Los futbolistas llegan desde distintas partes del país con la ilusión de triunfar en el fútbol y traen consigo hábitos alimenticios que incluyen vicios, intolerancias y preferencias. Uno de los mayores desafíos para el nutricionista es incluir frutas y verduras, que prácticamente no consumen.
Pero en el fútbol en la actualidad ya no hablan de una dieta del futbolista en general sino la dieta de un futbolista en particular. Cada jugador necesita un enfoque único en su plan de alimentación según sus características.
“Una cosa es lo que tiene que comer un arquero que 1,90 metros y que está más bien quieto en el partido, y otra cosa es lo que tiene que comer un delantero de 1,75 metros que recorre muchos kilómetros”, ejemplificó Patricia Jansons, nutricionista de la Asociación Española, Club Biguá y Clínica Mets, y docente del Instituto Universitario Asociación Cristiana de Jóvenes.
La dieta debe acompañar el objetivo del jugador de ese momento. Por ejemplo, si un jugador está lesionado, su “mayor interés” es recuperarse de esa lesión y la alimentación debe estar enfocada en esto.
Esto no significa que no haya una alimentación común para todos los futbolistas. Cereales, arroz, pasta, pollo, polenta, pasta, pescado, frutas, verduras son algunos de los alimentos que menciona la profesional y que siempre están en los platos. Lo que cambia, entonces, son las proporciones de cada uno de los elementos según lo que necesite el jugador. “Es la misma comida en las proporciones adecuadas”, explica Jansons.
La alimentación previa a una competencia, en tanto, se basa en los hidratos de carbono complementados con proteínas con poca grasa. Comer pasta unas horas antes de los partidos es el hábito más difundido –pero no el único– para preparar una “reserva de combustible” para el esfuerzo que está por venir.
Pedro Tristant Rafael Cornes, nutricionista de las formativas de Nacional en la puerta de la residencia del club En la residencia de Nacional se alimentan unos 70 juveniles del club y Cornes prepara 14 menúes por semana que debe coordinar tratando de considerar los gustos de los jugadores y que incorporen todos los grupos de alimentos.
Cada jugador recibe unas hojas con la dieta a seguir, pero el nutricionista es consciente que este material no tiene demasiado resultado: enseguida lo pierden. Por esa razón, el trabajo se eleva a otro nivel: “El día a día es fundamental. El trabajo de Séptima a Primera es un trabajo de hormiga, de todos los días, de todos los años”.
Por esto es importante el trabajo en conjunto entre el cuerpo técnico y el resto de los profesionales. Los entrenadores son los primeros que detectan si hay un jugador que necesita aumentar la masa muscular o perder masa grasa.
Y si bien los juveniles de Nacional tienen un menú general, las evaluaciones individuales permiten detectar aquellos jugadores en los que se tiene que hacer un hincapié especial para cambiar la masa grasa por masa muscular. En estos casos, el preparador físico debe hacer un entrenamiento más específico y el nutricionista una adaptación en la dieta.
No solo los entrenadores hablan de fútbol. Cualquier persona al lado de un tejido se anima a decir “aquel jugador está gordo”. Incluso están los que son más precisos e informan que un jugador tiene tres kilos de más. “‘¡Opa!, ni siquiera lo evalué”, se sorprende Cornes cuando le llegan esos comentarios. “De alimentación todo el mundo habla. Tenés que tener mucha cintura y mucho cuidado con lo que le decís a los gurises. Hay quienes se lo toman muy a pecho”, dice más serio.
Los que también hablan son los dirigentes. El profesional cuenta que cuando un directivo nota que un jugador está excedido de peso enseguida pregunta: “¿Por qué está gordo si hay un nutricionista en el club?”. “Eso baja y me dicen que preste atención a tal futbolista y yo digo que lo estoy controlando. Si no estás atento, perdés”.
Creencias (“disparates”) populares
“Quiero aumentar los músculos, ¿qué puedo tomar?”. La pregunta es recurrente para el nutricionista de Nacional por parte de jugadores que quieren tomar una proteína o un complemento para estar en un mejor estado físico. Pero muchas veces esos pedidos son solo porque quieren tomar algo, pero no tienen idea qué.
“Hay que orientarlos con que no es tomar por tomar, no todos necesitan lo mismo. Hay que explicarles los productos que existen, para qué sirve cada uno, cuándo es bueno tomarlo y recomendarles alguna marca confiable”, alerta Cornes.
Incluso cuenta que se encontró con que unos jugadores tomaban un sobrecito para fortalecer los músculos, pero en realidad era un jugo en polvo que sirve como bebida de rehidratación.
También hay otras creencias que se toman por ciertas y que, si bien “tienen algo” de verdad, no son tan lineales. Por ejemplo: se cree que los refrescos cola producen calambres o que la banana es buena para evitarlos. “La ciencia es otra y hay un tema neuronal que incide”, explica el profesional.
