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31 de agosto 2024 - 5:00hs

Salvó más de 30 materias, pero aún le faltan cuatro para recibirse de arquitecto. Es un sueño que tenía su mamá Iris, quien murió muy joven, a los 42 años. Durante tres semanas fue un exjugador, luego de haber quedado libre en su segundo club. En ese tiempo, pensó que definitivamente el fútbol no era para él. Sin embargo, recibió un llamado para ir a otra institución y así cambió su vida.

¿De dónde surgió el apodo Topo que caracterizó toda la vida de Fernando Rosa?

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Fernando Rosa de niño con corbata, sus padres y su hermana

Fernando Rosa de niño con corbata, sus padres y su hermana

“Me crié en el barrio Flor de Maroñas, pasando la Curva. Gracias a un enorme sacrificio de mis viejos, pude hacer todo el colegio y liceo en Los Maristas. En mi familia, no era fácil ir a un instituto privado. Caminaba 10 cuadras hasta Camino Maldonado para tomarme el ómnibus. Había mucho campo, mucha cancha de baby fútbol y ahí arrancó todo”, cuenta Fernando “Topo” Rosa a Referí.

Y agrega: “Topo me pusieron en la escuela. En plena dictadura, no te permitían tener el pelo largo y yo lo tenía. Un día no me dejaron entrar al colegio por el pelo. Me tuve que volver y mi madre se puso como loca, y me hicieron tremendo corte. Se me veían las orejas prominentes que tengo, y me pusieron Topo por el Topo Gigio”.

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Fernando Rosa y su esposa Laura, hermana de José

Fernando Rosa y su esposa Laura, hermana de José "Pepe" Herrera

Empezó a jugar al baby fútbol gracias a que su tío era el técnico del club Belgrano. Tenía seis años. Luego pasó a Nuevo Amanecer, porque llegó un momento en el que vivía mucho con su abuela, ya que sus padres trabajaban todo el día, y la cancha le quedaba más cerca. “Toda mi vida de niño jugué de ‘8’, ‘9’ y hasta de ‘10’, hasta que en 1981 me fui a probar a Peñarol en Sexta, en Las Acacias. Gustavo De Simone era el técnico, me dio el visto bueno para que me quedara y me colocó de volante por derecha. Pero era muy chico de contextura física, y me pasaron para el lateral derecho”, explica.

Después tuvo como entrenadores a Pedro Cubilla y Luis Prais. Recuerda que en el plantel “estaban el Gallego (Óscar) Ferro y Tito (Jorge) Goncalves, que recién empezaba. Quedé libre al año y me fui a probar a Danubio. Los técnicos eran Segundo González y Alberto Cardaccio, y ya me probé de lateral de Cuarta división. Salimos campeones en Tercera división, con el que luego sería el plantel campeón uruguayo en 1988”.

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El ídolo de Fernando Rosa, Fernando Morena, en un partido a beneficio con Peñarol, ya ambos retirados

El ídolo de Fernando Rosa, Fernando Morena, en un partido a beneficio con Peñarol, ya ambos retirados

Nelson, su papá, trabajaba en la estiba en el puerto, un trabajo duro. “Pero también hacía las veces de albañil”, –cuenta–. Y sigue: “Laburaba todo el día. Uno en estos momentos se da cuenta del sacrificio que hacía. Se levantaba a las 4 de la mañana y llegaba a las 10 de la noche. Mi mamá trabajaba en una textil”.

Su ídolo era “el gran Fernando Morena. Soy hincha de Peñarol a muerte. Por suerte pude vivir la época de Morena goleador en mi niñez y mi adolescencia. Sigue siendo mi ídolo. Iba siempre a la Colombes con los amigos del barrio y pude jugar un amistoso con él de veteranos y verlo en Los Aromos cuando yo jugaba”.

Debutó en Primera división con Danubio en una goleada por 3-0 ante Defensor en 1987 con Luis Cubilla como técnico. “Ese día debutamos todos y goleamos a Defensor, y en el diario Últimas Noticias nos pusieron ‘Los pibes de Walt Disney’, apodo que siguió todo 1988 cuando Danubio fue campeón”.

