¿O si Abreu no cumplía con algún rol defensivo? ¿Sus compañeros serían capaces de llamarle la atención para que reaccione como pasa habitualmente en el fútbol o no lo hacen porque es el técnico?

“Si en la cancha lo tengo que insultar se lo insulta como debe ser”, dijo entre risas Fratta. Y acota para que quede claro: “Ahí es un jugador. Obviamente con respeto, como con todos los compañeros, pero sí, si hay que relajarlo se lo relaja”, admitió.

Por su parte, Freitas apuntó: “Hay que medir las puteadas. Acá, adentro (de la cancha), no pasa nada, pero ya cuando está afuera hay que aguantarse”, reconoció mientras sonreía.

Con el “traje” de DT

Finalizado el primer chico del movimiento táctico en Santa Rita, Abreu se sacó el chaleco. Los jugadores buscaron sombra para hidratarse, el Loco fue para el lado opuesto en procura de hablar con sus colaboradores. Uno de ellos le alcanzó una botella de agua. Se produjo una charla entre todo el cuerpo técnico donde Abreu señalaba cosas en una planilla. A la distancia el plantel se reponía del esfuerzo.

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Para el segundo chico el Loco se sacó el chaleco y se vistió de entrenador con un chaleco rosado. Primero mantuvo una charla con los suplentes y luego con los titulares transmitiendo conceptos claros sobre lo que pretendía. Se paró al borde de la cancha. Observó tranquilo.

El intercambio con sus dirigidos fue permanente. Como quedó reflejado en un tiro de esquina. Un volante se arrimó y le preguntó: “¿Seba, quedamos mano a mano?”. La respuesta del entrenador fue con un mensaje: “Ellos lo que explotan bien es la contra”.

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“Le gusta estar en los detalles mínimos para no dejar nada librado al azar, es un técnico que también habla mucho con los jugadores, le gusta interactuar con el jugador para ver qué piensa y eso está bueno porque a veces el jugador tiene una mirada dentro de la cancha que por ahí él ve otra cosa y creo que lo estamos manejando bien. Él no ha dejado de ser jugador y piensa igual que uno”, comentó Flores.

Los jugadores revelaron que el Loco es tranquilo como entrenador y que tiene las cosas claras. Trabaja con videos, pero lo justo y necesario, explica.

“En la semana nos muestra algún video corto del rival y antes del calentamiento nos da otro toquecito porque la concentración es fundamental”, comentó Freitas.

El Loco técnico-jugador también tiene sus particularidades. No se cambia en el vestuario de los futbolistas, ahí donde solía llevar música en su etapa de jugador. Entra de vez en cuando a pedir algún mate. Como jugador sigue con sus cábalas. “Tiene sus remeras, su lugar y su asiento para cambiarse, hay cosas que mantiene”, reveló Freitas.

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Abreu permaneció a un costado del campo de juego mientras se desarrollaba el movimiento. En eso un jugador le tiró una pelota que estaba desinflada y la durmió bajo su pie.

La práctica transcurrió hasta que en determinado momento el Loco interrumpió. Se metió adentro de la cancha y gritó: “¡Pará, pará!”. Camina unos pasos y se dirige a unos de sus jugadores al que le dice: “No te puedo repetir lo mismo todas las semanas. Es la misma jugada”, le dice demostrando que ya tiene el chip de entrenador incorporado en su cuerpo.

El uso de la tecnología
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En determinado momento del movimiento de Boston River llamó la atención que apareció un colaborador transportando un carrito similar al que se utiliza para descartar los cajones de bebidas en los supermercados. Se trata de un equipo de cámara para grabar el entrenamiento. Lo compró Abreu en Buenos Aires y con el mismo se graban no solo los movimientos tácticos sino también la progresión de los jugadores que se quedan luego de los entrenamientos a realizar tareas específicas.

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