Un veterano se escapó del residencial en el que estaba hospedado. No había sido diagnosticado con alzhéimer como tal, pero el deterioro cognitivo a veces lo retrocedía a la niñez. Fue en ómnibus a su casa de la infancia.
Una chica discutió con su madre y se fugó. En el trayecto se quedó sin batería en el celular. No sabían cómo ubicarla y la familia temía lo peor.
Adolescentes salen sin autorización de los hogares del INAU en los que están bajo el amparo del Estado. Los educadores hacen la denuncia y la policía ha tenido que ir a rescatar a algunas de ellas dentro de bocas de droga.
Casos como estos —todos verídicos— se multiplican por centenas y crecieron 9% entre 2023 y 2025. Solo en el último año, según datos del Departamento de Registro y Búsqueda de Personas Ausentes a los que accedió El Observador, hubo 7933 denuncias (o, lo que es lo mismo, una nueva cada 66 minutos).
Eso no significa que haya esa misma cantidad de desaparecidos (al menos por unas horas), porque existen casos en que se han tenido que denunciar varias veces.
La estadística oficial del Departamento de Registro y Personas Ausentes lo deja en claro en cómo baja esa cantidad cuando se mide por personas distintas, únicas.
Una nota de El Observador lo recordaba con lo que sucede con varias salidas no acordadas de hogares del INAU:
Un día, policías de la unidad de Personas Ausentes estaban camuflados dentro de un auto. Buscaban, en realidad, a una mujer desaparecida en el Cerro. Mientras esperaban, vieron que un niño se acercó a un contenedor de basura y, con un cuchillo, intentaba romper las bolsas de basura en busca de algo para comer. El jefe del operativo lo identificó enseguida: era la cara de Pedro, que tenía más de 50 escapadas del INAU en un año. Los policías pidieron asistencia a otro patrullero para que lo llevara de vuelta al hogar donde vivía. El niño, indiferente, les dijo algo que a los policías les quedó resonando: “¿Para qué me llevan si me voy a volver a escapar?”.
La tarjeta STM
Pero no todas son pálidas. Las denuncias crecen acorde se conoce más y se denuncia más (aunque también puede influir las adicciones y el envejecimiento poblacional con necesidad de dependencia). La Policía fue aceitando los protocolos —de hecho tres adolescentes encontradas en bocas de droga de Rivera fue porque el INAU está trabajado más codo a codo con los uniformados— y se han ampliado las herramientas para dar con los paraderos.
Tanto es así que solo en el último año la Unidad de Acceso a la Información de la Intendencia de Montevideo, liderada por el comunicador Roger Rodríguez, gestionó un total de 557 expedientes en que la policía les pidió información sobre movimientos de personas con las tarjetas STM. Sí, esas simples tarjetas en que se pueden ver los viajes en ómnibus.
La unidad del gobierno departamental, que en realidad tiene como principal cometido responder accesos a la información pública a través de la cual El Observador consiguió los datos, colabora como parte del compromiso de que el Estado no le puede negar al propio Estado bajo reserva una información clave en que está en riesgo la vida de personas.
El Departamento de Registro y Búsqueda de Personas Ausentes fue el solicitante en 441 de los expedientes por los que la Intendencia de Montevideo actuó el último año. Los restantes 116 fueron pedido de otras dependencias del Ministerio del Interior.
Es la versión moderna del detective que deja las huellas. Pasa en las redes sociales, en los telepeajes, en las cámaras de identificación facial. En total se pidió información sobre 1305 tarjetas STM distintas, porque puede que se esté buscando a un familiar o que haya usado la STM de otra persona. Pero la policía y la IM reconocen que así, y cruzando con otras herramientas que incluyen cámaras, se han encontrado “decenas” de casos.