20240830 Danubio 1987, un año antes de ser campeón uruguayo y con Luis Cubilla como técnico: arriba, Nelson Cabrera, Jorge Seré, Fernando Rosa, Fernando Kanapkis, Daniel Sánchez y Ruben Pereira; abajo, Edgar Borges, Juan Goñez, Hugo Baldenegro, Ruben Da S
Danubio 1987, un año antes de ser campeón uruguayo y con Luis Cubilla como técnico: arriba, Nelson Cabrera, Jorge Seré, Fernando Rosa, Fernando Kanapkis, Daniel Sánchez y Ruben Pereira; abajo, Edgar Borges, Juan Goñez, Hugo Baldenegro, Ruben Da Silva y Gustavo Dalto

Danubio 1987, un año antes de ser campeón uruguayo y con Luis Cubilla como técnico: arriba, Nelson Cabrera, Jorge Seré, Fernando Rosa, Fernando Kanapkis, Daniel Sánchez y Ruben Pereira; abajo, Edgar Borges, Juan Goñez, Hugo Baldenegro, Ruben Da Silva y Gustavo Dalto

Los dirigía Luis Cubilla, de quien tiene un grato recuerdo. “Un ganador nato en todo, de esos técnicos que conocen el fútbol como pocos. Más allá de que tiene muchos detractores, quizás por su forma de ser, estoy agradecido eternamente a él, porque fue quien me hizo debutar en Primera y quien me llevó a la selección uruguaya”.

Y recuerda una anécdota con su papá. “Mi padre era hincha de Danubio y me iba a ver. Una vez jugamos con Peñarol en Jardines y él, como hincha, fue a la hinchada de Danubio. Tenía pocas pulgas y cuando me empezaron a tirar cosas, se agarró a las piñas. Me enteré cuando llegué a casa y tenía un corte. A partir de ahí, le dije que si me iba a ver, cambiara de tribuna”.

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Racing de 1989 que fue campeón de la ex Divisional B, con un verdadero equipazo; arriba, Miguel González, Domingo Cáceres, Mario Delgado, Héctor Tuja, Rafael Villazán y Fernando Rosa; abajo, Venancio Ramos, Sergio González, Luis Fernández, Luis Cardozo y Alberto Bica

Racing de 1989 que fue campeón de la ex Divisional B, con un verdadero equipazo; arriba, Miguel González, Domingo Cáceres, Mario Delgado, Héctor Tuja, Rafael Villazán y Fernando Rosa; abajo, Venancio Ramos, Sergio González, Luis Fernández, Luis Cardozo y Alberto Bica

Fernando tuvo una lesión de tobillo importante que lo dejó tres meses fuera de las canchas. “Empezó a jugar el Gallina (Luis) Da Luz que la rompió, tremendo lateral. Ahí decidí no vendarme nunca más en mi carrera. Con 21 años volví a quedar libre y ya estudiaba en la Facultad de Arquitectura. Fui un exjugador por tres semanas y quería dedicarme a estudiar”.

Pero cuando estaba a punto de dejar el fútbol, lo llamó Miguel Piazza “a quien no conocía, que se había enterado que estaba libre, para ver si quería ir a Cerrito, que iba a dirigir ahí. Arreglé de palabra, pero al otro día me comentó: ‘Tengo chances de ir a Racing’. ‘Yo voy a donde vayas vos, ¡si me llevás vos!’, le contesté. Pasé a Racing en 1988, jugamos la final de la B con Rentistas en el Estadio Centenario. Empatando éramos campeones y subíamos, pero nos hicieron un gol de cabeza casi en la hora y ascendieron ellos”.

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Fernando Rosa con pelota dominada jugando en Racing ante Villa Española, en la ex Divisional B

Fernando Rosa con pelota dominada jugando en Racing ante Villa Española, en la ex Divisional B

Entonces explica: “Yo anduve bien y Racing me compró. Llegó Juan Martín Mugica como técnico con el profe (Hermes) Huelmo. Estábamos en la B, pero se formó un equipo de Primera división. ¡Lo que era la B! Pudimos subir recién en la última fecha pese al notable equipo que teníamos. Le ganamos 2-0 a Cerrito –en el que jugaba Víctor Púa– en el Franzini. De ahí me llevaron a Peñarol. El presidente (Miguel) Bianco fue a mi casa, y me dijo que me querían de Peñarol. No sabés lo que fue mi casa esa noche. Mi novia de entonces (hoy mi esposa) es Laura Herrera, la hermana del Pepe, y ese año, Peñarol lo vendió. Se ve que fue ella la que llamó, se fue el hermano y puso al novio (se ríe)”.

