El silencio en Los Aromos es tremendo y la tensión se puede cortar con un cuchillo. Es que Abel Hernández, el pase estrella de Peñarol en este período de pases, solo llegó a jugar 7 minutos en su nuevo debut con la camiseta, ante River Plate por la Serie Río de la Plata.
Se lesionó tras un choque con el arquero rival y en los carboneros, a primera vista, la sanidad sostuvo que se trata de un esguice de rodilla izquierda. No obstante, se le realizarán exámenes para ver el grado de la lesión.
El Día D para Abel
Este lunes no es un día más en el calendario de Peñarol; es, para muchos, el "Día D". La sanidad del club, el cuerpo técnico liderado por Diego Aguirre y, por sobre todo, el propio Abel Hernández, aguardan con el corazón en un puño los resultados de la resonancia magnética que se le realizará en su rodilla izquierda.
Lo que surja de ese estudio clínico no solo determinará el futuro inmediato del delantero en la temporada, sino que podría marcar un antes y un después en la planificación deportiva del equipo.
Todo ocurrió en un instante de esos que el hincha prefiere borrar de la memoria. Abel, el jugador que marca la diferencia por jerarquía y capacidad goleadora -considerado por muchos como el mejor delantero del medio y ganador como Mejor Jugador de 2025 en la encuesta Fútbolx100 de Referí-, sintió un crujido tras una maniobra desafortunada. El gesto de dolor en su rostro y la forma en que abandonó el campo de juego sembraron una preocupación que se ha ido agigantando con el paso de las horas.
Los tres escenarios posibles
El cuerpo médico de Peñarol maneja tres diagnósticos potenciales, y la diferencia entre ellos es abismal:
1) El alivio (esguince de rodilla): sería la mejor noticia dentro del infortunio. Un esguince grado 1 o 2 implicaría algunas semanas de baja, permitiendo que "La Joya" regrese para el tramo decisivo del torneo. Según confiaron fuente de Peñarol a Referí, de ser así, volvería aproximadamente en un mes.
2) La incertidumbre (lesión de importancia menor): alguna afectación meniscal o un problema tendinoso que requiera una limpieza quirúrgica leve, lo que lo marginaría por entre uno y dos meses.
3) El golpe fatal (rotura de ligamentos cruzados): el peor escenario posible. Esta lesión conlleva una recuperación de al menos seis a ocho meses, lo que significaría el fin de la temporada para Abel y un vacío casi imposible de llenar en la ofensiva carbonera.
Para el entrenador, perder a Abel Hernández es perder el eje del ataque. Su presencia no solo garantiza goles, sino que arrastra marcas y genera espacios para que figuras como Leonardo Fernández pueda explotar su velocidad. Si se confirma lo peor, la directiva deberá moverse con una agilidad pocas veces vista en el mercado para intentar mitigar la ausencia de su máxima figura.
Abel Hernández ya se perderá la final de la Supercopa Uruguaya en el clásico ante Nacional del próximo 1° de febrero.
El hincha de Peñarol hoy no mira el calendario; hoy mira el reloj, esperando ese comunicado oficial que saldrá tras la resonancia. La fe está puesta en que sea solo un susto, porque todos saben que, con un Abel pleno, el camino a la gloria es mucho más corto.