“Son disparates”, dice la nutricionista Jansons sobre esta creencia y agrega que tiene el origen en que los refrescos cola tiene “muy poco” potasio. “Hay mucha cuestión del anecdotario porque en verdad la nutrición deportiva se empezó a desarrollar en los años 1960, en los 1980 tuvo un gran auge y en 1990 empezó a disparar”, explica.
Autopermitidos
Aunque el jugar sepa que si se alimenta bien en cancha jugará mejor, las tentaciones siempre están. Por esa razón, cuando les da hambre se compran un alfajor, unas papas chips, un refresco; todos alimentos que están prohibidos para una dieta saludable.
El nutricionista sabe que esto sucede por más que insista en que no se debe comer nada chatarra. Lo recomendable para comer como colación son frutas o barras de cereales.
“Hay hábitos que tienen y que van a seguir teniendo, pero mientras ellos estén bien, mientras se mantengan…”. Cornes sabe que los jugadores tienen sus libres, “y más de los recomendados”.
Jansons, en cambio, es más flexible: “Sugiero que cuando tengan ganas de comer algo, lo coman”. “No pasa nada por comer una torta de chocolate en la merienda”, pone como ejemplo.
La nutricionista comenta una estadística que se suele mencionar en la dieta de los deportistas: 80% hacer las cosas bien y 20% permitirse algo que “no está tan bien”. “Pero no es una regla de que cada ocho días dos te matás”, aclaró.
La profesional advirtió que para estos permitidos hay que considerar el momento en el que se da. No es recomendable comer algo que no es saludable en la previa de un partido ni luego de la competencia. El tercer tiempo es el momento de la recuperación pospartido.
Pexels La profesional cree que lo mejor es buscar el momento para consumir ese producto “no tan bueno”. Y pone un ejemplo: “Desalentamos el consumo del alcohol, pero si alguno tiene el hábito vemos en qué momento es menos perjudicial”.
Para evitar ese apetito que te hace arrasar con todo, desde hace unos años Nacional implementó los desayunos y las meriendas en Los Céspedes.
Las categorías más grandes desayunan antes del entrenamiento, así el club se asegura que todos los jugadores tienen el “requerimiento calórico cubierto”. Las cateogrías más chicas meriendan después de entrenar: “Si no están muchísimas horas sin comer nada. Y llegás a tu casa muerto, con un apetito terrible. Entonces te comés todo de entrada y no cenás”.
El pedido de Recoba
El nutricionista tricolor cuenta que las primeras evaluaciones se las realizó a aquellos entonces juveniles cuando todavía no conocía a nadie del club y tenía “unos nervios terribles”. “Me acuerdo que un día de lluvia hice las evaluaciones y yo temblaba. Lo que ahora me lleva cinco minutos, me llevó 20”.
Cornes trabajó en la Primera división de Nacional con los entrenadores Gustavo Díaz, Álvaro Gutiérrez, Eduardo Acevedo y Marcelo Gallardo, a quien primero atendió como jugador y después ayudó como entrenador porque le pidió “un mano”.
En esa época el profesional se alternaba entre el trabajo con el plantel de primera y en formativas. “Le hacía una evaluación nutricional completa al chico que tenía 13 años y a (Álvaro) Chino Recoba”, comentó.
“De alimentación todo el mundo habla. Tenés que tener mucha cintura y mucho cuidado con lo que le decís a los gurises. Hay quienes se lo toman muy a pecho”, dijo Rafael Cornes, nutricionista de las formativas de Nacional.
Cornes se ríe cuando piensa en algunos jugadores que le “daban trabajo” –“un trabajo lindo”– como Lodeiro y Fornaroli, pero también tiene presente a Santiago Morro García. “Me dio trabajo, pero logramos una amistad. Lo atendía hasta en la casa, conocí a la familia, me hice amigo”, comenta.
También estaban aquellos jugadores que tenían un buen físico y que se cuidaban como los hermanos Romero –Santiago y Andrés, quien jugó hasta Tercera– y Sebastián Coates. “Además de tener un físico privilegiado se cuidaban, no les tenías que decir nada, ya sabían lo que tenían que hacer y lo que no”, destaca.
“Los jóvenes están cada vez más proclives a creernos”, reflexiona Jansons que se licenció en 1989 cuando no se hablaba sobre nutrición deportiva. Esta ciencia que tiene unos 50 años, pero en la década de 1980 tuvo un “gran auge” y en los noventa se disparó."Tienen presente que es algo importante del entrenamiento invisible: no te hace hacer más goles, pero te hace correr más", dice.
En Nacional, Cornes trabajó con jugadores que eran rebeldes y con otros que le hacían más caso. Y también con algunos de más experiencia como Recoba que, tomándole el pelo, le preguntaba si en su dieta no había espacio para el caviar.