Sus vivencias en Peñarol

El Topo Rosa llegó a Peñarol, el club del que era hincha y enseguida se hizo querer por los hinchas. Tenía el copyright para jugar en “su” club.

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Peñarol 1989: arriba, Fernando Álvez, Sergio Santín, Jorge Goncalves, Carlos Sánchez, Fernando Rosa y Alfonso Domínguez; abajo, Gabriel Correa, Gabriel Cedrés, Mario Saralegui, Diego Aguirre y Juan Ramón Carrasco

Peñarol 1989: arriba, Fernando Álvez, Sergio Santín, Jorge Goncalves, Carlos Sánchez, Fernando Rosa y Alfonso Domínguez; abajo, Gabriel Correa, Gabriel Cedrés, Mario Saralegui, Diego Aguirre y Juan Ramón Carrasco

Así comienza el resumen de su pasaje por los mirasoles. “Estuve cuatro años que para mí fueron maravillosos, porque jugué en el club del que era hincha. Ponerte la camiseta, jugar los clásicos. Tuve 12 cambios de técnico en ese lapso –algunos de ellos, volvieron–, no fue para nada agradable. Más allá de que no pude ser campeón, lo disfruté”, cuenta.

Su primer entrenador allí fue Walter “Cata” Roque. “Era un fenómeno. Un técnico de la escuela antigua, que era gente que sabía de fútbol”.

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Fernando Rosa con Peñarol ante Rentistas

Fernando Rosa con Peñarol ante Rentistas

Entonces hace un razonamiento de la “suerte” que tuvo en su carrera. “Tuve técnicos campeones de todo. (Roque) Máspoli, Cubilla y (Roberto) Fleitas, campeones de América y del mundo, (Ljubo) Petrovic campeón de la Champions y pasó enseguida a dirigir a Peñarol, (César) Menotti, campeón del mundo. Gente que me aportó muchísimo con el manejo del plantel, la parte táctica. Tuve a Tato (Ricardo) Ortiz, quien tenía cosas del profe (José Ricardo) De León, que también me dirigió”.

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Carlos Sánchez, Fernando Rosa y Diego Dorta, celebrando un gol en Peñarol

Carlos Sánchez, Fernando Rosa y Diego Dorta, celebrando un gol en Peñarol

Y explica: “El otro día vi un trabajo de línea de cuatro que es el famoso achique-pare y agrande, en función del movimiento de la pelota. Eso lo vi el otro día en Manchester City y lo hacíamos con Tato Ortiz que lo había hecho ya con el profe De León. Sé que el fútbol evolucionó, pero hay mucha cosa que es fundamental en el fútbol y que nunca va a pasar de moda. Hoy hay mucho trabajo ofensivo y poco defensivo y uno ve horrores defensivos que no tendrían que pasar. El fútbol uruguayo está perdiendo la identidad defensiva y no podemos perderla, porque si la perdemos, no somos nada. Como le pasó a Brasil, que está como bola sin manija. Perdieron la identidad. Te lo dicen ellos mismos”.

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Peñarol 1991: arriba, Jorge Goncalves, Fernando Álvez, Diego Dorta, Fernando Rosa, Alfonso Domínguez y Paolo Montero; abajo, Sergio Martínez, Carlos Sánchez, Paulinho, Gabriel Cedrés y William Castro

Peñarol 1991: arriba, Jorge Goncalves, Fernando Álvez, Diego Dorta, Fernando Rosa, Alfonso Domínguez y Paolo Montero; abajo, Sergio Martínez, Carlos Sánchez, Paulinho, Gabriel Cedrés y William Castro

Fernando vivió una anécdota que recuerda con el yugoslavo Petrovic. “Entrenamos por la tarde en Los Aromos. Estaba medio molesto por aquello que había vivido en la cancha de Progreso, cuando nos vio calentando en la vereda. ¡Venía de ser campeón de la Champions y vivió eso! Ahí fue cuando pronunció su famosa palabra ‘¡Catástrofa!’. Vi que se iba, como todos los días, y lo paré. Le dije que había escuchado en la radio que se iba de Peñarol. ‘¿Se va o no?’, le pregunté. ‘Tranquilo que no. Hasta mañana’, me contestó, y al otro día ya estaba en Yugoslavia (se ríe)”.

