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9 de febrero 2026 - 5:00hs

La educación obligatoria uruguaya —la pública y la privada— tiene un talón de Aquiles: el ausentismo crónico. Dos de cada tres escolares faltan a clase casi un mes lectivo. Y buena parte de esas inasistencias son en cuentagotas: padres que elijen alargar las vacaciones, una levantada tarde, quedarse a cuidar a los hermanos, el miedo a caminar unas cuadras a oscuras porque unas bandas se enfrentaron en la noche, la que no quiere ir porque le hacen bullying, un abuelo que lleva al nieto de compras porque, de última, “asistir a clase no es tan importante”.

No son inventos, son historias reales que según estudios de Unicef, del INEED, Ceibal y la propia Administración Nacional de Educación Pública vienen reflejándose en resultados que no conforman a las autoridades, en estrategias que todavía “no mueven la aguja” y en una prioridad que está entre las tres de más relevancia para el gobierno actual de la enseñanza.

En Secundaria y en UTU el problema es todavía más grave: dos tercios de los liceales faltan más del 20% de los días que debía asistir (es un mes y medio lectivo) y en UTU se ausenta esa cantidad de días más de la mitad del alumnado.

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Cuando se estaba discutiendo la llamada “transformación curricular”, en la administración anterior, Héctor Bouzón, quien era el director de Gestión Institucional, le preguntó a uno de los consultores del Banco Interamericano de Desarrollo cuál era, a su entender, el indicador que Uruguay más debía prestar atención para ver que la situación estaba mejorando. No era la repetición, no eran los resultados de las pruebas PISA o Aristas, ni siquiera el tan comentado egreso del bachillerato. La respuesta del experto internacional fue contundente: el ausentismo, en cualquiera de sus formas. “Si los niños y jóvenes no están en clase, todo el resto pierde sentido”.

Por eso se armó un grupo de trabajo que, en su segundo informe al que accedió El Observador, se detallan varias medidas, entre ellas empezar a medir distinto las inasistencias.

¿Qué significa? En los primeros cuatro años del liceo o UTU, el faltar a la clase de una asignatura se computa como inasistencia el día entero. ¿Por qué? El fundamento es que la obligatoriedad vale para todas las materias. El problema es que ese sistema no permite entender del todo a qué faltan y por qué. Incluso en los boletines que se les envían a los padres se ponen la cantidad de inasistencias sin ningún desglose o comentarios más cualitativos.

Una adolescente asiste a todas las materias y se ausenta de Educación Física que era en el contra-turno, vale como falta de todo el día. La escena se repite. Acumula asistencias y el sistema debiera comprender de a qué está faltando y por qué.

Pero vamos a otro problema más extremo y que el grupo de expertos quiere corregir para este 2026: el sistema de alertas. Un joven debe ausentarse seis días consecutivos para que salte la alerta de que se podría estar desvinculando. Pero hay muchos otros que van un día, faltan tres, van un día, faltan cuatro… y así van quedando fuera de la alerta.

Un informe del Ineed ya había establecido un modelo que permite predecir el ausentismo crónico en el liceo. Y uno de sus hallazgos fue “la importancia que cumplen las ausencias tempranas del estudiante en la predicción de riesgo de ausentismo crónico”. Dicho más sencillo: los que suelen tener ausentismo crónico, ya empiezan a faltar algunas veces en los primeros meses del año, por más que las faltas más masivas se dan después de las vacaciones de invierno.

Es por todo esto que una de las sugerencias del grupo de trabajo es revisar el criterio de asistencia, del sistema de alerta e incluso cambiar el régimen de evaluación y pasaje de grado.

Pero la “culpa” no siempre es del estudiante. Más bien hay causas, hay influencias familiares, hay problemas de la comunidad educativa y, según dice el documento, la inasistencia de los docentes puede repercutir en las faltas de los estudiantes.

Hace una década, en una de las presentaciones del Monitor Liceal, Margarita Romero, quien entonces tenía el cargo técnico más alto del organismo, miro al auditorio y dijo: “Cuando decimos que todos tienen que ir a clases todos los días, nos referimos a todos… no solo a los alumnos”. El auditorio, lleno de profesores e inspectores se quedó mudo.

Los investigadores de ANEP quieren tener afinado para este 2026 una mejor sistematización del ausentismo docente y poder estudiar el vínculo con las faltas de alumnos.

Y toda esa información se quiere que esté visible para las familias: “para generar la concientización”.

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