Recuerda su tiempo en Peñarol con César Luis Menotti como técnico.

“Menotti también era un fenómeno. Ese Peñarol, jugando al fútbol era muy bueno. El achique no sé si no supimos aprenderlo o él no supo explicarlo. Pero la tenencia de pelota que tenía ese equipo de Peñarol, era impresionante. Y en la parte ofensiva, había cosas que él promulgaba que estoy totalmente de acuerdo”, subraya.

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Fernando Rosa con Peñarol en un clásico ante Nacional

Fernando Rosa con Peñarol en un clásico ante Nacional

Cuando el argentino llegó, Rosa era suplente. “Tras la salida de Fleitas, llegó (Juan José) Duarte, me sacó de los titulares y Menotti agarró el equipo como estaba, conmigo afuera. Ahí se hacían las giras por Europa que todos esperábamos para ganar algún peso extra y para poder mostrarnos. Él hizo la lista para viajar a la gira y me dejó afuera. Pasé en pocos días de ser titular, a quedarme afuera e ir a entrenar a Las Acacias y a jugar con la Tercera división. Tuve una charla con él cuando volvió y estuve de acuerdo en lo que me dijo. En Tercera, el técnico era Ángel Cappa y yo hacía de todo para poder volver a Primera. Por la Supercopa de 1990, Peñarol perdió acá con Boca (1-0) y Menotti me llevó a Buenos Aires para debutar con él en la revancha en La Bombonera. Ganamos 2-0 con goles de César Silvera y el Bomba Villar. De ahí, con él no salí nunca más del equipo. Tengo un orgullo bárbaro porque le demostré que podía jugar y él, que cumplía su palabra. Me puso de zaguero central, de lateral izquierdo y hasta de volante. Pase de Tercera a no salir más”.

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Jorge

Jorge "Bomba" Villar, Fernando Rosa, William Castro, Carlos Sánchez, el preparador físico Antonio Tchakidjian y Diego Dorta en un vestuario de cancha chica en el que jugó Peñarol en 1991

Al tiempo, Ricardo “Tato” Ortiz se hizo cargo del equipo y volvió a ser suplente. Pero con las prácticas, “un día vio que tenía un buen despliegue, y me preguntó si quería jugar de volante. Jugué en ese puesto un amistoso con Defensor en el Franzini, con Diego Dorta, otro crack, y anduve notable. Ese campeonato lo jugué todo de volante. Corría como loco, porque te hacía correr”.

La generala en el clásico de 1990, la cadenita de Dely Valdés y la de Vidal González

20240830 El clásico del gran lío del 19 de abril de 1990: en la foto aparecen Wilson Núñez de Nacional, Álvaro Izquierdo de Peñarol, Enrique Peña, Carlos Sánchez y Fernando Rosa
El clásico del gran lío del 19 de abril de 1990: en la foto aparecen Wilson Núñez de Nacional, Álvaro Izquierdo de Peñarol, Enrique Peña, Carlos Sánchez y Fernando Rosa

El clásico del gran lío del 19 de abril de 1990: en la foto aparecen Wilson Núñez de Nacional, Álvaro Izquierdo de Peñarol, Enrique Peña, Carlos Sánchez y Fernando Rosa

El 19 de abril de 1990 era feriado con clásico por el Torneo Competencia. Peñarol y Nacional ya estaban clasificados a la siguiente fase, pero igual era un clásico. Cuando faltaban 10 minutos para el final e iban 0-0 en un partido horrible, hubo un tumulto en el que reaccionó Enrique Peña de los tricolores y enseguida empezó una riña generalizada que terminó con 31 jugadores detenidos.

Así lo recuerda Fernando, quien participó de aquel clásico: “Durante la semana previa, había habido mucha manija. Eran épocas que con los jugadores de Nacional ni nos saludábamos. Ahora es otra cosa. Es como dice el profe (Alejandro) Valenzuela: ‘El fútbol es una guerra jugada, hay que matar para no morir porque el otro te quiere arrebatar todo’. Así es como se vivía. Yo reaccioné porque vi que golpearon a un compañero. Después conocés a los rivales y te das cuenta que son iguales que vos. Fuimos al juzgado y nos procesaron por riña. Tuvimos la fortuna de que entonces no íbamos presos, como sucedió en el otro clásico de 2000 en el que varios fueron presos”.

Embed - Peñarol - Nacional 1990 - Copa Competencia

Otro clásico que fue muy recordado y lo jugó, fue el de la famosa cadenita que Carlos “Tío” Sánchez le quitó a (Julio César) Dely Valdés.

“Lo de la cadenita fue un accidente, porque saltamos y él quedó atrás mío. Cerré los ojos y dije para mí: ‘Cuando caiga, seguro escucho ¡goool!’. Pero no. Me repuse, quedé frente a él, lo agarré de la camiseta y le hice penal, pero no lo cobraron. Y se le cayó la cadenita en mis manos”, explicó en marzo pasado el propio Sánchez a Referí, recordando aquel momento.

El Topo Rosa lo recuerda así: “Eso son cosas del fútbol. Yo le arranqué sin querer la cadenita a (Antonio) Vidal González y se cayó, en el mismo clásico, y no pasó nada. Al final del partido, el Tío Sánchez le dio la cadena a un dirigente de Peñarol. Igual se armó lío. Son cosas raras. Él no la tenía. Todo fue una locura y lo tuvieron en vueltas”.

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Fernando Rosa con Peñarol en un clásico ante Nacional; detrás suyo, aparece Danilo Baltierra, mientras que a la marca va Yubert Lemos

Fernando Rosa con Peñarol en un clásico ante Nacional; detrás suyo, aparece Danilo Baltierra, mientras que a la marca va Yubert Lemos

Y habla de cómo vivía los clásicos. “Dejaba lo que tenía y más. En un momento no fui inteligente porque las cosas no salían. En los clásicos, íbamos seis jugados y no había perdido. Adentro de la cancha perdí el del gol de Dely Valdés en 1992. El del gol de cabeza de Edinson Suárez –que perdió Peñarol– ya me habían echado. No fui inteligente porque me expulsaron muchas veces. Tal vez debí haber sido más cerebral porque me quedó el mote de que me echaban y después, fue difícil sacármelo”.

Recuerda que su duelo principal en los clásicos ante Nacional “era con el misionero Vidal González. Cada uno hacía lo suyo. Nunca se quejó, era guapo y ahí terminaba. Siempre fui fuerte y a la pelota, y me gustaba porque era en el sabor de la lucha. Todos sabíamos que los clásicos eran así”.

En Peñarol jugó con futbolistas de gran renombre, entre muchos, Paolo Montero, Diego Aguirre y Juan Ramón Carrasco.

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Peñarol 1991: arriba, Jorge Goncalves, Fernando Álvez, Carlos Sánchez, Diego Dorta, Alfonso Domínguez y Paolo Montero; abajo, Adrián Paz, Paulinho, Fernando Rosa, Eduardo Da Silva y Leonardo García

Peñarol 1991: arriba, Jorge Goncalves, Fernando Álvez, Carlos Sánchez, Diego Dorta, Alfonso Domínguez y Paolo Montero; abajo, Adrián Paz, Paulinho, Fernando Rosa, Eduardo Da Silva y Leonardo García

“Tuve la suerte de jugar con futbolistas muy importantes. Paolo (Montero), también con Juan Ramón (Carrasco) en Danubio, Bella Vista y Peñarol, y con Diego (Aguirre) en Peñarol y en Liverpool. Juan Ramón intentó hacer lo mejor con la camiseta de Peñarol. Después creo que dijo que no lo tendría que haber hecho, pero defendió la camiseta como cualquiera. Paolo era como es. Estaba en Cuarta división y lo subieron a jugar con nosotros. Tuve un altercado en una práctica. Tuvimos un intercambio y después nos reíamos porque terminamos siendo grandes compañeros. Siempre tuvo esa personalidad. Era un chiquilín y en Primera lo ponían de lateral izquierdo y no le gustaba. Entonces decía que no quería jugar ahí. Para la edad que tenía, era tremendo. Tuvo el apoyo de Menotti que fue quien lo promovió y le hizo un gran bien”.

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Fernando Rosa en Racing, marcando a Ruben Paz, quien defendía a Rampla Juniors

Fernando Rosa en Racing, marcando a Ruben Paz, quien defendía a Rampla Juniors

Jugó posteriormente en Bella Vista en 1993 y un año después, lo hizo en Atlético Mineiro de Brasil con Renato Gaúcho como compañero.

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Fernando Rosa con Bella Vista

Fernando Rosa con Bella Vista

“Llegué por el representante Luis Torena. Me fui con (Fernando) Kanapkis a uno de los grandes de Brasil. Ese año llegaron jugadores de nombre: Renato Gaúcho era el que más resonaba, pero también estaban Luiz Carlos Winck, Eder, quien le pegaba como los dioses, ambos de la selección brasileña”, dice.

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Fernando Rosa en su pasaje por Atlético Mineiro de Brasil

Fernando Rosa en su pasaje por Atlético Mineiro de Brasil

El Topo recuerda que Renato, quien fue el técnico de Luis Suárez y Felipe Carballo en Gremio el año pasado y que continúa en el club, “era un personaje. En aquella época, había invitado a Madonna a tener sexo, y contaba cosas así. Un tipo muy especial. Mineiro me permitió conocer el fútbol brasileño”.

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Fernando Rosa en Atlético Mineiro de Brasil, es el penúltimo de los parados, desde la izquierda; abajo, el segundo desde la izquierda y con una vincha, es Renato Gaúcho, actual técnico de Gremio

Fernando Rosa en Atlético Mineiro de Brasil, es el penúltimo de los parados, desde la izquierda; abajo, el segundo desde la izquierda y con una vincha, es Renato Gaúcho, actual técnico de Gremio

Tras un breve paso por Río Branco de San Pablo, también de Brasil, en 1995 firmó nuevamente para Racing, con el que fue segundo en la B, perdiendo la final con Sud América. Luego fue capitán de Liverpool: “Nos fue muy bien. Jugué otra vez con Diego Aguirre. Jugaban Fabián Césaro, el Pollo Madrid y el Tola (Arsenio) Luzardo, entre otros”.

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Liverpool 1996: Fernando Rosa aparece en el equipo titular

Liverpool 1996: Fernando Rosa aparece en el equipo titular

Terminó su carrera en Rampla. “En 1998 me llevó Voltaire García, otro crack. Lo tuve en Bella Vista y era un adelantado para la época; ya empezaba en aquella época con espacios reducidos que acá no se hacía. Estaban Kanapkis, (Jorge) Seré, Rapha Aguerre, Murmullo (Ricardo) Perdomo, (Gustavo) Matosas. Tremendo equipo. Pero los problemas económicos eran muchos. Nos salvamos de descender ganándole el repechaje a Deportivo Maldonado. Y al año siguiente, se siguió con los problemas económicos y perdimos el repechaje con Racing en el Parque Central en 1999 y descendimos. El presidente era Ramón Barreto”.

20240830 Fernando "Topo" Rosa en Rampla Juniors, marcando a Ruben Sosa de Nacional en 1998
Fernando

Fernando "Topo" Rosa en Rampla Juniors, marcando a Ruben Sosa de Nacional en 1998

La selección uruguaya y su etapa en el fútbol playa

Una noche de 1991 sonó el teléfono de su casa y era Ricardo “Tato” Ortiz, el técnico de Peñarol, que le comunicó que había sido citado a la selección uruguaya.

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Fernando

Fernando "Topo" Rosa la vez que defendió a la selección de Uruguay

Así lo recuerda: “Fue una locura cuando le dije a Laura (su esposa) en el apartamento de Garibaldi y Carlos Anaya en el que vivíamos. Fue una alegría para toda la familia”.

“Había muchos buenos jugadores y era la frutilla de la torta. Fue un tiempo corto que disfruté y me lo llevo conmigo”, agrega.

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Fernando Rosa con la selección de Uruguay ante España, ganándole un duelo a Emilio Butragueño

Fernando Rosa con la selección de Uruguay ante España, ganándole un duelo a Emilio Butragueño

Enfrentó a España en Vigo, y marcó, entre otros, a Emilio Butragueño. “En España tenían una dinámica bárbara, mismo por el piso. Yo volví y en una nota dije que teníamos que mejorar las canchas”.

También tuvo un periplo de 10 años jugando al beach soccer o fútbol playa, incluso cuando aún jugaba en Primera división.

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El grupo de la selección de Uruguay que viajó a Oviedo en 1991 para enfrentar a España; además de Fernando Rosa, aparece todo el plantel; a su lado, sentado desde la izquierda, Henry López Báez

El grupo de la selección de Uruguay que viajó a Oviedo en 1991 para enfrentar a España; además de Fernando Rosa, aparece todo el plantel; a su lado, sentado desde la izquierda, Henry López Báez

“En las vacaciones alternaba con beach soccer. Me llevó Diego Aguirre. Un deporte excelente; eran los inicios de algo grande, porque ahora tiene una organización tremenda y los que lo impulsaron vieron el futuro. Fuimos vicecampeones mundiales en 1997, perdiendo con Brasil, como siempre, era algo imposible. Jugababn Júnior, Bebeto y Romário. Ellos estaban acostumbrados a jugar en arena blanda. Nosotros teníamos a Rodolfo Rodríguez, Tito goncalves, Alberto Bica, Diego Aguirre, Wilmar Cabrera, Darío Pereyra, Ruben Paz. Era tremendo jugar contra Brasil”, recuerda.

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Fernando Rosa enfrentando, con la selección uruguaya de fútbol playa, a Brasil y marcando nada menos que a Júnior

Fernando Rosa enfrentando, con la selección uruguaya de fútbol playa, a Brasil y marcando nada menos que a Júnior

El hecho de tener contactos en este deporte, llevó a que en 2012 fuera nombrado técnico de la selección de Baréin de fútbol playa.

“Tenía contacto con un técnico brasileño, y había dirigido a Baréin. Se acordó de mí y todo me sumaba, desde lo económico a ir a un lugar a hablar en inglés, que no era fácil. Los dirigí en los Juegos Asiáticos de Arena que se hicieron en China, un torneo grande como los Juegos Olímpicos, tal cual. Nos fuimos de pretemporada a Tailandia y 25 días antes de que empezara el torneo, fuimos a China. Imaginate el nivel. Nos fue relativamente bien, porque Baréin no es de los principales en ese deporte. Fue una tremenda experiencia”.

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Fernando Rosa vive y trabaja actualmente en Piura, Perú

Fernando Rosa vive y trabaja actualmente en Piura, Perú

Tiene 58 años y tras recibirse de gerente deportivo, espera poder terminar esas cuatro materias que le quedan para ser arquitecto. “Me falta la frutilla en la torta”, cuenta.

Luego de trabajar como ayudante técnico mucho tiempo con Adolfo “Fito” Barán –quien es un gran amigo– en Rentistas, con el cual ascendieron y clasificaron a la Copa Sudamericana, también lo hizo en Atenas con el que también ascendieron. Fue ayudante de Raúl Möller en Juventud y Progreso y en 2022, de Gustavo Machaín en Colón.

Vive desde el año pasado en Piura, Perú, y es coordinador en el Colegio Montessori. “El colegio le da mucha importancia al deporte. Extrañamente no había fútbol y me plantearon si quería venir y lo hice para ampliar el espectro”.

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Fernando Rosa con sus dos hijos

Fernando Rosa con sus dos hijos

Fernando tiene dos hijos, Gonzalo, de 33 años e Ignacio, de 28. Y también un nieto, Mateo de 12 años: “Es mi luz, mi faro. Intento ser lo más condescendiente posible y apoyarlo en todo lo que pueda. Juega en AUFI en Bella Vista y lo han citado a la selección uruguaya. Hay que ir hablándole de que no todo es color de rosa. Juega de punta”.

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Fernando Rosa con su esposa Laura y su nieto Mateo

Fernando Rosa con su esposa Laura y su nieto Mateo

La vida le sonríe y trabaja en lo que ama. Un anhelo es poder dirigir en Primera división y seguramente llegará. Como le sucedió cuando jugaba con los cortos.

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